Eduardo Brenes Jiménez.

La voracidad fiscal es su norte, su santo y seña. El cuento electoral de recortar gasto y bajar impuestos era carnada para ingenuos y sí, digo que era para ingenuos, porque todos los elementos objetivos estaban ahí para preveer que este burócrata internacional, pero a fin de cuentas burócrata, no iba a hacer otra cosa que seguir dando vida a lo que le ha dado de comer: la burocracia. Chaves y Nogui fueron ambos ministros del PAC, ¿Es que alguien esperaba algo diferente?

Cuando se aprobó la reforma fiscal que tenía su acento en la mayor recaudación de tributos, es decir, en el ingreso, algunos pocos liberales levantamos la voz y preguntamos: ¿Y para cuando el gasto? Y lo hacíamos basados en hechos objetivos que demostraban que el gasto era el problema, porque lo que pasaba era que venía creciendo mucho más que los ingresos en las últimas décadas. La respuesta oficial, de la que formaron parte en su momento Nogui y el burócrata internacional que hoy es nuestro presidente, fue siempre que lo del gasto venía después. Un después impreciso y etéreo, faltaba más.

Hoy que se puede devolver un poquito al ya maltratado bolsillo ciudadano que es el que ha hecho todos los sacrificios de la mentada reforma fiscal del 2018, hoy que se le puede dar un pequeño alivio rebajándole un impuesto que ni siquiera debería de existir, como lo es el marchamo, el burócrata y su ministro salen desafiantes a decir que vetarán esa ley y ya hoy salen también con el cuento del veto para la ley que nos saca de la lista de paraísos fiscales de la Unión Europea solo porque los diputados no están dispuestos a convertirla en un parapeto de un capítulo más de la desmedida voracidad fiscal de un estado que nos quiere esquilmar más, ahora cambiando el principio de territorialidad para tratar de ir a cobrar al extranjero lo que no han podido cobrar bien en Costa Rica.

Ayer el burócrata internacional, que andaba congraciándose con la crema y nata de la burocracia federal estadounidense y su máximo representante: Joe Biden, ese que los seguidores de Chaves tanto critican por sentirse más cercanos a Trump y demás ralea de la derecha populista norteamericana, se dejaba decir que él no entendía cómo tres partidos con ideologías distintas como el PLP, el FA y el PLN se habían puesto de acuerdo en el tema del marchamo. Y bueno, es de esperarse que un autoritario populista como él encuentre extraño ponerse de acuerdo entre diferentes, porque para él existe una única verdad, que es la suya. Por eso le incomoda tanto la división de poderes que dice, de la boca para afuera, respetar. Porque ya él quisiera que no exista ese incómodo mecanismo de las democracias republicanas que controlan los excesos de algunos de los poderes del estado.

Pero lo que más me llamó la atención de sus palabras fue que cuando mencionó al PLN dijo no saber qué ideología representaba. Y es que aunque podamos criticar lo diluido que está el sustrato ideológico socialdemócrata de los verdiblancos, sería interesantísimo que algún periodista le preguntara que cuál es la ideología de su movimiento y alguno de los 5 partidos taxis que lo representan. Porque a la fecha no lo sabemos ni nos lo han dicho.

Me cuentan personas que estuvieron en su entorno durante la campaña, que cuando se discutía el débil programa de gobierno que presentó, él bromeaba con algunos de sus más cercanos colaboradores e “ideólogos” de ese rejuntado diciendo que él era el más socialista de todos ellos. Y me imagino que con socialista habrá querido decir socialdemócrata, porque hasta en eso es ignorante y nunca se leyó aquel útil librito de generales de Montenegro dónde le explicaban a uno las diferentes teoría políticas para principiantes. Y es que yo creo que Chaves soñó siempre que en el PLN le dieran bola.

Su odio hacia el PLN es el del que nunca le dieron pelota, el del acomplejado que hubiera soñado que lo llamarán algún día para ser ministro de Hacienda pero siempre hubo otros economistas mejor calificados que él; el del que se aburría en Washington redactando informes que nadie leería por aburridos y terminó siendo llamado por la versión “Sabemás” del PLN que fue el PAC.

La patología narcisista del presidente tiene que ver con la del complejo de aquel que siempre quiso formar parte de algo a lo que nunca lo invitaron y que se moría porque lo notarán y llamaran. Por eso su revanchismo, por eso su discurso anti élites que no es porque no crean ellas, sino porque nunca fue invitado a esa fiesta. Por eso aquella historia de la Rosa de Guadalupe de un papá chófer de Figueres que dicen que hasta presidente ejecutivo del IDA fue que no era un cargo menor.

Pero más allá de los traumas personales de Chaves, sus actos han demostrado que está del lado de los que creen que el estado es una gran máquina recaudadora que esquilmar a sus ciudadanos sin importar la clase de servicios que le dé. Anda emberrinchado jugando de presidente vetador y lo hace con una fracción legislativa escasa y muy tonta. Porque de todos los diputados oficialistas no se hace uno en solidez y preparación. La única que destaca es una experiodista incoherente, mentirosa y sin escrúpulos que es muy hábil vendiendo humo y mentiras propias y extrañas.

Ya veremos cómo responden los socialcristianos y los neopentecostales. Y si podrán más sus arreglos de cama con el gobierno que sus promesas de campaña. Pronto lo veremos.

 

Por Eduardo Brenes

Eduardo Brenes. Empresario. Dirigente Partido Liberal Progresista.