Eduardo Brenes: El padre Víquez

Este asunto es bochornoso y lamentable porque hay personas víctimas que acusan al sacerdote, una persona de autoridad moral y espiritual en cualquier parroquia, de haberse aprovechado de ellos usando ese poder espiritual y de autoridad que ostentaba.

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Eduardo Brenes Jiménez.

La captura del padre Mauricio Víquez, ex portavoz de la conferencia episcopal en temas de familia, matrimonio igualitario y fecundación in vitro, es una buena noticia en el sentido de que es una persona acusada por delitos sexuales en contra de menores que se había escapado para no enfrentar esas acusaciones. Cualquier acusado en un estado de derecho tiene a su favor el debido proceso para afrontar un juicio en el que quienes lo señalan como autor del delito, prueben su culpabilidad y que él tenga chance de defenderse de esas acusaciones.

La acusación, estamos claros, no es sinónimo de culpabilidad judicial, pero fue él, el mismo padre Víquez, quien fugándose al extranjero, asumió la responsabilidad de que el juicio mediático fuera en su contra, porque en un país de derecho como es el nuestro, él tenía todas las garantías para enfrentar un juicio justo, y prefirió escapar, haciendo que la opinión pública lo viera «ipso facto» como culpable.

Aparte de los delitos de los que se le acusa, que deberán de probarse en sede judicial, hay otras aristas que provocan estupor e indignación, y están relacionados con la actitud de la jerarquía de la Iglesia Católica en nuestro país. Por un lado el que nos enteráramos de que las acusaciones de abuso contra menores ya las sabía la jerarquía católica desde el 2003 y aún así confiaron en él a la hora de ponerlo como portavoz de su institución en temas donde la Iglesia se ha erigido como defensor de la familia y se ha opuesto a la ampliación de derechos a personas del mismo sexo que quieren casarse. Resulta chocante que un sacerdote, que al parecer es homosexual y que aparte de eso se le acusa de abusar de menores de edad por años, hecho que ya sabía la jerarquía, sea la persona más indicada para hacer juicios morales y emitir opiniones sobre esos temas en nombre de la iglesia católica de este país. El padre Víquez no era cualquier sacerdote, era la persona en que todos los obispos confiaban para hablar en nombre de ellos en estos temas.

El otro hecho que molesta y causa muchas dudas, aunque no se ha podido probar del todo a pesar de que hay ciertos indicios que apuntan hacia ello, es que el padre Víquez se fugó, dicen porque alguien dentro de la Iglesia le avisó, y además se ocultó en una casa de retiro ligada a la Iglesia Católica. En cuanto a este punto aclaro que lo que hay son indicios y no pruebas fehacientes, ojalá se aclaren pronto, pero la actitud pasada de otros obispos, como Ángel San Casimiro, que en un caso parecido aceptó públicamente haber ayudado a otro sacerdote a salir del país y colaborar con su manutención, son elementos que al menos dejan muchas dudas.

La Iglesia Católica, como toda otra organización humana tiene gente muy buena y manzanas podridas, eso nadie lo pone en duda. En eso no se diferencia de cualquier otra organización humana. Se que muchos católicos practicantes se encuentran igual de indignados que otras personas por este asunto, son personas de bien que quieren lo mejor para la iglesia a la que pertenecen, pero les guste o no, pareciera que la jerarquía en este caso falló y actuó muy mal con conocimiento de causa y eso la deslegitima muchísimo, porque la hipocresía, la mentira, el encubrimiento de los propios, son actitudes que la misma doctrina católica combate y desaprueba. Ojalá esos fieles sean exigentes con la jerarquía para mejorarla.

Este asunto es bochornoso y lamentable porque hay personas víctimas que acusan al sacerdote, una persona de autoridad moral y espiritual en cualquier parroquia, de haberse aprovechado de ellos usando ese poder espiritual y de autoridad que ostentaba. La da una lección monumental a la misma Iglesia que debería de reflexionar usando el pasaje de Mateo 7: 1:5- que dice:

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os serás medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.”

 


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El autor es Vicepresidente del Partido Liberal Progresista, pequeño emprendedor.

 

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