Eduardo Brenes: De frente a las problemáticas del AYA

¿Alguien se indignó por esas aglomeraciones causadas por el mismo estado que regaña a la ciudadanía por lo mismo que ellos propician? ¿alguien se puso a pensar lo que significó para muchos abonados pagar hasta un 300% más de lo que normalmente pagan por una chapuza de la misma institución?

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Eduardo Brenes Jiménez

Mientras dedicamos horas y energías en la actualidad noticiosa de los «baby showers» y los «quinceaños» de algunos muy específicos ciudadanos de regiones urbanas que viven la realidad de la pobreza y la exclusión, los señalamos y volcamos toda nuestra furia por su actitud negligente ante la pandemia; se nos pasan negligencias mayores de autoridades públicas que, no sólo afectan de forma más directa a toda la población, sino que contribuyen también a agravar el riesgo de la pandemia de una forma más significativa. Pero esos casos los pasamos por alto y si acaso nos enteramos de las barbaridades que están pasando.

Eso es lo que se destapó en estos últimos días con respecto al accionar del AYA y su desastrosa gestión en cálculo y cobro de los recibos durante los meses de marzo y abril de este año (época de pandemia) y que aborda de manera muy profesional Lilliana Carranza en su programa Estado Nacional hoy domingo mientras entrevista a la presidenta ejecutiva del AYA, Yamileth Astorga, el Regulador General de Servicios Públicos, Roberto Jiménez y el diputado del PUSC Erwen Masís. El programa trató además, en su segunda parte, de los graves problemas estructurales de esa institución y su pésima ejecución de proyectos y gestión del recurso hídrico, pero eso es tema de otra publicación por lo extenso que es.

Resumo el problema:

1-Ante la pandemia y por pedido de las autoridades superiores, el AYA decidió mandar a la gran mayoría de sus empleados a hacer «teletrabajo» desde marzo. No sabemos cuál era la capacidad institucional para que el 100% de esos empleados lo hicieran, pero esa es una información que aún no tenemos y que pareciera no interesar a muchos periodistas que viven desvelados por el fetiche de las cifras de contagiados y no por asuntos de mayor calado.

2-Entre los empleados enviados a «teletrabajar» se encontraban aquellos que miden, casa por casa, y luego de revisar el medidor, el consumo de agua de cada abonado. Para ponerlo en sencillo: mandaron a todos esos «medidores» a la casa con salario completo a hacer cuarentena sin trabajar. Muchos nos seguimos preguntando cuál era el riesgo de que funcionarios que trabajan de forma individual y caminando podían infectar a otros o ser infectados pero bueno, esa fue la decisión.

3-Como no hicieron medición aplicaron una norma del reglamento de cobro que les permite hacer estimados basados en el consumo de años pasados. Pero no tomaron en cuenta que al estar todo mundo confinado, el consumo iba a ser mayor en el caso de los abonados residenciales, y menor en el caso de los comerciales que obviamente, al estar cerrados por la pandemia no consumen lo mismo.

4-En mayo, cuando le quitaron el «teletrabajo» a los empleados que miden (es decir cuando los pusieron a ganarse el sueldo), se dieron cuenta de esa realidad que no había que ser un genio para prever, es decir que había un exceso de consumo en la facturación residencial y una disminución en la comercial. Entonces se les ocurrió la genial idea de cobrar ese exceso de consumo residencial en la factura de mayo. Lo del menor consumo de la parte comercial no les preocupó lo dejaron tal cual. Recordemos que lo importante es cobrar, no devolver lo cobrado incorrectamente. Así nos quieren a los usuarios del servicio público.

5-Al aplicar ese exceso en mayo, hizo que muchísimos abonados pasaran de los 20 metros cúbicos que es el máximo para que no se cobre IVA y además entraron en una categoría tarifaria más alta. ¿Que ocasionó semejante despropósito? Que a ciertos abonados les llegaran cobros de más de un 300% de lo que normalmente pagan. Eso en pleno tercer mes de la pandemia cuando cientos de miles de ellos están sin ingresos.

6-Cuando empezaron a reclamar por ese cobro excesivo y abusivo, podríamos decir que hasta ilegal, porque los pusieron a pagar un IVA, y una tarifa mayor, que no tenían que pagar por la ineptitud de quienes diseñaron ese cobro; los abonados empezaron a ir a las oficinas del AYA, donde no habían empleados que los atendieran —recordemos que estaban en «teletrabajo— se hicieron filas kilométricas y aglomeraciones, mayores que los de los «quinceaños» y «baby showers» que los pusieron en riesgo de contagio.

7-Les indicaron que no los iban a atender porque al estar en «teletrabajo» y que mejor llamaran o mandaran emails para atender sus quejas. cosa que hicieron sin respuesta por varias semanas. Algunos, los más avispados y con mayor paciencia para dar esas luchas de meses con la burocracia estatal, se fueron a la ARESEP a poner la queja. aresep se hizo presente a las oficinas centrales el AYA, donde los hicieron esperar unas horas (hasta tuvieron que levantar una acta notarial) hasta que los atendieron, donde pudieron comprobar por sí mismos que habían miles de quejas sin atender en las computadoras de servicio al cliente del AYA.

8-Ahora el AYA tiene que revisar todos y cada uno de los recibos cobrados en mayo, atender los reclamos, devolver el dinero y dedicar horas de horas a resolver su falta de planificación y previsión, sobre todo viniendo de una empresa que actúa de forma casi monopólica (atienden el 55% del mercado del agua del país) y que lleva décadas haciendo lo que hacen. Con todo ese «expertise» institucional y no previeron algo que ya había sucedido en el 2009.

Este asunto no sólo deja en evidencia que el famoso dicho de que «el 100% de los empleados de la institución está trabajando» no es tal, sino que improvisaron una gestión de cobro sin tomar en cuenta algo que era fácilmente previsible, sobre todo teniendo claro que a eso se dedican. Con su accionar dieron un pésimos servicio a sus obligados clientes (porque no pueden escoger otra empresa que les brinde el servicio), los pusieron en riesgo al hacerlos ir alas oficinas del AYA donde no encontraron empleados que los atendieran y los mandaron a llamar sin que luego nadie les contestara su llamada o email.

¿Alguien se indignó por esas aglomeraciones causadas por el mismo estado que regaña a la ciudadanía por lo mismo que ellos propician? ¿alguien se puso a pensar lo que significó para muchos abonados pagar hasta un 300% más de lo que normalmente pagan por una chapuza de la misma institución?

Este asunto debió de conllevar destituciones o al menos investigaciones inmediatas para sentar responsabilidades, no sólo de la jerarca, sino de todo su staff de gerencia. Pero conociendo a mi país, a su régimen disciplinario de la función pública, estoy seguro que un jaloncito de orejas será lo más que reciban tan irresponsables funcionarios.

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