Editorial: Venezuela… ¿callejón sin salida?

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El sistema político venezolano de la actualidad tiene su génesis en la degeneración democrática de la sociedad confiada y arrogante, a la que la condujeron los partidos políticos tradicionales cuando perdieron sus ideales y sus brújulas quebradas por la corrupción allá por los setentas y ochentas del Siglo XX.

ADECOS  COPEYANOS y MAS fueron responsables cuando claudicaron a sus elevados ideales y tornaron la patria en la caricatura democrática que posibilitó a Chaves el acceso al poder con apoyo irrestricto de la población. La aspiración socialista o bolivariana en este caso, sin embargo se convirtió con el tiempo; como sucede con el amor convertido en obsesión sobre el poder, en otra horrible verruga en la piel del Continente Americano.

El mesianismo como fenómeno del liderazgo, va de la mano; por alguna razón con el envilecimiento, la arrogancia y el servilismo que constituyen los materiales de la alienación irracional sobre el  embrutecimiento en el poder. Algo que no debe olvidarse sin embargo es que el petróleo se convirtió durante ese período, en una especie de maldición, pues abundaba el culto a la materialidad que producía el oro negro y de alguna forma y al mismo tiempo, el desprecio por la educación. El liderazgo no tuvo afán alguno por elevar la educación de sus gentes.   En Venezuela la pobreza andaba en corceles de lujo; la cultura y el desarrollo material de la sociedad jamás fueron de la mano en aquella circunstancia propicia de recursos disponibles en abundancia.

Hoy de nuevo se encuentra Venezuela en su propia encrucijada. Cuando la desilusión y el desencanto se apoderan de las naciones, estas recurren a lo que sea y lo que sea es la nueva realidad política de Venezuela, como sucede en algunas otras partes del Hemisferio.  Hay una tendencia en el imaginario de los pueblos cuando han sufrido, que les da por crear fantasías nuevas que les rediman de sus frustraciones y desencantos. Es ahí cuando se produce la inevitable profecía autocumplidora de un nuevo fracaso. En el caso de Latinoamérica los militares siempre han sido  despreciables gorilas, ese contingente irracional que obedece a las circunstancias políticas y ata a las oligarquías su prestado destino. Hoy se suma a ello, otros intereses más complejos en los que el narcotráfico es actor presente.

Lo que hoy experimenta Venezuela es el Deja Vu de la Guerra Fría; sólo que ahora es más un espejismo sobre el pasado, por cuanto las condiciones objetivas no tienen el mismo asidero que tuvieron  cuando Estados Unidos y la Unión Soviética eran los referentes, y clavaban sus garras en el destino de los pueblos en América Latina. Hoy Venezuela escogió con Chaves y luego con Maduro  el ancla a su nuevo destino. Esto es muy diferente porque las condiciones también lo son. Hasta la iglesia también tiene una visión diferente y por tanto una palabra renovadora en la voz del jesuita Francisco. Su reciente advertencia en Panamá, es la que el sentido común señala sobre Venezuela: Inevitable derramamiento de sangre,  sí la obsesión sobre el poder se convierte en la única forma de vida del régimen.

Venezuela no es Cuba ni tiene su madurez ideológica, digan lo que digan sus detractores,  pero la maldición del petróleo y ahora la del narcotráfico juegan también sus cartas sobre la derruida bandera bolivariana del extinto Chaves.  No hay marcha atrás ahora hay una nación dividida y partida totalmente en dos, una mayoría exhausta y dispuesta a cambiarlo todo y una minoría aferrada a no renunciar a nada, llevándose de la mano a muchos inocentes. Buenos también hay en los dos lados, pero ya eso no sirve de nada, porque luce indispensable en esta dinámica perversa que unos triunfen por completo aniquilando a los otros.

Sólo un milagro, de esos que también existen, puede cambiar ahora el curso y darle una nueva oportunidad a ese país, para ser mejor aprovechada por las nuevas generaciones del siempre noble pueblo venezolano. Ojalá así sea y que el resto de las naciones en un arrebato de civilidad sobre cualquier otro interés le ayuden a crear esa nueva oportunidad.

 

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