Eduardo Brenes Jiménez

Es tan impresionante el esfuerzo que hacen algunos para que no se hable de la trayectoria y hoja de vida de los candidatos y la forma en que asocian eso con una narrativa de campaña sucia. Pareciera que quisieran que hagamos un esfuerzo de amnesia colectiva.
Los candidatos no son solo lo que dicen, sino lo que fueron en el pasado. Es absurdo no revisar con lupa lo que hicieron cuando tuvieron el poder, las personas que los acompañan y su trayectoria. Ahora hay una tendencia, sobre todo dentro de cierta precandidatura verdiblanca, a señalar como campaña sucia o de poca altura cualquier referencia al pasado de su partido y su candidato.
Una campaña es, por supuesto, una labor de convencimiento de las bondades propias, pero también un análisis y exposición de las debilidades ajenas. Decir que no es así es de una ingenuidad absoluta, o de un cinismo muy conveniente. Y aclaro, hablo de exponer lo que a uno no le parece de sus propuestas, de su carácter y forma de ser, no me refiero a cosas de la vida privada.
Una competencia, como lo es una campaña, es una vitrina donde se expone lo bueno y lo malo de quienes participan. Si uno se mete a esto, ya sabe que hay que aprender a estar expuesto y llevar palo. No es un lecho de rosas.