Edoardo Campanella: El nuevo mapa energético de Europa

Desde que Rusia lanzó su guerra contra Ucrania, los países europeos han tenido que replantearse sus estrategias energéticas y asegurarse el suministro de gas natural y petróleo desde otros lugares. Los efectos económicos y geopolíticos de estos cambios serán profundos, y no se limitarán a Europa.

Edoardo Campanella

MILÁN – La guerra en Ucrania está transformando el mapa energético de Europa. Los europeos cada vez más compran gas natural licuado (GNL) a Noruega, Qatar y Estados Unidos, así como gas natural a productores del norte de África y de Asia central, con lo cual Rusia ya no es el proveedor clave. La composición de las importaciones petroleras europeas también está cambiando ahora que están en vigencia las prohibiciones de la UE sobre petróleo crudo y productos derivados del petróleo provenientes de Rusia, por un total aproximado de 2,5 millones de barriles por día (b/d).

Oriente Medio probablemente sea el más beneficiado por estos ajustes, ya que le permiten recuperar la posición de mercado prominente que perdió, en parte, con la revolución del esquisto de Estados Unidos y la transición global a fuentes de energía más limpia en los últimos diez años.

En teoría, volver a trazar el mapa petrolero es más fácil que rediseñar el mapa gasífero. El mercado petrolero está integrado globalmente y, en general, no se ve afectado por las principales barreras al flujo internacional de embarques de crudo. En cambio, el mercado de gas natural está más fragmentado a nivel regional, porque el gas, tradicionalmente, se ha transportado a través de gasoductos. Sería necesaria una proliferación global masiva de instalaciones de licuefacción y regasificación para que el mercado de GNL fuera tan vasto y eficiente como el mercado petrolero.

En la práctica, sin embargo, la variabilidad del petróleo de un país a otro tiende a limitar la sustitución. Las dos cualidades principales que diferencian un tipo de petróleo de otro son el peso y el “dulzor”. El petróleo pesado se evapora lentamente y contiene material utilizado para fabricar productos industriales como el asfalto. El petróleo liviano requiere de menos procesamiento y responde por un porcentaje mayor de la gasolina y el diésel que el petróleo pesado.

El dulzor se refiere al contenido de azufre del petróleo. Las empresas y refinadoras “midstream” que transportan, almacenan y procesan petróleo “agrio” necesitan instalaciones adicionales para remover el azufre de su producto. El crudo de los Urales, el producto insignia ruso que se solía enviar a Europa, es una mezcla que puede ser tanto dulce como liviana, lo que la hace especialmente apropiada para producir diésel y combustible para la aviación. Entre los principales productores de Oriente Medio, el petróleo de Arabia Saudita es el más parecido al de los Urales en calidad. Así es como parte de los 5,5 millones de barriles diarios que el reino envía a Asia ahora se pueden redirigir a Europa, mientras que, proporcionalmente, más petróleo ruso irá a China e India.

Este escenario está en línea con el objetivo de tope de precios de la Unión Europea, que no está pensado para eliminar el crudo ruso del mercado (lo que sería económicamente disruptivo), sino para limitar la cantidad de ingresos petroleros que pueda generar el Kremlin. Recibir más petróleo de Oriente Medio, y no de Estados Unidos, también podría ahorrarles a las refinerías europeas parte de los costos de sustitución, porque el petróleo de esquisto de Estados Unidos, por lo general, es demasiado liviano como para reemplazar al petróleo ruso en gran escala.

Sin embargo, existen obstáculos a la hora de desviar el comercio de Asia. Entre los más importantes se encuentran los contratos de largo plazo que vinculan a los clientes asiáticos con los productores de Oriente Medio, y el mayor atractivo del mercado asiático en relación a Europa, debido a los estándares ambientales más estrictos y al menor potencial de crecimiento de Europa. Asimismo, en tanto la competencia global para garantizarse petróleo de Oriente Medio se intensifica, el poder de la OPEP para fijar precios aumentará.

