Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

Es penoso que, frente a la incapacidad para enfrentar nuestros problemas, la solución fácil sea más dinero. El costo del Estado, equivalente a un 75% del PIB desde varios años antes de la pandemia, es uno de los más caros del planeta. Pero más dinero nos deja peor porque nuestro aparato institucional no produce, pero los costos de lo que no hacemos sigue creciendo. Tal es el caso de las inútiles disputas del congreso y de los fallidos proyectos del Ejecutivo.

Somos un país en crisis: en educación, salud, seguridad, infraestructura, organización del aparato estatal, etc.

Omito incluir la crisis fiscal, porque es engañosa. Es, en realidad, un problema de estructura y distribución de los recursos presupuestales.

El despilfarro es real y visible en ejemplos de conocimiento público:

  1. La obra pública cuyos proyectos se prolongan por décadas sin resultados concretos. Ejemplos: las inversiones del ICE y las carreteras, entre ellas la de San Carlos.
  2. OCDE nos ha dicho que tenemos la planilla, relativa al gasto público, más cara del mundo. Un ejemplo patético es Japdeva, donde sobra una buena parte del personal, pero la decisión de recortar la planilla se ha venido postergando por años.
  3. Hace más de una década ocurrió uno de nuestros mayores actos de corrupción con la Trocha Fronteriza. Los trabajos hechos a un alto costo están en abandono y las acusaciones por corrupción se siguen atrasando.
  4. Desde hace décadas se ha denunciado el costo burocrático de nuestros programas sociales. Ottón Solis propuso un programa de integración estructural, pero el tema no parece interesar al congreso o al poder ejecutivo.
  5. La CGR ha dicho que, centralizando los recursos fiscales en el Banco Central, podemos ahorrar más de 300 mil millones de colones por año. Parece haber un proyecto en tal sentido propuesto por la CGR. Pero el congreso y el mismo gobierno siguen jugando chapitas (¿O lo habrán neutralizado los intereses financieros y bancarios?)
  6. El régimen de adscripción es parte de la costosa atomización del Estado. Produce pérdida de autoridad ejecutiva, que ya es muy frágil, y costos innecesarios por redundancia de infraestructura administrativa de muy alto costo.
  7. El régimen municipal, hoy 84 municipalidades, es un exceso para nuestro pequeño país. Tiene dos instituciones de coordinación nacional: el IFAM y Unión Nacional de Gobiernos Locales, UNGL. Uno de ellos sobra. Además, 84 municipios es una dispersión innecesaria de recursos. Y el centralismo mesetero podría controlarse si tuviéramos 15 o menos regiones con verdaderas funciones de gobierno. La clase política y la económica dominante prefiere el centralismo porque es más fácil dominarlo y extraer sus privilegios económicos.

Un amigo lector me sugiere reducir mis artículos o dividirlos. Acepto la crítica. Es evidente que podría agregar muchas páginas con ejemplos que drenan nuestros recursos en miles de $ millones cada año. Suficientes, si se usaran en forma productiva, para lograr el propósito de nuestra escurridiza democracia: el bienestar de toda la población, sin las groseras exclusiones, el desempleo y la pobreza.

 

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Por Eduardo Carrillo

Ha colaborado con varios gobiernos, desempeñándose principalmente en el área de la salud pública. Laboró con organismos internacionales y es consultor. Analista y comentarista. (Ph.D. Administración).