Eduardo Carrillo: Descentralizar el gobierno, una medida de enorme potencial democrático

La confianza del costarricense en la democracia y sus instituciones se ha ido a pique. Según el Latinobarómetro 2018 solo el 43% confía en el poder judicial; el 25% en el gobierno; el 20% en el congreso; y el 12% en los partidos políticos.

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Eduardo Carrillo Vargas, (Ph.D. Administración).

En mis artículos me he referido en forma reiterada a la necesidad de superar el centralismo y lograr con ello una serie de beneficios. La descentralización a la que me refiero es trasladar la autoridad, recursos y competencias de gobierno a unas 12 regiones, en sustitución de nuestro régimen municipal que dispersa recursos y complica la unidad de gobierno, aunque los municipios no tienen funciones reales de gobierno y tampoco la autoridad, competencias y recursos para ello.

También he sugerido que nuestro gobierno sigue atado al pasado, cuando en realidad el mundo cambió. Un Estado “moderno” es aquel que centra su estrategia de desarrollo en la competitividad, empleando como recurso el desarrollo tecnológico, la aplicación de inteligencia artificial y todo el potencial de la revolución digital. Para hacerlo, necesita reducir su tamaño, pues unas 330 entidades públicas, 300 mil funcionarios y un presupuesto de 28 billones (29 este año de pandemia) equivalentes a más del 75% del PIB, es inmanejable. Tiene enredado al poder ejecutivo en problemas administrativos que impiden producir y ejecutar una nueva estrategia de desarrollo dominada por el factor tecnológico, que es el camino de la realidad actual que recorremos a medias.

Un artículo de prensa de esta fecha toca el mismo tema. En relación con nuestra situación económica dice: “Sin embargo, el talón de Aquiles de las políticas de atracción del IED sigue siendo la concentración geográfica y sectorial, y su poco impacto en la periferia. La dotación de factores de producción de la Gran Area Metropolitana (GAM) y su clima de negocios es muy diferente a lo encontrado en zonas rurales, sobre todo en lo referente a la fuerza laboral e infraestructura” (**)

Romper con el centralismo del GAM sería un buen principio para la renovación de nuestro Estado. Nuestra reducida capacidad para actuar con una visión más actualizada del entorno global y la revolución digital encuentra en el centralismo un serio obstáculo. Crear verdaderos gobiernos regionales en sustitución de nuestro anticuado y disperso régimen municipal, tiene muchas ventajas: 1) liberaría al gobierno del enjambre administrativo que aporta una buena cuota de ingobernabilidad; 2) el Gobierno podría ganar mucho en diseñar una nueva estrategia de desarrollo más acorde con nuestros tiempos, ejercer más autoridad y focalizar mejor sus esfuerzos y recursos; 3) los impulsos del desarrollo asumirían un carácter nacional y el beneficio de todo el país, incluso la periferia; 4) la rendición de cuentas mejoraría con proyecto regionales, más cerca de sus propios beneficiarios; y, 5) la desconcentración de recursos haría la creciente corrupción menos viable.

Pero hay algo más importante en la descentralización real del gobierno. La confianza del costarricense en la democracia y sus instituciones se ha ido a pique. Según el Latinobarómetro 2018 solo el 43% confía en el poder judicial; el 25% en el gobierno; el 20% en el congreso; y el 12% en los partidos políticos. Llevar la democracia más cerca de la ciudadanía y hacerlo en forma geográficamente equitativa podría implicar recuperar la confianza popular en nuestra institucionalidad y alejar los fantasmas del populismo. Tendríamos un país más equitativo y comprometido con un gobierno con un mayor alcance nacional.

 

(**) https://www.nacion.com/opinion/columnistas/pagina-quince-inversion-extranjera-para-costas-y/6EMGXNBMOZB7VAKV3JNPJHS2DQ/story/

 

 

 

 

 

 

 

 

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