Eduardo Brenes: Relación ente Iglesia y Estado en Costa Rica, algunos apuntes históricos.

El reclamo directo y descarado del obispo de Tilarán cuando dice que ellos ayudaron a llevar al presidente Alvarado al poder y que por eso piden un trato especial, demuestra que están dispuestos a “salirse del closet” como una clientela política más en esta Costa Rica del clientelismo, donde cada quien da su apoyo a cambio de su tajada.

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Eduardo Brenes Jiménez.

Luego de haber pasado dos días de la homilía del obispo de Tilarán en la misa de celebración de la Virgen de los Ángeles quisiera dejar algunos apuntes históricos acerca de la relación entre la iglesia católica y el estado costarricense. Y mi interés al hacerlo es poner en contexto algo que a muchos sigue sorprendiendo como extraordinario, cuando no ha sido más que la costumbre a lo largo ya de varios siglos. También me interesa dejar claro que esa relación ha sido «simbiótica», en el sentido de que ambos entes han sacado provecho mutuo y se han utilizado para sus propios fines algunas veces, y conjuntos, muchas otras.
No debe de extrañarnos que las autoridades eclesiásticas intenten ser abiertamente un actor político, esa ha sido la norma y no la excepción, y tampoco que critique al gobierno tratando de recuperar un espacio que ha ido perdiendo por la secularización de la vida de sus ciudadanos, esa ha sido su lucha constante desde la misma independencia. Menos ahora que tiene una competidora (La (s) iglesia(s) evangélica (s) ) que, aunque la quiera hacer parecer como aliada, no deja de causarle mucho temor y preocupación, sobre todo porque los evangélicos participan abiertamente en la política a través de dos partidos con gran representación en la Asamblea Legislativa, mientras ellos deben de contentarse con quedarse en sus púlpitos y ejercer su acostumbrado lobby tras bastidores.
Aclaro que cuando digo que el que la iglesia se ha inmiscuido en temas del gobierno civil ha sido lo normal, no estoy tratando de justificar ese involucramiento, solo trato de constatar una realidad. Las valoraciones sobre su pertinencia o no, son completamente válidas y eso es tema de otro artículo, no de este, aunque dejaré algunas opiniones en los apuntes que pretendo hacer.
La relación entre la iglesia católica y el poder civil en este territorio que conocemos hoy como Costa Rica tiene más de 400 años, por lo que adentrarse a profundidad y detalle de cómo ha sido, es trabajo de los historiadores y hay obra abundante sobre ello.Para los que les interese existe mucha bibliografía de estudiosos como Ricardo Blanco Segura, José Bernal Rivas Fernández, Miguel Picado, Claudio Antonio Vargas, Carmela Velázquez, Carlos Meléndez, Esteban Sánchez Solano, Iván Molina, los obispos Thiel y Sanabria y muchos otros más. Para algunos de estos apuntes me baso en los textos de Manuel Benavides Barquero.

Durante la colonia se implantó el mismo sistema de Patronato Real que se había seguido en diferentes partes del continente recién descubierto, y que no era otra cosa que una concesión del poder papal a la corona, a la que entrega mucho de la vida de la iglesia con el compromiso de que esta ayude en el proceso evangelizador. Este patronato real iba a unir el aspecto civil y el religioso y le iba a dar un carácter de normalidad. Ambas autoridades iban a realizar una serie de tareas que cruzaban de un campo a otro sin ningún problema. Por ejemplo, las misiones entre infieles se hacían con la colaboración de los soldados , las autoridades civiles ocupaban sitios especiales en la iglesia y las procesiones, los curas instaban a cumplir las leyes dadas por las autoridades civiles desde sus púlpitos y las autoridades civiles colaboraban con la iglesia en el cumplimiento de las prescripciones religiosas. Además los obispos y principales dignidades eclesiales eran nombrados por el Rey y no por el Papa. Y aunque fue una relación tan estrecha, nunca fue totalmente fluida y ambas autoridades tuvieron grandes roces, sobre todo por cuestiones de dineros, como la administración de los bienes de las cofradías.

La relación estado-iglesia se vio fortalecida por las reformas borbónicas y aumentada por las características propias del país donde las alianzas de familia explicarían mucho de esa estrecha relación. Sólo para poner algunos ejemplos de qué tan estrecha era, las municipalidades llevaban las listas de las personas que se iban confesando en semana santa, velaban por que todos fueran a misa y se ponían multas de dos reales, o de un día de cárcel a quien no fuera, y esos fondos no iban a la iglesia, sino a la caja comunitaria o de fondos propios, como se llamaban. Por su parte los obispos prevenían sobre enfermedades, daban recetas para curarse de ellas, o hasta practicaban la cesárea cuando la madre moría en el parto para fortalecer el crecimiento demográfico. Los curas también ayudaban en las campañas de vacunación contra la viruela.

Felipe V, introductor de las reformas borbónicas.

