Editorial: Visión ante la incertidumbre

Es una verdadera lástima que no haya una estrategia que permita hacer frente a la situación globalmente

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Sin duda lo sanitario se está manejando bien y las autoridades han venido haciéndolo correctamente y esto es más que meritorio. Destacan el trabajo del Ministerio de Salud y el de la Caja Costarricense del Seguro Social, sin quedar atrás la Comisión Nacional de Emergencias, el Ministerio de Seguridad Pública, la OIJ,  la Cruz Roja y por supuesto la cantidad de servidores que se han puesto la camiseta en un período tan complejo.  Igual hay empresarios que en forma solidaria contribuyen a disminuir el impacto de la presente crisis.

Hay sin embargo un detalle con respecto a un sector de la población que es algo absolutamente surrealista,  porque a ese sector no le importa, no le interesa, no atiende ni comprende el concepto del riesgo y mucho menos el de la solidaridad. Algo igualmente puede que este fallando en la comunicación, pero quizás en el fondo de lo que se trate es de la degradación que también la sociedad ha venido sufriendo en el campo educativo, cultural y también moral.  Los valores no es algo que se aprende necesariamente en las aulas, ni mucho menos en los teléfonos móviles, o en las pantallas de los ordenadores.

Por ello, no es posible que viendo lo que ocurre en Ecuador, o en Panamá para hablar de dos realidades relativamente cercanas, sin dejar de lado la mayúscula irresponsabilidad en Nicaragua, muchos costarricenses no reaccionen, ni siquiera viendo las imágenes macabras, acompañadas  de lo que está ocurriendo en Nueva York, en España o en Italia. Lo que estamos viviendo a lo mejor no es sino el fruto de la cosecha de tantos años, luego de abandonar la formación cívica y las tareas educativas más elementales, que se impartía antes en los hogares y en las escuelas.

Es fácil comprender la frustración de todos aquellos que lo están dando todo ante la crisis y la emergencia, vaticinando incluso lo peor, al ver ese comportamiento absolutamente irracional de tantos, que ponen en riesgo al resto de la población, al  generar a la vez,  las condiciones para que ocurra una verdadera catástrofe.

Pero por otra parte urge igualmente democratizar las decisiones, como lo ha sugerido recientemente en un artículo muy interesante el Dr. Walter Coto M. Ex Presidente de la Asamblea Legislativa, en el cual sugiere tomar en cuenta a los diferentes liderazgo de los distintos sectores económicos y sociales para construir una estrategia sólida conjunta, que tome en cuenta el factor de vulnerabilidad así como las fortalezas de cada quien, porque sin duda  alguna y a pesar de la niebla, la luz larga o los halógeno, para ver un poco más allá,  es algo que evidentemente está fallando en la gestión de la presente crisis.

Con gran aliento y esperanza, estamos viendo a comunidades organizándose de forma rápida ante los acontecimientos. Ayudándose entre sí, porque sin duda alguna, la reacción tiene que venir no sólo de arriba hacia abajo sino también de abajo hacia arriba, a nivel local, a nivel regional y este sería un factor determinante para poder avanzar y salir adelante.  El gobierno nacional debe hacer un esfuerzo que le permita articular todas las iniciativas y las fuerzas en una misma dirección. Eso es lo que extrañamos.

Es inconcebible sin embargo que a la fecha no haya un Ministro de la Presidencia con la camiseta puesta, que sea el brazo que articule las iniciativas de forma integrada con la Asamblea Legislativa y otros sectores ante la emergencia.  No es  comprensible que bajo las presentes circunstancias se de este vacío tan notorio de la acción política con visión integral. Este debe ser un entuerto que sin demoras resuelva la Presidencia de la República.  Lo otro que podría hacer es oficializar  la responsabilidad de la actual Ministra, que le permita dar mayor solvencia a sus decisiones y a sus acciones.

Mucho hay que aprender aún de esta crisis, pero la capacidad de gestión del Poder Ejecutivo está ahora en cuestionamiento.  Que funcione parcialmente el aparato estatal, no es suficiente y aunque es encomiable el trabajo de los jerarcas mencionados, es evidente que de no integrarse lo sanitario con lo económico y lo social a través de una importante acción política, estaríamos mal. Porque  entonces, la dispersión de recursos y de esfuerzos en esta batalla serán infructuosos.

Apenas iniciamos la cuesta de este imprevisto problema de proporciones gigantescas, y por eso es una verdadera lástima que no haya una estrategia que permita hacer frente a la situación globalmente. Aquí la cuestión es que lo hagamos entre todos, antes que sea demasiado tarde, ya que por la víspera se saca el día.

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