Eduardo Brenes: La batalla de «hooligans» de la política actual

No hay deseo de acercar posturas, es una batalla de hooligans en la que las grandes mayorías que estamos en el medio solo recibimos botellazos, bolsas de orines y escupitajos.

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Eduardo Brenes Jiménez.

El debate público sigue envenenado y cualquier tema es excusa para endilgar calificativos al que no piensa como uno. Es un debate de patio de escuela en el que sólo pueden existir los míos que son los buenos, o los enemigos, que son los malos.

Si uno critica a los de Nueva República por su fábrica de noticias a la carta, entonces uno es defensor del gobierno, pro-PAC, vendido al oficialismo y demás. Si uno hace ver el pésimo manejo del tema económico, por parte del gobierno por su incapacidad de tomar decisiones que salgan de su esquema ideológico estatista, entonces resulta que de inmediato uno le hace el juego a los fundamentalistas cristianos, uno no es «ramasheko», uno es catastrofista, ave de mal agüero y otras lindezas.

Es un debate en el que ponen las reglas son los extremos, porque lo que les interesa a ambos es reagrupar a su manada, a su feligresía, darle un sentido de comunidad a quienes votan por ellos, para que olviden todos los grandes errores y no se muestren críticos con los propios, porque hay un enemigo externo que vencer. Es la misma táctica que usa Daniel Ortega en Nicaragua cuando tiene problemas, reagrupa a los suyos atacando a Costa Rica como país, como si eso existiera como una entidad única y propia.

Escuchar ayer a los del PAC y los de Nueva República en la Asamblea Legislativa enseñarse los dientes entre ellos a raíz del tema de los fake news, fue darse cuenta que viven en un mundo para-lelo (s). Porque creer que lo más importante era hablar sobre eso mientras nos enteramos que el desempleo sigue subiendo sin control, es sencillamente comprobar que no les interesa hacer nada para reducirlo y que para ellos es más importante tener la razón en su estúpida batallita cultural en la que nos tienen sumidos desde la campaña electoral de 2017-18.

Y es que ambos bandos (que no solo incluyen a esos dos partidos, sino que hay otros actores alternos) actúan muy parecido. Ayer 1 de agosto, día de suma importancia para los creyentes católicos, lo mejor que se le ocurrió a las autoridades eclesiásticas fue poner su granito de arena en la sempiterna batalla cultural haciendo alusiones al tema del aborto. Igual que cuando los proabortistas les encanta azuzar a los del otro lado burlándose de lo que es sagrado para los católicos. Y aclaro, ambos tienen derecho de expresar lo que creen y sienten, pero definitivamente no les interesa ser prudentes en momentos de polarización, su estrategia es crispar a como dé lugar. Así ganan adeptos en esa lógica maniquea de insania en la que nos tienen sumidos.

Igual pasa cuando alguien de uno de los dos bandos osa hacer una leve crítica a los propios. Inmediatamente le caen los suyos llamándole traidor y vendido y los de la otra acera siendo inflexibles y no dándoles chance ni para que puedan expresar su crítica acusándolo de que en el fondo es igual a todos. No hay escapatoria. No hay deseo de acercar posturas, es una batalla de hooligans en la que las grandes mayorías que estamos en el medio solo recibimos botellazos, bolsas de orines y escupitajos.

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El autor es Vicepresidente del Partido Liberal Progresista, pequeño emprendedor.

 

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