Eduardo Brenes: la Honduras de hoy

Así como se exige el cese inmediato de las violaciones de los derechos humanos por parte del estado en Venezuela, hay que exigirlo en Honduras, acá los sesgos ideológicos no son de recibo

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Eduardo Brenes Jiménez. 

Honduras es un país más de Centroamérica donde un gobierno autoritario y represor viola los derechos humanos de su población impunemente. Al menos seis personas murieron en Honduras desde abril por el «excesivo uso de la fuerza» de militares contra manifestantes que exigen la renuncia del presidente Juan Orlando Hernández, según lo denunció este viernes pasado Amnistía Internacional (AI).

El gobierno de Juan Orlando Hernández, de cuya legitimidad democrática hay dudas más que razonables, ha utilizado al ejército, y no a la policía, para «controlar» las protestas. Y se enfrentan a los manifestantes usando armas de fuego, algo que es completamente inaceptable.

El problema con Honduras es que la impunidad es moneda corriente en ese país. En mayo pasado el estatal Comisionado Nacional de los Derechos Humanos en Honduras (CONADEH) indicó que entre 2001 y 2019 en el país se habían registrado 77 personas vinculadas a los medios de comunicación, entre periodistas, locutores, fotógrafos, camarógrafos y propietarios de medios que perdieron la vida de manera violenta.

El 92 por ciento de esas muertes seguían en la impunidad, señaló el CONADEH, que además expresó que es preocupante la impunidad que impera en el país por la falta de investigación, entre otros factores. Según el mismo organismo, la muerte violenta de personas ligadas a los medios de comunicación se constituye en «la forma de censura más extrema».

Tampoco se puede olvidar el vil asesinato de la activista ambiental Berta Cáceres, quien murió asesinada en su casa de habitación hace tres años luego de oponerse a una empresa minera en ese país. Honduras, al igual que Nicaragua, no pueden ser considerados democracias con ese panorama tan terrible de violación a los derechos humanos.

El gobierno de Juan Orlando León es del Partido Nacional de Honduras, uno de los más influyentes de ese país, y este es su segundo mandato. Es un partido de derecha conservadora que dice basarse en el «humanismo cristiano», aunque eso o ha sido óbice para haber contado en sus filas con reconocidos genocidas, corruptos, violadores de derechos humanos y narcotraficantes.

América Latina se debate todavía entre gobiernos dictatoriales y autoritarios como los casos de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Honduras; o democráticos con altas cuotas de impunidad en materia de derechos humanos como el caso de Colombia, con las muertes de activistas sociales, o México, con toda su problemática particular; y ni qué decir de Guatemala y El Salvador.

Así como se exige el cese inmediato de las violaciones de los derechos humanos por parte del estado en Venezuela, hay que exigirlo en Honduras, acá los sesgos ideológicos no son de recibo. Cuando se cree verdaderamente en los principios liberales, o se defiende el estado de derecho en todos los lugares, o se termina siendo cómplice de violadores de derechos humanos, como le ha pasado a cierta izquierda que sigue viendo para otro lado con el chavismo venezolano asesino y torturador. ¡Alto a la impunidad en Honduras!

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El autor es Vicepresidente del Partido Liberal Progresista, pequeño emprendedor.

 

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