Eduardo Brenes: Por un Gobierno Local que piense en grande

En fin, si de verdad queremos incidir en las próximas elecciones municipales, vayamos y busquemos a nuestros candidatos, veamos qué visión tienen de la municipalidad y escojamos a los que sean ambiciosos, a los que no la vean sólo como un administrador mediocre de unos cuantos impuestos y un gestor malo de unos cuantos servicios. Démonos la oportunidad de soñar municipalidades que de verdad sean motores de desarrollo económico y social de nuestro entorno más cercano.

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Eduardo Brenes Jiménez.

Vamos para unas elecciones municipales en febrero de 2020. Desde diferentes sectores nos dicen que tenemos que informarnos acerca de los candidatos y sus propuestas, que hay que ir a votar, que no dejemos en manos de minorías la elección de nuestras autoridades locales, que no engrosemos la alta cifra del abstencionismo.

Todo eso es muy cierto y loable. El gobierno local es la unidad de poder más cercana al individuo y es donde se debería de poder ejercer mayor control de parte de la ciudadanía hacia las autoridades electas. Eso suena muy bien en la teoría, pero la realidad es otra en nuestro país. Costa Rica ha sido a lo largo de su historia un país muy centralista, donde todavía hasta 1970 el «alcalde» del cantón, que en esa época se llamaba «jefe político» era elegido a dedo por el Ministro de Gobernación y no por la misma ciudadanía. Luego de la reforma municipal de ese año, el alcalde —ahora llamado ejecutivo municipal— tampoco pasó a ser electo por elección popular, sino que lo elegía el concejo municipal. No fue sino hasta la reforma del 1998 que se modificó esa aberración histórica y fue en el 2002 que los costarricenses elegimos por vez primera nuestros alcaldes por voto popular.

Es decir que no llevamos siquiera 20 años en que los ciudadanos tenemos control total de la elección de nuestras autoridades locales. Estamos en pañales en ese sentido. Pero elegir a nuestras autoridades por voto directo no es todo. La estructura legal, institucional y presupuestaria de nuestros gobiernos locales no ha avanzado con la misma rapidez, y aunque se han hecho esfuerzos descentralizadores importantes, siguen teniendo pocas competencias y su incidencia en la vida cotidiana de los ciudadanos es muy reducida y eso, a mi parecer, tiene mucho que ver con los altos niveles de abstencionismo en esas elecciones. Si la municipalidad me medio recoge la basura y mantiene las calles en un nivel aceptable, ¿qué me importa quién quede?

Las municipalidades siguen viéndose a sí mismas apenas como recaudadoras de algunos impuestos, administradoras de algunas transferencias del gobierno central y como gestoras de menos de una decena de servicios municipales de bajo impacto y de inversiones dispares en infraestructura. Pero hasta en esto hay muchas diferencias entre municipalidades. Hay algunas que con sus magros ingresos siquiera recogen la basura, administran parcialmente un acueducto local y administran un cementerio; mientras otras tienen servicios de asistencia social, formación, cultura, policía, empleo, etc.

La transferencia de competencias se ha hecho sin mucha planificación y sin un enfoque territorial. Con buenas intenciones, o a veces con intereses clientelares,nuestros legisladores han transferido competencias e impuestos sin atenerse a las disparidades institucionales existentes entre cantones y gobiernos locales. La mano de obra municipal no se ha destacado por ser la mejor dentro de todo el entramado del sector público. Los criterios de selección han sido muchas veces políticos y la atomización ha favorecido que la ineficiencia pase desapercibida y sólo unos cuantos se enteren de lo que sucede en el gobierno local de su comunidad.

Hay que empezar a ver a las municipalidades como verdaderos agentes de desarrollo local. En épocas de desaceleración económica, cuando las capacidades del gobierno central se ven disminuidas por el pésimo manejo financiero que se ha dado por años, los gobiernos locales deberían de ser verdadero motores de desarrollo económico y social. Hay mucho que se puede hacer desde las municipalidades para promover el empleo y reactivar la economía, empezando por facilitar el emprendimiento, disminuir los costos de formalización, reducir los trámites que alargan los procesos de construcción, operación comercial, etc.

Ya hay estudios, como por ejemplo el capítulo 3 del Informe del Estado de la Nación de este año, que pueden servir como insumos para el diseño de política pública de fomento productivo desde una perspectiva territorial. Esos estudios nos indican cómo es el sector productivo, no sólo por región sino también por cantón y cuáles sectores son más dinámicos y cuáles no. Y ojo, no quiero aumentar la burocracia municipal, nada más lejano de mi pensamiento liberal, sino que quiero fortalecer los procesos de coordinación, facilitación y acompañamiento que las autoridades municipales puedan tener para que sus cantones dinamicen la actividad económica y productiva y así se disminuya el desempleo y reactive la economía. Un cantón con buenos servicios municipales, con espacios públicos cuidados, con buenas carreteras, con una movilidad urbana fluida y ágil, donde no haya que durar un mes para tener un permiso de construcción, sacar un uso de suelo, u obtener una licencia comercia, donde hayan incentivos para las PYMEs; es un cantón en donde el empresario querrá poner su actividad productiva, donde se sentirá a gusto invirtiendo y creando más riqueza que se podría traducir en mayor cobertura de asistencia social para la red de cuido, formación de mano de obra y servicios culturales y deportivos que hagan sentirse mejor al ciudadano viviendo en ese cantón.

Pero hay mucho por hacer también a este respecto desde la perspectiva legal y por tanto se requieren reformas de gran calado a nivel legislativo para dinamizar a los gobiernos locales, hacerlos menos dependientes de autorizaciones legislativas en materia de impuestos de patentes, reducir el excesivo celo regulatorio y presupuestario de la Contraloría General de la República que burocratiza la toma de decisiones a la hora de brindar servicios y realizar inversiones.

En fin, si de verdad queremos incidir en las próximas elecciones municipales, vayamos y busquemos a nuestros candidatos, veamos qué visión tienen de la municipalidad y escojamos a los que sean ambiciosos, a los que no la vean sólo como un administrador mediocre de unos cuantos impuestos y un gestor malo de unos cuantos servicios. Démonos la oportunidad de soñar municipalidades que de verdad sean motores de desarrollo económico y social de nuestro entorno más cercano.

 

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