Con la llegada de la independencia ambas autoridades se encuentran con un país independiente, pero con una particularidad muy singular, y es que, a diferencia de otros países del continente, el poder civil, ni el eclesiástico, habían tenido la posibilidad de consolidarse, como sucedió en otros centros de poder como México, Guatemala o la misma Nicaragua. Eso porque ambas autoridades siempre dependieron de altos mandos foráneos para muchas de sus tareas. Luego de las reformas borbónicas Costa Rica siguió siendo una gobernación que dependía en mucho de la Intendencia de Nicaragua, sobre todo en temas económicos y de justicia. Y en cuanto a la parte religiosa, Costa Rica siguió siendo Vicaría Foránea de León, Nicaragua hasta 1850. Es decir que ambas autoridades eran débiles y les tocó consolidar su poder de forma conjunta y casi que en igualdad de condiciones.

Hay otro punto que sería de vital importancia para entender esta estrecha relación, y es el de la demografía. Al ser la población costarricense tan reducida, el poder civil y el religioso se encontraban íntimamente ligados por vínculos familiares. La pobreza ayudó también a que ninguno de estos dos actores tuviera preeminencia sobre el otro.

Las constituciones que tuvimos desde 1821 en adelante tomaron de la Constitución de Cádiz de 1812, el sustento para reglar la relación del estado con la iglesia. Y es por eso que el artículo 12 de la constitución gaditana, fue el que dio el norte de esa relación en todas las constituciones posteriores. Decía ese artículo: “La religión de la Nación Española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra”. El proceso de separación de España no fue armonioso en todos los sectores de la sociedad y como los procesos independentistas se inspiraron mucho en la Revolución Francesa y esta tenía fama de ser anti religiosa, los que lideraron la independencia trataron de guardar la protección a la religión que profesaban las grandes mayorías para asegurarse de no perder el favor popular. Las normas constitucionales que regularon el tema religioso se fueron modificando y evolucionando un poco, pero en esencia guardaron el espíritu del artículo 12 de la constitución gaditana.

El único cambio, tal vez más importante que se dio, fue el que tiene que ver con la religión católica como única permitida y sostenida prohibiendo el ejercicio de cualquier otra, a la tolerancia y luego legalización de otros cultos. Cosa que la iglesia católica no recibió sin protestar y molestarse. Este cambio tuvo mucho que ver con el libre comercio, pues al empezar la nueva república a celebrar tratados comerciales con potencias europeas cuya religión mayoritaria era protestante, estas pedían garantías para sus ciudadanos en cuanto a poder practicar su religión. Eso empezó darse a partir de 1848 y es muestra de cómo el libre comercio siempre ha sido beneficiosos para la tolerancia y el respeto de los demás.

Luego de la independencia se suscitó una discusión muy importante en casi toda América Hispana, y fue la del famoso patronato real. Y era que la gran pregunta que se hicieron fue si con la independencia ese patronato seguía con cada uno de los nuevos estados que surgieron del proceso emancipador. En el caso costarricense la relación siguió siendo la misma. El gobierno civil legislaba en materias religiosas que iban desde el nombramiento de los curas, reglamentación de limosnas, fiestas, diezmos etc.

Juan de Los Santos Madriz

Con el advenimiento de la república en 1848 surge la cuestión de la creación de la diócesis y de la firma del concordato. Y esto es muy importante porque al poder político es uno de los principales interesados que se den ambos hechos para legitimarse en el concierto de las naciones, ir creando identidad nacional, y parecer un estado moderno como cualquier otro de la época. Los mismos políticos buscaban colocar a sus familiares sacerdotes como posibles obispos cuando se creó la diócesis; tal fue el caso de José María Castro Madriz, que quiso poner a su familiar Juan de los Santos Madriz como primer obispo, cosa que no sucedió porque una carta anónima llegó a las autoridades eclesiásticas en Guatemala dando cuenta de los ligámenes familiares con Castro Madriz y los escándalos de alcoba del cura Madriz, para que vean que los curitas de esa época tampoco eran nada santos, como hasta el día de hoy. Por eso en esos primeros años se buscaron siempre obispos foráneos para evitar las luchas intestinas entre los políticos locales que querían dejar colocados a sus familiares sacerdotes.

El concordato que se firma en 1852 renueva el sistema de patronato que se seguía desde la colonia, mientras que otros países como México más bien emitían leyes para separar a la iglesia del estado. Los 28 artículos de que constaba el concordato eran mayoritariamente beneficiosos para la iglesia: confesionalidad del estado, educación fundada en principios católicos, derecho de los obispos de dirigir cátedras, educación religiosa de la juventud, poder de censura sobre libros, dotación económica del gobierno para sustituir los diezmos que ya habían sido derogados por Braulio Carrillo, creación de congregaciones religiosas etc. El gobierno por su parte interviene en el nombramiento de cargos eclesiales, desde el obispo hasta los párrocos; también decide qué diócesis se crean. Es decir que el gobierno, con tal de legitimarse en el concierto internacional de naciones se dejó meter diez con hueco. La Iglesia fue la gran ganadora de ese concordato, no así el poder civil.

