Eduardo Brenes: No se veía tal cosa desde los 80s

Pero olvidan algo muy importante en cualquier gestión de gobierno que es la confianza y la credibilidad, y ellos ya no tienen ni un milímetro de ninguna de las dos. Como hicieron con el gasto público, despilfarraron la poca que les quedaba. 

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Eduardo Brenes Jiménez

Desde anoche empezó la campaña publicitaria del gobierno, medios afines y formadores de opinión oficialistas, para presentarnos una falsa disyuntiva: o aprobamos su torticera propuesta fiscal (un segundo paquetazo de impuestos), o el apocalipsis, el default, la crisis peor que la de Carazo.
El objetivo es clarísimo a nivel de narrativa: los que acepten la grosera y obscena propuesta fiscal lo hacen por patriotas que están a la altura de las circunstancias y que quieren evitar un mal mayor; y los que se opongan o propongan otras soluciones son poco patriotas, desalmados, politiqueros, populistas y mil etcéteras más. El gobierno y su partido, el PAC, son expertos en llevarnos a situaciones límite a propósito y en polarizar las discusiones al máximo, para que finalmente se haga lo que ellos quieren y que les resulte más provechoso políticamente para sus intereses.
Pero olvidan que ya ha pasado mucha agua por este río y que ya les conocemos las mañas. Porque si ha habido alguien negacionista de la monstruosa crisis fiscal que se veía venir casi que desde empezaron a gobernar en 2014, fueron ellos mismos. La negaron todo lo que pudieron, tildaron de aves agoreras, catastrofistas y demás lindezas a quienes les advertían; atrasaron la reforma fiscal lo que pudieron, gastaron a más no poder desoyendo las advertencias que muchos les hacíamos, dejaron huecos fiscales, dieron aumentos desmedidos de salarios, transfirieron más de lo que se podía a las universidades, dijeron que la reforma de empleo no era prioritaria porque sus efectos se verían a muy largo plazo y mil etcéteras más.
Luego vino la primera reforma fiscal y buscaron los apoyos basándose en dos premisas: que era eso o el apocalipsis, y que luego de los impuestos vendría el tema del gasto y la reforma del estado. Pero no más aprobados los impuestos perdieron el interés en el gasto desmedido, que era lo que nos había llevado a ese punto, y empezaron a atrasar las reformas estructurales, a patear la pelota a ver si les daba para llegar al 2022 medianamente a flote.
Pero a pesar de que en 2019 se aumentó la recaudación gracias a esa primera reforma, el déficit llegó a ser el más alto en 36 años, llegó al 7% del PIB, porque no más aprobada la reforma, empezaron, en conjunto con ciertos diputados de oposición, a excluir a sus clientelas estatales de la regla fiscal, a quitarle el IVA a algunos sectores y a finalmente hacer lo que siempre han hecho, gobernar para sectores con poder e influencia y olvidarse de las grandes mayorías.
Pero vino una pandemia que nadie se esperaba, y nos agarró en un momento de franca desaceleración y lo poco que quedaba en pie de la economía y sobrevivía a duras penas se derrumbó. La pandemia les quedó de excusa perfecta para culparla de una crisis que, si bien no fueron ellos los que la iniciaron, no hicieron nada para contrarrestarla y más bien la agravaron.
Y aquí estamos, 6 meses después de iniciada la pandemia, con números económicos y de deterioro social espantosos, y lo único que nos ofrecen es un batacazo de casi 5 puntos porcentuales del PIB a punta de impuestos, y una vez más, una promesa vacía de que luego le entraran a lo estructural y al gasto porque ya no da tiempo.
Pero olvidan algo muy importante en cualquier gestión de gobierno que es la confianza y la credibilidad, y ellos ya no tienen ni un milímetro de ninguna de las dos. Como hicieron con el gasto público, despilfarraron la poca que les quedaba.
Por eso es falsa esa disyuntiva que hoy nos presentan. Si el problema es de gasto vs ingreso. Y todo se dio por no gastar responsablemente, porque hasta antes del Covid19 los ingresos fueron básicamente los mismos. Entonces si quieren hablar de impuestos tendrán primero que presentarnos la hoja de ruta puntual de los cambios estructurales, de la reducción del estado y del gasto, de las instituciones que van a cerrar, fusionar o cambiar para tener un gasto más eficiente. De qué medidas van a tomar para hacer más competitivo este país y por ende aumentar ingresos por una mayor productividad y no por meter más adentro la mano en los bolsillos de los costarricenses.
No vamos a caer en la trampa cortoplacista en la que nos están queriendo meter: dar recursos frescos para sostener un gasto insostenible mientras los actuales gobernantes terminan su período, y que los que vengan vean a ver que hacen con el desastre que ellos dejan.
Las reformas estructurales deben de iniciarse YA, son la única garantía de que en 4 años no estaremos igual o peor que hoy y con una carga impositiva de tipo escandinava y con un estado dando servicios tipo Zimbawe.
Y no, los negacionistas no somos los que les exigimos pensar a largo plazo, los negacionistas son uds que nos trajeron a este precipicio a todos, por su cabezonada y obsecación ideológica.
No es su opción, o el apocalipsis, para eso los elegimos, para que gobiernen, escuchen y busquen más opciones que las del manual  keynesiano for dummies. Demuéstrennos que luego de plantear las reformas estructurales, recortes y eficiencia en el gasto, aún se necesitan impuestos, entonces hablamos, antes no. Ya les creímos antes y nos engañaron. Dos veces no caemos en el mismo engaño.
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