Eduardo Brenes: José María Figueres y los Expresidentes

no critico al expresidente por su actitud al parecer firme de aquel momento, de no negociar hasta que no se depusiera la huelga, sino por el oportunismo de este de querer jugar la media cancha y aparecer como quien está del lado de los quejosos de hoy.

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Eduardo Brenes Jiménez. 

Cuando leí la publicación de don José María Figueres Olsen, expresidente de la República, el pasado 4 julio desmarcándose de la carta de los expresidentes en la cual apoyaban la institucionalidad del país y hacían un llamado al diálogo y la concertación, no pude más que sentir un cierto desconcierto. Y sentí desconcierto porque vi al presidente Figueres criticar de soslayo al gobierno, supuestamente por no querer negociar o no negociar sinceramente, pues según él «comprende el malestar nacional» y según él para dialogar, primero hay que escuchar.

Y digo que sentí desconcierto por no decir alguna emoción más inconfesable, porque recordé de inmediato, que cuando yo tenía 21 años y don José María Figueres era presidente, enfrentó una huelga de grandes dimensiones también; del magisterio primero y luego se le fueron sumando otras instituciones del estado, y eso sucedió durante el mes de julio de 1995. Porque pareciera que los educadores de este país tienen una fijación muy grande con hacer coincidir las huelgas con las vacaciones, ya sea para llegar a ellas más rápido, o para no acabarlas.

Y como trato de sustentar mis recuerdos con los datos para que no me engañe mi memoria, me di a la tarea de irme a las hemerotecas a revisar el desenvolvimiento de esa huelga desde el primero de julio de ese año hasta el 20 de agosto, porque venía a mi memoria un recuerdo recurrente de que don José María, no sólo no había negociado durante la huelga —manteniéndose en una posición tildada de intransigente por los dirigentes magisteriales de la época— sino que también había habido violencia policial durante dos marchas multitudinarias que habían convocado los huelguistas, una el 24 de julio y otra el 7 de agosto. Pero también recordaba que los expresidentes de la época salieron a acuerparlo y apoyarlo, tal como esta vez lo hicieron todos, excepto él.

Y en efecto, las hemerotecas comprobaron mis recuerdos: la huelga inició desde un 17 de julio de 1995 y no fue sino hasta el 16 de agosto que el presidente Figueres acepta negociar, no si antes pedir la deposición de la huelga y no haber pagado los salarios de días no laborados, y eso se dio gracias al rector de la UNA del momento, don Jorge Mora, quien fue quien logró sacar un acuerdo de negociación a ambas partes luego de infructuosos intentos de que se sentaran a negociar durante casi 27 días. Y desde el 23 de julio de ese año todos los expresidentes le dieron un espaldarazo asistiendo a reunirse con él a Casa Presidencial donde asistieron: Mario Echandi, Trejos, Carazo, Calderón y el único que no asistió fue Oscar Arias, porque supuestamente estaba ilocalizable fuera del país.

Es decir que el señor Figueres que hoy reparte credenciales de negociación en huelgas, no demostró tenerlas mucho cuando fue presidente, pues mantuvo al país completamente paralizado por casi un mes sin siquiera sentarse a negociar él directamente como se lo exigían entonces los huelguistas, y no con sus ministros de Trabajo y Educación, Farid Ayales y Eduardo Doryan respectivamente, como él quería.

Para poner un poco de contexto del momento y recordar a algunos personajes que estuvieron involucrados en esa gran huelga, les recuerdo que se dio luego del Pacto Figueres Calderón en donde el presidente en ejercicio y el expresidente y líder de la oposición, se pusieron de acuerdo para llevar adelante de forma conjunta una serie de reformas que necesitaba el país en un momento de crisis fiscal. Fue así como el gobierno de Figueres, con el apoyo del PUSC, pudo impulsar reformas de gran calado como la de la ley de pensiones del magisterio (que estaba al borde de la quiebra) y que fue el detonante de la huelga; la apertura de la banca pública, una reforma tributaria que se estaba discutiendo y votando durante la huelga donde se aumentaba el impuesto de ventas, el cierre de varias instituciones estatales (que nunca terminaron en nada más que fiascos o medios cierres) y una movilidad laboral de más de 22 mil empleados públicos que tampoco terminó de funcionar por las urgencias electorales que pronto hicieron colapsar ese supuesto intento de reforma del estado de mediados de los 90.

Pero hay otro dato interesante, sobre todo relacionado con los que durante esta huelga demostraron poca lealtad a la institucionalidad del país. Y es que ese oscuro personaje de Juan Diego Castro, que tanto gusta criticar y señalar hoy, era ministro de Seguridad del momento y voló garrote durante las manifestaciones, tanto así que un recorte de prensa de la época recuerda como la Sala IV declaró con lugar un hábeas corpus en favor de unos dirigentes magisteriales y en contra del ministro Juan Diego Castro por detenciones ilegales y hasta tortura mencionaba la denuncia, aunque no me consta pues la nota no era muy explícita. Poco tiempo después se iría del ministerio luego de un voto de censura por haber rodeado el congreso con policía fuertemente armada.

En fin, que dejo claro que no critico al expresidente por su actitud al parecer firme de aquel momento, de no negociar hasta que no se depusiera la huelga, sino por el oportunismo de este de querer jugar la media cancha y aparecer como quien está del lado de los quejosos de hoy. Más habiendo comprobado que cuando él lo necesitó, tuvo el apoyo de todos los expresidentes, ese apoyo que hoy le quiere poner sordina, no se si será porque huele ya aires electorales y como Albino (que por cierto fue protagonista de aquella huelga del 95) piensa que puede sacar rédito de la situación de caos y confusión que ha reinado en estos días.

Porque como se dice por ahí: a la deslealtad se le combate con todo lo que tengamos…así sea con la mera dignidad.

 

 

El autor es Vicepresidente del Partido Liberal Progresista, pequeño emprendedor.

 

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