Eduardo Brenes: Conspiraciones criollas – del abogado de la escoba y el cuchillo al tecnócrata granjero y bota cosas

Enfin que su secta de seguidores le tiran a todos, defienden lo indefendible y se levantan, no sin antes majarse sus gónadas para repartir hiel y llanto por doquier. Y bueno agotarnos un poquito a todos los demás por sus cansinas peroratas. 

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Eduardo Brenes Jiménez

La elección pasada Juan Diego Castro y su partido de alquiler se llevaron el premio al grupo más conspiranoico de la primera ronda electoral.  Sus seguidores ardían de fervor partidario cada vez que su desequilibrado candidato salía en redes denunciando, un día sí, y otro también, el escándalo que iba a volcar…finalmente, al electorado, a votar por por él en masa. No podía faltar, por supuesto, la alusión a la Nación, al gran capital y a esos partidos tradicionales que todos los días se levantaban pensando en cómo hacerle la vida más difícil a él, apóstol de la verdad y la pureza. Ponerse como víctima era, faltaba más, lo que mejor hacía, sin importar que él mismo fue ministro del PLN en el pasado, y que siempre fue un abogado que no necesariamente trabajaba para menesterosos y desvalidos; y que siempre tuvo vitrina en una televisora nacional de gran influencia, gracias a una periodista inquisidora y estridente que nunca se iba a meter en la inmunda política que denunciaba y defenestraba noticiero tras noticiero. JDC y su séquito de indignados y cabreados vivían alimentándose del ego propio, y de las rocambolescas fantasías que se armaban.
En esta elección JDC no consiguió partido de alquiler, la demanda estaba potente, pero un ego tan inflado como el de él vino, cual hijo pródigo, desde las alturas del mundillo financiero internacional, dizque por amor a la patria (luego nos enteraríamos que serían otras las razones) y prestó primero servicios al PAC, luego salió de palacio resentido y dolido e hizo el tour nacional del llanto y la mala leche por televisoras y radios de aquí y acullá, despotricando contra quién le había dado chamba cuando no lo dejaban ni entrar a recoger las fotos y el florero de su trabajo anterior.
El conde de marras, que está convencido que no hay retoño más bello e inteligente que haya parido madre sobre la faz de la tierra, inició su búsqueda de casa partidaria, y luego de pasar por tierras republicanas calderonistas y uno que otro partido de provincia, recaló en un partido que es como ser zaguate entre perros, es decir, socialdemócrata en Costa Rica.
Y a partir de ahí agrupó a su secta que  estaba esperando a ese nuevo mesías de la conspiración que no podía faltar en una elección nacional.
Reclutó a la otrora mentora del abogado de la escoba y el cuchillo, dizque porque se la recomendó una tal doña Doris Peters, que no tiene nada que ver con los cafetaleros por supuesto, pero que es experta en armar collages partidarios. Y ya teníamos la fórmula completa. Solo faltaba lo de rigor: echarle la culpa a la Nación, al gran capital, contratar una granjita de troles y echar a andar el cocktail conspiranoico y lo demás lo ponen sus fanáticos seguidores, que más que seguirlo a él, siguen a la conspiración de turno, sin importar si quien les alimenta su cabreo e indignación es un abogado que otrora rodeó la Asamblea Legislativa con policías armados, o un aburrido y entufado tecnócrata internacional  que en su tiempo libre se dedica a tirar cosas al suelo para que sus subalternas se las junten y/o a labores de granja y cría de animales.
Enfin que su secta de seguidores le tiran a todos, defienden lo indefendible y se levantan, no sin antes majarse sus gónadas para repartir hiel y llanto por doquier. Y bueno agotarnos un poquito a todos los demás por sus cansinas peroratas.
Pronto el Ministerio de Cultura los nombrará patrimonio cultural intangible de la República.
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