Editorial:Sobre uvas y manzanas con vinagre

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Quién de las generaciones más avanzadas no recuerda el obsequio uvas y manzanas por parte de un pariente, un amigo, un maestro, o de alguien cercano?   Y luego de eso; a los pocos días, llegaban la cena de navidad, los encuentros sociales y las fiestas de fin de año.  Diciembre ha sido siempre un mes  para celebrar de manera diferente, de respirar profundo, y agradecer a Dios o a la fuerza misteriosa que se encuentra en todo lo que es posible. Los pasitos, la decoración, los tamales, las posadas y los villancicos, aún dan hoy en día esa identidad maravillosa a una  época especial acompañada del golpe y susurro de los  vientos alisios y el inconfundible olor a ciprés. La navidad desea seguir atada a la esperanza la gratitud,  los deseos y al perdón.

En tiempos recientes sin embargo hay una especie de sabor amargo sobre las uvas y las manzanas, como sí alguien hubiese derramado vinagre sobre ellas.  Acontecimientos en tiempos recientes hacen notar, incluso en esta época,  el desencanto, la frustración, la violencia, la locura en las calles y autopistas, la desatada criminalidad y la pobreza en aumento.  Se percibe una sensación de disgusto y enojo por doquier y sin motivo aparente. No es que estas cosas no hayan existido, sino es la forma en que se manifiestan. El sentimiento navideño que otrora nos fue inculcado, parece haber desaparecido o sustituido por una especie de constante sinsabor.

Es imperativo reconstruir la navidad en el corazón propio y luego en los demás,   crear nuevos sueños y revitalizar viejas esperanzas. Hay que evocar a los padres y abuelos, y volver a compartir uvas y manzanas aunque sean criollas, porque lo importante es el significado que ello conlleva. Se debe recuperar el perdido espíritu navideño y lanzarse a la reconquista del amor, la compasión y la solidaridad. Apartarse de lo insulso, agradecer profundamente y  elevar cuanta plegaria sea necesaria, para encontrar de nuevo en algún recodo del camino  la sensatez perdida.

Al vislumbrar a la vuelta de la esquina un nuevo año que comienza, mientras las congojas y las dificultades ya asoman en el horizonte, es imprescindible entonces volver a oler el ciprés,  replantearse los deseos y agradecer al misterioso hacedor la bendición de estar acá. Llevar adelante además, la gesta cotidiana que implica fortalecer la maltrecha democracia, y regresar a los sentidos el fresco  aroma de manzana , el dulce sabor de las uvas y sobretodo el amor por la paz,  el bienestar  y la esperanza.

 

 

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