Editorial: ¿Y los colegios profesionales universitarios? (incluye podcast)

Es hora que los colegios profesionales y  que la Federación de Colegios Profesionales Universitarios de Costa Rica, se pronuncie sobre los lamentables hechos de corrupción, que están ocurriendo en el país, con la complicidad de algunos agremiados.

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Ante la crisis de múltiples dimensiones que experimenta el país, los colegios profesionales universitarios en general guardan silencio, y eso no está del todo bien. El Estado ha delegado en ellos la importante función de velar por la calidad de sus profesionales y ejercer una apropiada fiscalización de quienes deben estar al servicio de la sociedad, desde el campo que les compete. No obstante los colegios profesionales universitarios y la organización que les engloba, prefiere en momentos como el presente, pasar desapercibidos;  ¿quizás con honrosas excepciones?

Los últimos escándalos de corrupción dan cuenta, de que algunos han prostituido el noble ejercicio de su profesión. Lo esperable sin embargo, es que ante actos de corrupción, o bien ante la crisis misma que afecta al país, los propios colegios profesionales universitarios salieran, dando a conocer su posición o bien en defensa de la ciudadanía, investigando y sancionando a sus “malos” agremiados.  No hay que esperar, en realidad pueden actuar de oficio. Por qué no lo hacen.

Hoy en día, las noticias nos dan cuenta de profesionales que están siendo muy cuestionados, lo cual es una vergüenza a su propia profesión y a su gremio, además de evidenciar  carencia de valores éticos y morales. Sí los colegios profesionales universitarios callan las irregularidades de sus agremiados,  se convierten entonces en cómplices de su comportamiento.

Lo cierto es que Costa Rica ha contado históricamente con un grupo importante de colegios profesionales universitarios, consolidados, desde todo punto de vista,  y poseen envidiables recursos económicos  y prerrogativas a su haber. Tienen además excelentes instalaciones deportivas y recreativas, auditorios y aulas de capacitación, pero al parecer carecen de los mecanismos o de la voluntad que posibilite el digno ejercicio profesional de sus miembros.

Es hora que los colegios profesionales y  que la Federación de Colegios Profesionales Universitarios de Costa Rica, se pronuncie sobre los lamentables hechos de corrupción, que están ocurriendo en el país, con la complicidad de algunos agremiados. Salir de la zona de confort es posiblemente la primera responsabilidad de estas entidades y asumirla con la dignidad que les corresponde, es también su obligación; en circunstancias de tanta vulnerabilidad, para la sociedad costarricense.

Sí el Estado les ha delegado una función tan importante como la que les compete constitucionalmente  (la fiscalización de la calidad del quehacer profesional)  deberían entonces, escuchar los reclamos del entornos y ser proactivos en lo que respecta a la labor y también al comportamiento ético de sus miembros. No se vale el mutismo en estas circunstancias.

Ejercer fiscalización para determinar, quienes  están al día con sus obligaciones de membresía, es insuficiente. El Estado con sus recursos ha provisto  la formación de muchos de estos profesionales y por tanto lo que sucede es realmente injusto. Hacer exámenes de actualización y poner nuevos exámenes para la incorporación tampoco es suficiente, o bien los cursos de actualización.

Más importante, es salir en defensa de la sociedad costarricense, cuando profesionales inescrupulosos no cumplen con su responsabilidad. No puede ser que formar parte de un colegio profesional universitario sea simplemente una pertenencia formal legitimada, porque de lo que se trata en realidad es del cabal cumplimiento del ejercicio  profesional,  de modo que el beneficiario  sea la sociedad costarricense.

Eso no está ocurriendo.

 

 

 

 

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