Para que los propios líderes de reconocidas empresas; las cuales han abrazado el proceso de desarrollo tecnológico, pidan en una carta a los laboratorios de esa índole, una pausa de seis meses a los avances de la Inteligencia Artificial (IA), nos obliga a la reflexión.  El documento fue dado a conocer por el Future of Life Institute, y fue firmada por cerca de un millar de adeptos. Sobre esto podría especularse al menos un par o más razones: Que el documento esté motivado por empresas rezagadas que evitan desaparecer, o bien, que quienes van a pasos agigantados en este campo, consideren de repente, valorar el  desenfrenado avance de la IA; la cual está llevando a la conducta humana a un punto sin retorno.

Claro está, que hay intereses corporativos muy voraces, dispuestos a alterar no sólo la conciencia colectiva sino además la realidad que perciben las personas y la sociedad. De hecho ya hay una práctica de moda entre sátrapas, autócratas y gobiernos populistas; aparte de un sinnúmero de empresas, que disponen de más y mejores herramientas tecnológicas; para construir no sólo sus verdades sino también su propia realidad, con el afán de imponerlas a los demás.  Entonces…¿cuál ética?

Ese límite que pareciera alcanzarse con el progreso a ultranza de la IA, conlleva al hecho de que valores y conceptos reconocidos tiendan a desaparecer, para dar espacio a verdades fabricadas a conveniencia y a la construcción de una moral sustentada en mentiras y ficción. Y todo bajo el prisma de una realidad creada artificialmente. Esto que pareciera descabellado, es lo que está ocurriendo. El impresionante dominio tecnológico tiene por afán además; sustituir como ya sucede, el concurso humano de muchas actividades, cuya participación es ahora juzgada como innecesaria.

En días recientes por ejemplo, han circulado dos imágenes: Una del Papa vestido de forma estrafalaria con la jacket de un equipo nacional y otra de Donald Trump vociferando y resistiéndose al momento de ser capturado por un grupo de policías, quienes le arrestaban para hacerle comparecer ante la justicia. Ambas imágenes obviamente son falsas, pero cómo se podría distinguir una imagen real de otra que no lo es con un convincente texto al pie. Cómo discernir entre lo falso y lo verdadero?

Vivimos por lo demás en una época en donde los autócratas; siendo Putin estrella de ese firmamento, son capaces de elaborar y deshacer todos los días del año -un día sí y otro también- “verdades mutantes”, que se acomodan a sus intereses y puestas a disposición pública, mediante una enorme maquinaria diseñada para construir falacias, y venderlas como realidades mediante troles y redes. La humanidad es hoy más vulnerable, ingenua y sensible a aceptar, así como dar por cierta, cuanta basura aparezca en un móvil o en un ordenador.

Esto es parte del juego de los grandes actores de la geopolítica y de los más diversos intereses.  La maquinaria para sustituir la realidad por otra, está diseñada para incidir en procesos políticos y corporativos, en diferentes países, como ya Rusia lo ha hecho inclusive con la campaña electoral de Trump en los Estados Unidos, quien por lo demás es un magnífico aprendiz de Putin. El viejo lema de la propaganda nazi de “miente miente que algo queda”, diseñado por Goebbels, es hoy mandamiento político y corporativo, aplicado a la jungla social.

Las personas tienen que hacer un esfuerzo para confiar en fuentes alternativas de información, que como en La Revista, se apega  a la ética y a basar la información en los hechos históricos, procurando la objetividad y la diversidad del pensamiento libre.

Es por eso, que sí los adherentes a la idea de la pausa de la IA tienen éxito en su propósito; independiente de sus motivaciones, será al menos un destello de esperanza para la inteligencia humana y para la moral social hoy en estado de agonía.

 

 

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