Eduardo Brenes Jiménez

La fanaticada actúa siempre igual, venga de donde venga: todo es pasión desbordada. Recuerdo hace 4 años cuando el señor este Trump ganaba contra todo pronóstico a la señora Clinton y los hooligans desbordados de alegría alababan la democracia y el designio del soberano. Los perdedores se lamentaba y sacaban a relucir el consabido : “los pueblos se equivocan” y no más pasada la contienda decían que que ridículos aquellos que hablaban más de las elecciones gringas que de los problemas nacionales.
Hoy los papeles se invierten y se les une la narrativa del fraude, siempre tan oportuna para reafirmar sesgos, preconcepciones y muy utilizada por propios y extraños, fachos y zurdos, para deslegitimar el sistema, ese mismo sistema que luego amparará sus futuros triunfos. El Sísifo electoral que es de tanta utilidad para cualquier tipo de populismo.
La democracia liberal es aburrida, es cierto, a veces muy inefectiva y con mil falencias, pero para mí sigue siendo la garantía de estabilidad y normalidad republicana y el mejor marco para la democracia.
Gane quien gane, que seguramente será Biden, le tocará construir a partir de la parte más aburrida y cansona de la fiesta. Cuando se van los invitados y no queda sino el estropicio de la bacanal de alcohol y drogas y descubre el nuevo inquilino de la casa que sólo quedaron destrozos, vómitos, baños sucios, mesas rotas y la casa hecha un desastre.
Todos los que gritaron y bailaron a morir se fueron a dormir la mona y nadie queda para ayudar. Pero cuando se recuperen si estarán pidiendo más fiesta y emociones, porque para eso sí son buenos, para exigir, nunca para ayudar a construir la aburrida democracia.

 

 


Por Eduardo Brenes

Eduardo Brenes. Empresario. Dirigente Partido Liberal Progresista.