Eduardo Brenes: Crónica nacional

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Eduardo Brenes Jiménez

Recordar lo que nos dijeron en su momento es importantísimo para analizar la credibilidad de lo que nos dicen ahora. Y aunque los actuales no son los mismos que estaban antes, nunca se opusieron a lo que decían sus líderes ni fueron voces discordantes. Bajaron la cerviz, asintieron, aplaudieron y avalaron lo dicho por los (i)responsables del momento.
En campaña Luis Guillermo Solís minimizaba el problema fiscal diciendo: “hay gente que tiene una fijación con el cero déficit, que a mi me parece absurdo, un país no tiene que estar en cero déficit y eso sí es un debate ideológico”.  Y además decía en una entrevista de la radioemisora 90.7 FM: “No estamos al borde de un abismo y lo digo porque he conversado con referentes importantes de la economía local e internacional que me dicen que es administrable (un déficit del 5,4% en el 2013), hay que atenderlo”.
Por su parte el economista y y primer presidente legislativo del PAC en 2014, Henry Mora, en un debate con Juan Carlos Hidalgo, decía que los técnicos” que rodeaban al presidente estimaban que en los primeros dos años de la administración Solís iban a disminuir el déficit fiscal por la mitad (en ese momento 6% del PIB) sin necesidad de aumentar impuestos o de implementar recortes de gasto importantes.”
Luego, en una entrevista con el Financiero en enero de 2015, cuando le preguntaban que cómo se compaginaba su promesa de reducir el déficit a la mitad con los aumentos en gasto del primer presupuesto elaborado por la administración Solís, matizaba diciendo que la promesa era reducirlo a la mitad al final de la administración y no al principio. Y claro luego vimos el bello hueco fiscal que dejaron a final de su gestión.
Pero tomo prestado de un artículo de Juan Carlos Hidalgo una lista de acciones de la administración Solís que fueron cruciales para que estemos donde estamos en la actualidad:
1-Una de las primeras medidas del gobierno fue decretar un aumento salarial para los empleados públicos del 4% para el primer semestre del 2015, aún cuando la inflación para ese año fue de cero. Peor aún, el aumento aplicaba a la base salarial, de tal forma que cuando se incorporaban los pluses –que representan más de la mitad de la remuneración salarial final de los empleados públicos– el aumento terminaba siendo del doble. En un debate que tuve en el programa “Matices” de Radio Monumental, el entonces ministro de Trabajo Víctor Morales admitió desconocer ese detalle, luego de haber dicho en la prensa que el aumento no tendría ningún impacto en las finanzas estatales.
2-Igualmente en agosto del 2014 la administración Solís acordó un aumento descomunal del 14% en las transferencias a las universidades estatales. El ministro de Hacienda declaró que “El Estado es responsable en sus decisiones”. El gobierno luego pactaría un incremento del 7,38% para el 2016 y otro del 8,6% para el 2017. En estos tres años, la inflación acumulada ha sido de menos del 3%.
3-Cuando en septiembre del 2014 Fitch advirtió sobre la posibilidad de rebajarle la calificación de riesgo a Costa Rica, el ministro de Hacienda demeritó la gravedad del anuncio al decir –falsamente– que personeros de la calificadora de riesgo le habían admitido en una reunión que “no tenían suficiente información sobre las medidas que había tomado el Gobierno”. A los cuatro meses Fitch sí le rebajó la calificación de riesgo al país. Henry Mora –ya como presidente legislativo– dio un discurso donde comparó la posición del gobierno frente a las calificadoras con la lucha contra los filibusteros.
4-En ese mismo mes, el gobierno develó su primer presupuesto de la República –recordemos que con un déficit ya proyectado en 6% del PIB–, el cual aumentaba el gasto público en 19%, cinco veces más que la inflación prevista para el 2015 – que terminó siendo de 0% – .
5-La vorágine del gasto de la administración Solís no se limitó a los primeros años de gobierno. Para este 2017 las instituciones autónomas han disparado el gasto en publicidad y consultorías (en año electoral, claro está). La excusa de Zapote ha sido que la autonomía de estas instituciones le impede al gobierno exigirles austeridad, aun cuando hemos visto que a la admnistración Solís no le ha temblado el pulso para despedir presidentes ejecutivos e intervenir otras instituciones cuando así lo considera conveniente.
6-Finalmente, no olvidemos cómo una y otra vez la administración Solís ha saboteado cualquier reforma de empleo público en la Asamblea Legislativa, incluso las versiones más modestas que se han presentado. Una vez que el gobierno admitió la gravedad de las finanzas estatales, el énfasis ha sido exclusivamente en aumentar impuestos, nunca en reducir el gasto público.
Y todos los que hoy gobiernan formaron parte de ese gobierno, lo avalaron y aplaudieron a más no poder, así que no hay excusas de decir que no fueron ellos no tal vez los únicos responsables, pero sí los que, pudiendo haber hecho algo, no solo mintieron, sino que se quedaron de brazos cruzados. Y recuerdo esto sobre todo para contrarrestar la narrativa exculpatoria que aún hoy mantienen algunos aplaudidores oficiales del gobierno haciendo creer que el desastre fiscal en que nos encontramos es culpa de cualquiera menos ellos. El COVID es la  nueva excusa perfecta para los irresponsables. Aún ayer el presidente Alvarado evitó hacer un mínimo mea culpa fiscal y dijo que en enero estábamos en recuperación….¡hay que ser caradura!
Y lo peor es que seguimos igual: esta carnicería impositiva que nos proponen no soluciona nada más que el futuro inmediato del gobierno, para no terminar de hacer trizas al país durante su gobierno, sino patear la pelota hacia adelante y que se le haga trizas a quien viene; y a las 3 o 4 generaciones futuras que tendrán que hacer grandes sacrificios para pagar las irresponsabilidades de quienes hoy gobiernan.
¿Qué nos tenemos que sacrificar todos? Sí claro, pero resolviendo los problemas de fondo. Y eso pasa por reconocer que tenemos un estado que no podemos mantener. Mientras no podamos hacerlo tendremos que ser más humildes y vivir con menos, no endeudarnos para aparentar que sí podemos. Eso es filosofía de nuevo rico: ostentoso, con los bolsillos vacíos y viviendo por encima de sus posibilidades.

 

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