Eduardo Carrillo: La reforma y el Estado que yo quiero ¿Cuál es el suyo?

No debemos repetir lo mismo porque la crisis nos esperará a la vuelta de la esquina. Es el momento de reformas profundas, tal vez de un punto de inflexión similar al que produjo la adopción de la segunda república.

0

Eduardo Carrillo Vargas, (Ph.D. Administración).

El Gobierno equivocó la formula que tiene el rechazo generalizado de la población. Un 80% del préstamo del BID lo paga el pueblo con nuevos tributos y el 20% restante lo aporta la reducción del gasto público. La fórmula debe invertirse: que el 80% sea producto de las reformas del Estado y el 20% aporte tributario. No me refiero a estas cifras en forma precisa y rígida, sino a la dirección de una reforma necesaria, pero cuyo eje es la equidad en una perspectiva de corto, mediano y largo plazo. La fórmula invertida tiene sentido económico: pone dinero en manos del consumo, lo que a su vez crea demanda y ésta genera empleo. La fórmula del gobierno genera los efectos contrarios.

Esto no es teoría. Hay muchas fuentes para que el Estado pueda reducir sus gastos y bajar sustancialmente la deuda externa. A continuación, algunos ejemplos:

  1. Primera decisión heroica: hacer que el Banco Central invierta $1000 millones en bonos del Estado, con un período de gracia y bajos intereses. Aparentemente no hay contradicción ni impedimento legal, porque ya el Banco Central invierte en bonos en el exterior. Repatriarlos produce el efecto del Estado (BCCR) ayudando al Estado, en una coyuntura de urgencia nacional. Además, el Banco Central no pierde nada. Simplemente convierte dinero (ya invertido en bonos en el exterior) en bonos nacionales
  2. Reducir el préstamo del BID en esos $1000 millones que aportaría el Banco Central.
  3. Tenemos un sistema bancario estatal de 4 o 5 bancos. Son muchos para nuestras necesidades. Se pueden vender uno de los dos gigantes y lograr una suma sustancial para bajar la deuda. Téngase como trasfondo que nuestro sistema bancario perdió, por simple ineficiencia (doblar los costos de intermediación) mucho de sus objetivos sociales originales: democratizar el crédito e incentivar la economía (documentado por OCDE y el Estudio Estado de la Nación).
  4. Ejecutar el proyecto CERRAR propuesto por Ottón Solís.
  5. Reducir a un mínimo esencial el régimen de adscripción. Devolver esas funciones a los respectivos ministerios.
  6. Eliminar IFAM, el ministerio de descentralización y la entidad que representa la asociación de municipalidades (ya varias se han retirado porque no la ven necesaria y porque involucra un costo innecesario). IFAM cumple algunas funciones financieras y de capacitación para lo cual hay entidades públicas y privadas mejor preparadas para ello.
  7. Eliminar el CNP y FANAL. No hay razones sociales importantes para mantener ambas con respiración artificial. El MAG debe asumir las funciones del CNP y liberar la compra de productos alimenticios a las organizaciones locales.
  8. Eliminar todo cargo vacante y no crear nuevos puestos en los próximos 5 años. Los propios jerarcas han identificado excesos hasta del 50% de personal. Obligar y facilitar el retiro de toda persona que tenga la edad requerida por la ley.
  9. Eliminar el INVU o el Ministerio de Vivienda por son incompatibles y redundantes.
  10. Abrir la competencia en materia de energía y carburantes para bajar costos.
  11. Modificar la legislación para permitir la exploración y explotación de recursos naturales bajo estrictos controles ambientales.
  12. Modificar las prácticas presupuestales y adoptar un sistema de asignación de recursos por resultados esperados y logrados.

La cuarta revolución industrial ¿Raíces de la tercera república?

Todo lo anterior es relevante y debe producir ahorros sustanciales, a la vez que simplifica y reduce el tamaño del Estado. Eso redundará en más gobernabilidad. En su forma actual el Estado impone una condición de ingobernabilidad permanente. Además, es un Estado dividido y conflictivo como la ha demostrado la reforma fiscal. No debemos repetir lo mismo porque la crisis nos esperará a la vuelta de la esquina. Es el momento de reformas profundas, tal vez de un punto de inflexión similar al que produjo la adopción de la segunda república.

