Editorial: ¿Y los líderes?

¿Será que podremos generar los liderazgos políticos necesarios a tiempo para emprender los cambios  indispensables?

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El desencanto, la desilusión, la frustración sobre el sistema político, así como en  la organización pública y privada se relaciona a menudo con la orfandad de buenos liderazgos políticos, pues resulta que la colectividad los ha venido generando, pero no en la calidad ni en la cantidad que los necesita; tampoco a la altura de las circunstancias en momentos tan complejos para el país.

El  Siglo XXI que nos da cuenta  de  las nuevas y  complejas circunstancias, así como de  cambios sucesivos y profundos de la sociedad global; prácticamente en todos los ámbitos de la esfera humana. Se da sin embargo ese evidente desfase  entre la necesidad de los desafíos del presente  y las  personas capaces en contribuir a señalar el rumbo y brindar la orientación al resto. El requerimiento principal es el manejo de la información, el conocimiento, la visión, pero también el valor; condición por lo general que poseen unos pocos, para trazar el rumbo a los demás.

Es cierto que en buena teoría política, la ciudadanía en las sociedades democráticas; ante el deterioro de la democracia representativa, está llamada a asumir un papel directo, beligerante y consciente,  para provocar los ajustes necesarios en la  conducción de la cosa pública. Eso sin embargo continúa siendo una necia utopía.

Igualmente se esperaría que quienes realizan su actividad en el ámbito privado, lo hagan de forma responsable, bajo los patrones  en los tiempos y cielos bajo los cuales ha correspondido vivir.  La realidad es otra, porque los partidos políticos, las organizaciones sociales  y las empresas que en otro momento habían dedicado tiempo y recursos a forjar los liderazgos necesarios (para los momentos y circunstancias de su entorno)  han venido abandonando esa tarea desde hace mucho. Las crisis sin duda hacen mucho más evidente la ausencia de líderes políticos visionarios, capaces, responsables y comprometidos con la sociedad, a la vez que abundan aquellos, cuyos intereses inmediatos, limitados y mezquinos les impide ver el horizonte, hacia el cual es inevitable transitar.

Esta verdad no es cierta en el campo técnico. Acá la sociedad costarricense ha sido más que generosa en contar con espíritus dotados con el suficiente conocimiento científico y tecnológico, pero además con la visión y la conducción necesarias para construir y señalar  las mejores opciones de transformación y de cambio.  La sociedad costarricense abunda en ejemplos de estos tipos de liderazgo.

Lo que nos asfixia es la mediocridad excesiva en la sociedad contemporánea,  de tantos que ostentan el poder político pero rechazan el instrumental disponible y la capacidad de los demás para corregir sus propios yerros.  Por eso nos encontramos ante esta curiosa disyuntiva, ante este divorcio entre lo político y lo técnico, entre la pobreza del pensamiento y la pereza a las decisiones importantes; las de verdad.

La paradoja es que se cuenta con el recurso humano capaz y necesario para ejercitar las inevitables transformaciones que demanda tanto  el presente  como  las generaciones más jóvenes para caminar con optimismo hacia el mañana. ¿Será que podremos generar los liderazgos políticos necesarios a tiempo para emprender los cambios  indispensables?

 

La Revista en su editorial de hoy desea hacerles llegar a su audiencia los mejores deseos en estas fiestas del fin de año del año de la pandemia.

Que en conjunto con familiares y amistades sean recordadas las víctimas y que velemos por la salud de la comunidad costarricense y más allá de nuestras fronteras.

 

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