Eduardo Brenes: El medio ambiente y la dinámica polarizante

Respeto el derecho de muchos a emocionarse con las marchas, el marketing ambiental y las soluciones simples para problemas complejísimos. Pero seamos conscientes también que los negacionistas echan mano de esos simplismos para lograr el efecto contrario. en vez de andar compitiendo por el mensaje más emotivo tratemos de buscar las soluciones más realistas y con verdadero efecto sobre un problema que se agrava día con día.

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Eduardo Brenes Jiménez.

La discusión sobre el medio ambiente, el cambio climático y las medidas para combatirlo es una discusión que, como muchas otras, cae en la dinámica polarizante de nuestros tiempos. Entrar a discutir sobre ella es una trampa mortal, porque pareciera que hay solo dos opciones desde donde se puede hablar sobre ella. O desde el catastrofismo ecológico más apocalíptico de que estamos en la antesala de la extinción de la raza humana en un lapso de 5 años y que hay que destruir el modelo capitalista, hasta el negacionismo más obtuso de que el cambio climático es un invento de comunistas y que no hay nada que hacer porque todo esto es normal y el mercado va a resolver todo.

No voy a entrar en el juego de desacreditar a la adolescente que ha tomado visibilidad en los últimos meses haciendo un llamado válido y legítimo a tomar conciencia sobre el asunto, pero tampoco voy a sobredimensionar lo que dice y menos a creer que su reclamo es una hoja de ruta coherente sobre un tema complejo. Lo tomo como lo que es: un mensaje emotivo y simplista que en realidad no aporta nada nuevo de lo que se viene diciendo desde que tengo memoria.

El tema no es Greta Thunberg, sino tratar de dimensionar que hay un problema ambiental serio y que requiere de medidas también serias y pensadas para poder afrontarlo y que las posiciones catastrofistas y negacionistas no son la vía por donde debemos transitar sino desde el posibilismo y el pragmatismo.

A mi parecer dentro del movimiento ecologista hay corrientes que han tomado esta lucha como una forma de saldar cuentas con el modelo capitalista que abominan y al que le achacan todos los males del planeta, con el agravante de que no son claros al plantear cuál es la opción que proponen como alternativa a lo que tenemos. Ignoran además que muchas de las medidas planteadas tendrán consecuencias catastróficas para las clases más necesitadas en el camino de transición y que mientras ensayamos soluciones amigables con el ambiente surgirán problemas gravísimos de exclusión social y descontento ciudadano, basta ver el movimiento de los chalecos amarillos en Francia, que inició como una reacción a una medida muy ecológica pero que agravaba los problemas del sector agrícola francés.

Y desde el negacionismo más obtuso se plantea esta lucha como algo propio de comunistas, pero tampoco entran en la discusión y menos en plantear soluciones porque sencillamente lo niegan del todo. Creen que con negar el tema y no discutir seriamente sobre él, el problema desaparecerá. Pero lo que logran es que quienes defendemos el modelo capitalista y democrático nos quedamos fuera de la discusión y cedemos toda la iniciativa a los sectores más radicales amigos de soluciones autoritarias, colectivistas y poco amigas de las libertades individuales.

Para mi el liberalismo es totalmente compatible con esta discusión y si los liberales no nos atrevemos a afrontarlo, pensarlo, reflexionarlo y ofrecer soluciones reales y posibles, serán otros los que ofrezcan sus «pomadas canarias» que desgraciadamente vendrán llenas de amenazas a las libertades individuales y de excesos de los poderes constituidos.

Para mi el modelo capitalistas con estados de derecho es y seguirá siendo el menos malo de los que existen en la actualidad, su capacidad de adaptación a las nuevas realidades ha sido bastante exitoso,y es desde ahí donde debemos partir. Frases simples como que el crecimiento económico es un cuento de hadas pueden ser muy efectivas desde el punto de vista emocional y sacar muchas lágrimas y suspiros a tirios y troyanos. Pero si tratamos de pensar como adultos con problemas gravísimos de exclusión, hambre, pobreza y desigualdad, tendríamos que perder la ingenuidad infantil de creer que el crecimiento económico es algo que podemos desechar así no más. Sería mejor buscar vías para que ese progreso económico vaya de la mano con acciones que disminuyan el impacto nocivo que una sociedad cada vez con mayor esperanza de vida, causa en un entorno del que somos también parte.

Respeto el derecho de muchos a emocionarse con las marchas, el marketing ambiental y las soluciones simples para problemas complejísimos. Pero seamos conscientes también que los negacionistas echan mano de esos simplismos para lograr el efecto contrario. en vez de andar compitiendo por el mensaje más emotivo tratemos de buscar las soluciones más realistas y con verdadero efecto sobre un problema que se agrava día con día.

 


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El autor es Vicepresidente del Partido Liberal Progresista, pequeño emprendedor.

 

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