El mundo cambió, pero nuestro gobierno, de una manera general, marcha por el viejo camino. El Gobierno y todo el país debe repensar si estamos haciendo lo correcto o si necesitamos un golpe de timón. El país no ha hecho cambios sustanciales en décadas recientes, mientras la cuarta revolución industrial se impone y ha sido plenamente adoptada por países que, hasta hace poco, tenían los mismos problemas de subdesarrollo que el nuestro (ejemplos: Corea del Sur y Singapur).

Nos encontramos en un curso que llamaría convencional. Pero los retos del entorno requieren modificaciones que apenas hemos tocado superficialmente, especialmente con el TLC y lograr que INTEL ponga parte de sus plantas en territorio nacional. Esto y el turismo ecológico resumen nuestros principales logros en varias décadas.

Pero mientras nosotros le dedicamos años a meditar sobre la renovación del Estado costarricense, las demandas exteriores se encuentran en una condición de cambios constante. El cambio mismo cambia, en la medida que procesos en marcha son renovados en tiempo real. Nuestras necesidades demandan un crecimiento no inferior al 5% anual, nivel que hemos alcanzado en el pasado y en otras circunstancias y otras metas que ya no tienen sentido.

El TLC cambió nuestra economía, dependiente de unos pocos productos de exportación, a varios miles de rubros y a varias decenas de países, mientras INTEL aportó nuevas tecnologías y un cambio importante de la composición laboral del país. Pero nuestro progreso es lento. La competitividad del país hoy se alcanzaría con la incorporación a la nueva economía, que significa ingresar plenamente a la cuarta revolución industrial, dominada por la globalización y la creación de nuevas tecnologías digitales, incluida el aporte de la inteligencia artificial. Son fenómenos reales que dominan la totalidad de la economía y de nuestras vidas.

Una parte importante de lo que hacemos seguirá haciéndose. Pero necesitamos hacer mucho mas y mucho más rápido. Es llevar los procesos digitales a todos los campos de la economía y de nuestras vidas sociales. Hoy participamos más en la posible reforma porque tenemos los medios digitales para el rápido acceso a la información y al aporte de nuevas ideas. Es otra Costa Rica, pero siguen dominando contenidos y métodos que se han vuelto obsoletos.

La Costa Rica que yo quisiera requiere de una nueva visión del país y de la sociedad que queremos ser; con mayor autoridad ejecutiva, pero sin los tropiezos que la judicialización ha impuesto. Aunque jurídicamente esa autoridad resulta de nuestra condición de Estado unitario, el régimen descentralizado corre con colores propios y limita la unidad nacional de metas, como lo ha demostrado la aplicación del proyecto fiscal. El Estado es un aparato inmanejable que no da respiro al gobernante para reaccionar frente a la velocidad con que se mueve la cuarta revolución industrial. Achicar el Estado no es cuestión ideológica. Es la forma de liberar espacios para diseñar e implantar nuevas estrategias de desarrollo.

Una nueva estrategia para el nuevo mundo de la cuarta revolución industrial tiene un eje principal: la educación. Y este se uno de los grandes escollos, por su tamaño físico y por su organización en territorios que cada cual protege. Si la educación es el eje de la reforma, el presidente de la república debe tener mayor autoridad y presencia en ella. La organización no puede estar partida por niveles, sino que debe articularse en contenidos y procesos en todos sus niveles: primario, secundario, terciario, público y privado. No sólo porque es la fuente para preparar a nuestra juventud, sino porque es la semilla de los nuevos insumos que la nueva economía requiere.

En suma, mi visión personal es que tenemos que reacomodar el monstruo estatal que hemos creado para reducir sus costos y resolver el serio problema de la deuda externa. Recordemos que en el 2019 nos costó la friolera de 28 billones de colones, equivalentes al 75% del PIB. Hacer la reforma tiene sentido institucional limitado. Más temprano que tarde las mismas crisis que hoy nos angustian estarán esperando a la vuelta de la esquina. Necesitamos nuevos Estado y Gobierno que nos metan de lleno en la nueva economía. Es una tarea enorme que tenemos asumir con disciplina, unidad, energía y rapidez, porque la velocidad del entorno es enorme y fácilmente quedaríamos atrás, condenando a la población a los mismos problemas que hoy queremos resolver.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...