Próspero Fernández (1882-1885)

No fue sino hasta los años 80 del siglo XIX, con la llegada de los liberales al poder luego del gobierno autoritario de Tomás Guardia, que esta relación tan estrecha empieza a tornarse conflictiva y bastante áspera. Fue durante la presidencia del liberal Próspero Fernández, específicamente en 1884 donde se dieron las primeras leyes que trataron de separar al poder religioso del político y empezó con la secularización de los cementerios ya que debido a la muerte del señor Eusebio Fuigueroa en duelo, se inició una discusión sobre dónde enterrarlo ya que la ley no permitía enterrarlo en un cementerio porque la iglesia era quien los controlaba.

A partir de ahí se arma la discusión sobre el excesivo poder que tenía la iglesia y de la secularización de los cementerios se pasa a la prohibición de las ordenes monásticas, , la expulsión del obispo, la derogación del concordato, el matrimonio y el divorcio civil, la educación laica con la prohibición de la religiosa en los centros de educación pública, etc.

José Joaquín Rodríguez (1890-1894)

Estas reformas causaron un verdadero conflicto entre el poder civil y el religioso, que de inmediato se metió de lleno en la arena política para hacer valer lo que consideraban como suyo y desde la prensa, con periódicos católicos como El Correo español, El Mensajero del Clero, El Eco Católico y muchos más, se dedicaron a movilizar a los creyentes en contra de los liberales.

El clero se metió de lleno en la arena política y apoyó de forma abierta y descarada al candidato José Joaquín Rodríguez, de corte más conservador que se enfrentó a don Ascensión Esquivel del Partido Liberal Progresista, que era quien agrupaba a los liberales.

Triunfó Rodríguez, sin embargo la Iglesia se sintió traicionada pues no se derogaron las leyes liberales como querían y se metieron a formar un partido católico que se llamó el Unión católica y que fue el verdadero vencedor de las elecciones de 1894, sino hubiera sido por el fraude del presidente Rodríguez en favor de su yerno Rafael Yglesias.

Ricardo Jiménez Oreamuno (1910-1914,1924-1928,1932-1936)

Luego de la experiencia política fallida de la iglesia con un partido político propio, las relaciones entre la iglesia y el estado fueron de tolerancia y más o menos pacíficas, con leves escaramuzas entre 1898 y 1940. Los presidentes liberales de esa época mantuvieron las reformas liberales aunque en la práctica había más colaboración de la que aparentaba en las leyes.

El estado siguió manteniendo a la Iglesia con una dotación económica y siguió teniendo cierta influencia en el nombramiento de obispos a pesar de haber derogado el concordato unilateralmente en 1884. A finales de la década de los 20 la iglesia desata una persecición feroz contra los protestantes y son los liberales quienes defienden su derecho a profesar su religión.

En la década de los 30 la iglesia se opone abiertamente a la existencia del partido comunista, pero liberales como Ricardo Jiménez, se opone a ilegalizar esa agrupación contrariando a la iglesia.

Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944)

La Revolución del 48 y su posterior proceso constituyente no cambiaron en mucho esa relación que se había estrechado con Calderón Guardia. Tanto así que cuando en la Asamblea Constituyente se discutió lo relacionado a la relación entre la iglesia y el estado, el diputado Montealegre pide encarecidamente a sus compañeros evitar discusiones sobre ese punto y le hacen caso y dejan el artículo tal cual estaba en la Constitución de 1871 con muy leves variaciones, y respetan lo que que se había cambiado en el gobierno de Calderón.

Es decir se actuó de una forma conservadora plegándose a los intereses de la iglesia. Sin embargo la iglesia interviene activamente cuando se quiso legislar sobre hacer propaganda política invocando motivos religiosos y la posibilidad de los sacerdotes de ser diputados.

Luego de eso durante los obispados de Monseñor Odio y Monseñor Rodríguez se mantiene una relación armoniosa con leves escaramuzas como la del traslado del Hospital San Juan de Dios a manos de la CCSS en plena época socialdemócrata. Luego vendrán los conflictos relacionados con las guías de educación sexual en los años 90 durante el gobierno de Calderón Fournier y los hechos más recientes.

Como se ve, la Iglesia ha estado siempre metida en temas políticos y lo que hizo el viernes pasado no es nada diferente de lo que ha venido haciendo por siglos. Darnos cuenta de esto es importante para entender que es una actor político más que se resiste a perder sus prerrogativas, permitidas por el mismo poder político dependiendo del signo de los tiempos.
El reclamo directo y descarado del obispo de Tilarán cuando dice que ellos ayudaron a llevar al presidente Alvarado al poder y que por eso piden un trato especial, demuestra que están dispuestos a “salirse del closet” como una clientela política más en esta Costa Rica del clientelismo, donde cada quien da su apoyo a cambio de su tajada. La victimización como “mayoría perseguida” es realmente un tema de diván, y no será este el espacio en que la trate. Sé que el repaso fue un poco extenso, pero lo creo necesario para entender dónde estamos parados hoy, y el por qué de ese empecinamiento de la iglesia de querer seguir teniendo una posición de privilegio en nuestro país.

 

Eduardo Brenes Jiménez.
Es Vicepresidente del Partido Liberal Progresista y pequeño emprendedor.

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