Eduardo Brenes: Algunas reflexiones sobre Chile

Una manifestación multitudinaria como la que se ha dado en Chile es impensable en esos países. La represión de la dictadura no los dejaría. En Chile se ha podido dar porque es una democracia liberal. Si estuviera en manos de la izquierda autoritaria y/o totalitaria lo que sucedió en estos días sería impensable.

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Eduardo Brenes Jiménez.

Las protestas que azotan diversas partes del mundo son claro indicativo de que estamos en un momento de crisis mundial. Una crisis compleja que no es la misma en los diferentes lugares donde está teniendo lugar, pero que como cualquier fenómeno social en un mundo globalizado, tiene también elementos comunes.

Antes de pasar a hacer algunas reflexiones puntuales sobre el caso chileno, que no pretenden de ninguna manera darle explicación a algo que ni los mismos chilenos se explican todavía, quiero manifestar mi más profunda condena a cualquier abuso de las fuerzas militares que violente los derechos humanos de quienes se manifiestan de forma legítima. Al gobierno chileno, como gobierno democrático que es, lo asiste el derecho de hacer uso de la fuerza para controlar el orden público, no así a pasar por encima de los derechos y garantías individuales de forma desmedida y arbitraria. Cualquier abuso, muerte o detención irregular debe de ser investigado y llevado a los tribunales que correspondan.

En estos días hemos visto cómo los sectores de izquierda han salido a pontificar y dictar cátedra, diciendo que lo que está sucediendo en Chile es una muestra del fracaso del «neoliberalismo». Lo problemático de esa acusación general es que esa palabra —chivo expiatorio al que le endosan todas las calamidades presentes y pasadas de la humanidad— es un término tan manido y reduccionista que igual lo usan para caracterizar una democracia liberal como la chilena, una heredera del correísmo como el caso de Lenín Moreno en Ecuador, otro como el de Bolsonaro en Brasil, o hasta el mismo Carlos Alvarado en Costa Rica. La izquierda, ayuna de ideas alternativas frente al sistema capitalista, usa ese mantra del neoliberalismo para atacar a todo lo que no le gusta y al usarlo para todo, lo vacía de contenido y termina uno no sabiendo a qué diantres se refieren cuando hablan de él. Pues si fenómenos tan disímiles son todos neoliberales, pareciera imposible, al menos conceptualmente hablando, determinar cuáles sí lo son.

Pero aclarado ese más que obvio reduccionismo de la izquierda, hay algunas puntualizaciones importantes de hacer:

