Eduardo Carrillo: Falaz escusa Sr. Presidente Alvarado. La crisis fiscal no es responsabilidad de los gobiernos de los últimos 40 años

la evidencia histórica no justifica la excusa del presidente Alvarado de que el problema es tan complejo que no se ha podido resolver en los últimos 40 años. El problema existía, alimentado por las secuelas de la recesión del 2008, pero adquirió nivel de crisis en las dos administraciones del PAC

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Eduardo Carrillo Vargas, (Ph.D. Administración).

La propuesta presentada por el gobierno para negociar el préstamo con el FMI revela que el presidente y su equipo económico no entienden lo que está en juego o no quieren asumir el costo político de las reformas. La población lo entiende, aun sin conocimiento básico de los principios económicos involucrados. Lo entiende por un principio de sentido común: si los impuestos golpean a la clase media, a la media alta y a los capitalistas, la economía se debilitará y no habrá creación de empleos cuando la mayoría de la población se encuentra desocupada por el desempleo registrado, por los que han desistido de buscar trabajo y por la informalidad.

Hay alguna razón, pero solo parcial, cuando el presidente Alvarado dice en Puntarenas que el problema es tan complejo que no lo han podido resolver sus predecesores durante los últimos 40 años (es decir, desde 1980). Pero la realidad es que la situación se ha complicado y ha llegado a nivel de crisis durante los últimos dos gobiernos del PAC. Cierto, el Estado creció en exceso a partir de la década de 1980, pero siguió creciendo durante las décadas siguientes, incluso bajo los últimos dos gobiernos del PAC. Más importante, el déficit postcrisis 2080 rondó con un promedio de 2,7% y cerró con 1.6%. En la primera mitad de la década de 1990 el déficit se encontraba en 2,9%, aunque en 1991 llegó a 5.4%. Luego se mantiene a niveles razonables durante la administración de Don Miguel Angel Rodríguez y el Dr. Pacheco.

En la segunda administración del presidente Arias Sánchez se presenta, por primera vez en los 40 años referidos, un superávit, pero luego la crisis del 2008-2009 contribuye y el gobierno cierra con 3.3%; Doña Laura concluye su gobierno con 5.4%. Era aquí donde se requerían medidas contundentes para controlar un déficit alto, pero que no se podía caracterizar de crisis. Luis Guillermo Solís lo deja en 6,2% y sigue creciendo en la administración de Carlos Alvarado hasta el 7% en sus primeros dos años prepandemia. En suma, la crisis pudo haber sido evitada durante las administraciones del PAC y en cambio siguió creciendo, 7 años después, cuando los peores efectos de la recesión del 2008 se habían resuelto.

En el 2018 el presidente Alvarado logró que el congreso le aprobara la reforma fiscal. Sin embargo, no parecía tener interés en reducir el déficit fiscal sino contar con recursos para seguir gastando. Prueba de ello el contraste falaz entre retórica y acción. En efecto, el presidente Alvarado lideró una campaña en favor de la racionalización del gasto mediante la regla fiscal, mientras preparaba su presupuesto para el 2019 con un incremento del 17% con inflación cerca del 0%. Luego vino la pandemia que nos complicó todo el panorama sanitario y económico.

Así la evidencia histórica no justifica la excusa del presidente Alvarado de que el problema es tan complejo que no se ha podido resolver en los últimos 40 años. El problema existía, alimentado por las secuelas de la recesión del 2008, pero adquirió nivel de crisis en las dos administraciones del PAC, por lo menos hasta la aparición de la pandemia. Y un hecho sigue siendo cierto y punto central de la oposición popular a su propuesta de negociación con el BID: si el 80% es de naturaleza contributiva y solo el 20% de aporte a la economía, el déficit seguirá creciendo y la débil economía no aportará más empleo. Esa relación 80/20% puede aportar los recursos para que el presidente siga gastando, pero una situación aún más grave en empleo y economía será su peor legado. La falta de visión del presidente será combustible para alimentar una oposición crecientemente explosiva. Más aún cuando la oposición tiene una base justa, pero carece de liderazgos constructivos que nos lleven a la solución del problema nacional, exacerbado por la pandemia.

 

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