El creciente papel de Oriente Medio como proveedor de petróleo de Europa ya es visible. Europa solía ser un importador neto de productos derivados del petróleo rusos, particularmente el diésel usado para alimentar autos, camiones, embarcaciones, equipos de construcción y manufactura, entre otras cosas. Por lo tanto, para principios de 2023, a los inversores ya les preocupaba bastante que el continente pudiera experimentar una escasez debilitante de diésel una vez que entrara en vigencia, en febrero, la prohibición de la EU a los productos rusos. Pero, hasta ahora, la estrategia de diversificación del suministro de Europa ha demostrado ser efectiva.

La estrategia tiene muchas piezas móviles. Por ejemplo, el año pasado, Alemania firmó un contrato con Abu Dabi para recibir diésel en una cantidad equivalente a alrededor de dos tercios de lo que importaba previamente de Rusia. Pero, según la Agencia de Información Energética, el mayor aumento de las importaciones de diésel a Europa ha provenido de Arabia Saudita. Hasta febrero, los embarques habían aumentado a 202.000 b/d, comparado con un promedio de 68.000 b/d entre octubre de 2021 y septiembre de 2022. Probablemente, el papel de Turquía también crezca. Como no es un miembro de la UE, todavía puede importar diésel ruso dentro del marco del tope de precios. Esas importaciones podrían utilizarse para satisfacer la demanda interna mientras que el diésel turco se exporta a Europa.

Y, en el futuro, si la transición verde realmente repunta y conduce a una reducción del consumo global de petróleo, la participación de mercado y el poder de fijación de precios de los productores de Oriente Medio crecerán. Como sus costos de producción están entre los más bajos del mundo, una caída de la demanda de petróleo implicaría que los productores menos eficientes en términos de costos, como los proveedores norteamericanos, dejarían de ser competitivos.

Esos cambios del mapa petrolero de Europa marcan un giro geopolítico significativo. En cierto modo, representan un retorno a la situación de hace cuatro décadas. Europa se convirtió en un consumidor importante de gas natural en los años 1980 precisamente porque quería reducir su exposición a Oriente Medio, luego de la inestabilidad de los shocks petroleros de los años 1970. Esto es porque el petróleo de Oriente Medio todavía representa menos del 20% de las importaciones petroleras totales de Europa.

Del mismo modo, una mayor dependencia del petróleo de Oriente Medio hará que Europa sea mucho más vulnerable a las tensiones geopolíticas en la región. Además de adoptar estrategias de protección apropiadas -tanto en términos de diversificación de la oferta como de compromiso diplomático-, los europeos también deben prepararse para lidiar con el ascenso de la influencia china en la región. China negoció un reacercamiento diplomático entre Irán y Arabia Saudita apenas el mes pasado; y, por ser un importador importante de petróleo de Oriente Medio, intentará apalancar su nuevo rol geopolítico para dirigir la dinámica del mercado a su favor.

El mapa energético cambiante de Europa tendrá implicancias globales. Cuando Estados Unidos anunció su “pivote asiático” estratégico en 2011 y se volvió más independiente en términos energéticos al explotar petróleo y gas de esquisto, la relevancia de Oriente Medio se redujo marcadamente. Mientras que la OPEP se vio obligada a ingresar en la incómoda alianza OPEP+ con Rusia, las preocupaciones climáticas obligaron a los países de Oriente Medio a empezar a repensar sus modelos económicos, con enormes consecuencias sociales y políticas. Hoy, es probable que la región regrese al centro del mapa energético, al menos en el corto a mediano plazo. Todavía está por verse si aprovechará la oportunidad para sentar las bases de una estabilidad a largo plazo.

Copyright: Project Syndicate, 2022.
www.project-syndicate.org

Edoardo Campanella

Edoardo Campanella, Senior Fellow at the Mossavar-Rahmani Center for Business and Government at the Harvard Kennedy School, is co-author (with Marta Dassù) of Anglo Nostalgia: The Politics of Emotion in a Fractured West (Oxford University Press, 2019).

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