  1. Chile lleva más de 30 años desde que la dictadura de Pinochet acabó por un plebiscito que el mismo régimen convocó y que el pueblo ganó a favor de la apertura democrática. A pesar de su transición democrática, los herederos de la dictadura mantuvieron por muchos años el control del ejército con el mismo Pinochet al mando. Esa anomalía democrática pareciera que fue un precio que se tuvo que pagar para poder tener una transición pacífica que no echara para atrás en las conquistas democráticas mismas.
  2. En estos treinta años han gobernado muy diversas fuerzas políticas y el pluralismo ha sido ejemplar, ya que partidos de muy diversas ideologías han podido presentarse a las eleciones, han quedado electos y han tenido responsabilidades de poder en los diversos órganos del estado. Es mentira, como lo quieren hacer creer algunos, que en Chile sólo ha gobernado la derecha. Es más, la derecha pinochetista, heredera del régimen, no ha gobernado nunca. Han pasado socialdemócratas, socialistas, demócrata cristianos y conservadores. En los primeros años gobernaron coaliciones entre socialistas y demócrata cristianos, luego han gobernado socialistas como Lagos y Bachelet y derechistas conservadores como Piñera. además de eso los partidos de corte comunista han tenido su representación parlamentaria y si no han gobernado es porque no han tenido el apoyo de los electores.
  3. La conjunción de todas esas fuerzas políticas de diversa ideología mantuvieron una economía de libre mercado con diversas gradaciones y los datos macroeconómicos así como las estadísticas sobre pobreza han sido muy positivas en el balance general. De 1989 a la fecha Chile ha reducido la pobreza de un 40% a un 9%. Dato nada despreciable, pero que no ha tenido el mismo correlato en el campo de la desigualdad, que es una de las más altas de América Latina. Estoy claro que los datos macroeconómicos no pueden ser tomados como sinónimo automático de bienestar, pero creo que tampoco se pueden borrar de golpe y porrazo como algunos quisieran. Sacar de la pobreza a tantos millones de chilenos es un logro conjunto de todas esas fuerzas que han gobernado desde muy diversas aceras ideológicas.
  4. Como muchos analistas lo han señalado, sacar a tanta gente de la pobreza ha creado un reto mayor para la sociedad chilena, ya que esa enorme masa que ya no tiene que preocuparse por suplir sus necesidades básicas, tiene otras demandas nuevas, más complejas y que no son fáciles de gestionar para cualquier gobierno del mundo. En Chile protestan de forma legítima millones de chilenos que están hartos de la corrupción, la desigualdad, y que no ven sus expectativas de vida cumplirse de forma adecuada. Como muchos han dicho, lo que sucede en Chile es un conflicto social de una democracia madura y de país con una renta alta. No es la Venezuela chavista en donde quienes protestan lo hacen para llevarse un pedazo de pan a la boca o para que no los encarcelen, torturen o maten por pensar distinto al régimen.
  5. Chile, como cualquier democracia latinoamericana no ha sido ni es un régimen perfecto, sí ha sido ejemplar en muchos casos, pero también con fuertes contradicciones. Hay cosas en las que han sido muy exitosos, pero también tienen muchas falencias. La euforia con la que muchos desde la izquierda ven el descontento ciudadano legítimo y necesario de atender, es más porque les cuesta aceptar que con todo y esas contradicciones que cualquier país tiene lo que se ha ensayado en Chile es mucho más exitoso que la ruina en que han dejado los socialistas países como Venezuela o Cuba.
  6. El sistema capitalista de mercado tiene muchas falencias y la última crisis mundial dejó al descubierto sus debilidades de forma clara y contundente. Quienes creemos que ese modelo es menos malo que los otros que se han ensayado hasta ahora, no significa que no tengamos que hacer autocrítica y repensar algunos de los fundamentos en los que se basa. El mercado no soluciona todo ni es perfecto, la desigualdad es un tema al que hay que entrarle sin miedos y no descartarlo de primera entrada como algo de lo que no se debe de hablar o que es secundario; hay nuevos retos ambientales y sociales sobre los que los liberales debemos de tener la valentía de ofrecer soluciones sino queremos que los enemigos de la libertad, que vienen tanto de la izquierda como de la derecha, nos ganen la partida y tengamos un retroceso como tantos otros que se han dado en la historia.
  7. Lo que ha pasado en Chile me ha entristecido, no porque haya caído el “neoliberalismo” como dicen algunos con su acostumbrada superioridad moral y simplismo extremo, sino porque es triste ver a una sociedad con tantas ventajas comparativas y tantos privilegios caer presa del desorden y el caos producto de una clase política que no ha sabido escuchar las demandas ciudadanas y tratar de darles solución. Quienes hoy protestan en Chile, que son millones, tienen un enojo legítimo y nos lleva a reflexión a las democracias maduras sobre cómo canalizar esas demandas ciudadanas cada vez más complejas en un mundo que va camino a otra recesión económica.
  8. Chile debe de resolver esto de forma democrática, no olvidemos que lo que hasta ahora se ha manifestado es una catarsis colectiva que ha despertado los sentimientos más románticos en muchos, pero que a la fecha no ha ofrecido alternativas a lo que está sucediendo. Esto no es una reivindicación frente a la dictadura de Pinochet, que acabó hace muchos años. Muchísimo de los que hoy protestan no habían ni nacido cuando acabó esa vil dictadura. Los que protestan hoy son personas descontentas con el ciclo post dictadura y es necesario hacer un nuevo pacto que no abandone lo que se ha logrado y que corrija lo que no ha servido.
  9. Patético es ver a quienes no han podido articular una sola palabra coherente de condena contra regímenes como los de Maduro o la Habana hablar de dictadura en Chile. Es esa democracia la que ha permitido que tantos millones se manifiesten. Al menos en Chile no salen huyendo por hambre millones de personas como sucede en Venezuela. Y a pesar de que han habido abusos inaceptables, violaciones claras de los derechos humanos y la gestión de la crisis ha sido pésima de la mano del ejército, Chile sigue siendo una democracia madura y espero que los chilenos tengan la sabiduría de no echar por la borda años de avances significativos por un estallido popular válido y legítimo pero que hasta el momento no es claro que propone como alternativa.
  10. No me apunto en la trama conspiracionista de creer que estas revueltas populares fueron creadas desde la Habana o Caracas, eso sería caer en el mismo reduccionismo que caen quienes ven hoy una cruzada popular contra el capitalismo. No dudo que las dictaduras cubana y venezolana quieren sacar rédito de este desgaste democrático, tampoco dudo que azuzan desde sus aparatos mediáticos y propagandísticos para llevar agua a su molino. Pero darles el crédito de que son los causantes de esto que sucede, es creer que son regímenes eficientes y poderosos. No lo son y tienen a su pueblo muriéndose de hambre. Una manifestación multitudinaria como la que se ha dado en Chile es impensable en esos países. La represión de la dictadura no los dejaría. En Chile se ha podido dar porque es una democracia liberal. Si estuviera en manos de la izquierda autoritaria y/o totalitaria lo que sucedió en estos días sería impensable.
  11. Claro que puede haber efecto contagio, claro que el descontento no es monopolio de los chilenos, el mundo se encuentra en una encrucijada difícil con muchos retos en temas tan complejos como la desigualdad económica, la poca movilidad social, servicios públicos infames, aparatos estatales gigantes y escleróticos, problemas migratorios, sustitución de la mano de obra por robots, problemas identitarios, cambio climático y muchos etcéteras más. Claro que las redes sociales y la manipulación mediática que se da a través de ellas, es un factor nuevo que aún no hemos sabido digerir y entender por completo. El mundo está lleno de retos, pero debemos de recordar la historia de cómo sociedades muy avanzadas retrocedieron por caer presa de demandas ciudadanas desatendidas, o de alabar el caos y el desorden por el solo hecho de que viene de las masas. Tengamos cuidado de no menospreciar lo que pasa, pero tampoco de convertir el desorden y el caos en un fin en sí mismo, como si eso fuera a solucionar algo.

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