Eduardo Carrillo: Dispersión – un mal de características de invasivas y graves consecuencias

La dispersión política del costarricense es notoria en la presencia de más de 40 candidatos que creen representar alguna línea de pensamiento, difuso y sin contenido real

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Eduardo Carrillo Vargas, (Ph.D. Administración).

Más de 300 entidades conforman el Estado costarricense y los vuelven inmanejable. Este calificativo ha sido empleado por la Contralora General de la República (CGR) y por nuestra exministra de hacienda, Sra. Rocío Aguilar. En mis intervenciones he dicho que la vorágine institucional ha creado condiciones naturales y permanentes de ingobernabilidad. Hay dispersión de funciones y recursos, duplicidades y redundancias con implicaciones en costos, responsables de que seamos uno de los estados más caros del planeta. Reitero las cifras que he venido usando: el gasto público en nuestro país supera el equivalente al 75% del PIB, comparado con la media de Argentina, Brasil y Uruguay de 38% y la de los países escandinavos con 52% (Noruega, Suecia y Finlandia). OCDE ha documentado que tenemos la planilla laboral, relativa al gasto público total, más alta del mundo, comparada con la media de cualquier región del planeta.

Dispersión en uno de nuestros grandes problemas, desde cualquier ángulo que se le mire. Somos un país pequeño que apenas supera los 50 mil km2, con 83 supuestos gobiernos municipales, número que puede seguir creciendo y que incluye dos adiciones recientes (Río Cuarto y Monte Verde). Este falaz indicador de descentralización corresponde a gobiernos locales que carecen de recursos, autoridad y funciones importantes. Además, emula al gobierno central, incluso en corrupción e ineficiencia.

La pretensión de descentralización enfrenta una realidad objetiva: somos un país centralista y mesetero en el campo político, administrativo y económico. Condición contraria al espíritu de la democracia, porque crea una situación de inequidad, en perjuicio de las ciudades periféricas y del campo. Ya oficialmente en proceso electoral, las decisiones políticas son de cúpula, contaminadas por el poder económico particular que, con su participación en el financiamiento, obtiene licencia de acceso a las estructuras de poder y eventualmente cobra por ello. Los casos recientes de corrupción, incluso la más perversa asociada con el narcotráfico, son en parte consecuencia de ello.

Dispersión es causa principal de gobiernos débiles, a pesar de nuestra condición de Estado Unitario. Los diversos regímenes de autonomía han hecho posible que la mayor parte de los recursos del Estado sean manejados en función de intereses políticos, privilegios especiales y fuera del marco de acción articulada hacia los fines globales de la democracia misma: el bienestar de todos los costarricenses. Los conflictos institucionales son frecuentes y debilitan nuestro liderazgo internacional en el ejercicio de la democracia, que ha perdido la confianza de la mayoría de la población (más del 80% sin identificación partidaria). Sin autoridad y unidad nacional no es posible focalizar recursos, especialmente en la lucha contra la pobreza y desigualdad.

Dispersión sobresale en la carrera política que ha empezado oficialmente. Unos 27 partidos posiblemente logren su participación en las elecciones de febrero próximo, un claro ejemplo de dispersión ideológica. La campaña electoral tiene un elemento de falsedad, porque la doble postulación se emplea como fuente de acceso al congreso. En todo caso, el llamado primer poder de la República, es otro centro de dispersión y pérdida de contenido popular de nuestra democracia. Hoy está conformado por 8 fracciones, 2 unipersonales, y 6 o 7 independientes. Con unos 27 pretendientes a la presidencia, la atomización del congreso se incrementará en las próximas elecciones y hará la negociación con los otros poderes más compleja e incierta. Si el gobierno resulta difícil en las condiciones actuales, el próximo hereda un cúmulo de problemas nacionales desatendidas por la Administración Alvarado y negociaciones legislativas con un congreso más disperso.

Dispersión, finalmente, domina el sentimiento nacional de frustración con la política y la democracia. Según el Latinobarómetro, en ningún país de la región la mayoría manifiesta satisfacción con la democracia. La media regional es solo un 24% y las más altas se encuentras en Chile, Uruguay y Costa Rica con valores de 42%, 47% y 45%, lo cual se puede ver como positivo. Pero, por otra parte, crea una situación de confusión sobre el futuro de nuestros países.

La dispersión política del costarricense es notoria en la presencia de más de 40 candidatos que creen representar alguna línea de pensamiento, difuso y sin contenido real. Es el resultado de la ausencia de “buen gobierno”, uno que ofrezca una luz al final del túnel. Todo lo contrario, el hostigamiento fiscal de los gobiernos no concuerda con el deterioro creciente de los servicios y su reflejo en pobreza y desigualdad. Curioso, los festejos del bicentenario tuvieron expresiones masivas de orgullo nacional, de reconocimiento de pasados éxitos y de las fortalezas del carácter nacional. La luz al final del túnel para nuestro futuro puede estar en conservar ese potencial sentimiento de unidad nacional, pero para ocurra hay que recuperar también la confianza en la clase política y la democracia, solo posible con el “buen gobierno”, del que hemos carecido por décadas; y, de su impacto en el bienestar colectivo de toda la población.

PD: la dispersión es reflejo en la dirección que el país escoja para su desarrollo. Carecemos de dirección a pesar del potencial que las Políticas de Estado ofrecen en la gestión pública. Esto se asocia con otro problema: la administración del Estado y sus instituciones tienen un alto contenido técnico, del cual carecen los políticos, ya sea por formación profesional o porque el estímulo principal de su corta gestión es político. Un desequilibrio que puede ser fácilmente corregido.

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