Eduardo Carrillo: No hay democracia sin desarrollo planificado

El hecho concreto es que tenemos todos los recursos necesarios para elevar el nivel de vida del costarricense, pero aquí también es necesario hacer reformas sustanciales.

Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

No hay democracia sin desarrollo planificado
Buena idea reproducir el artículo de Don Oscar Arias Presentación del Plan Nacional de Desarrollo 24 de Enero de 2007. Y buena la ocasión para distinguir la personalidad, el pensamiento y la obra de Don J. M. Dengo. Me hace recordar, de mis lecturas de historia, a otro personaje de gran valía: Don Julián Volio, que no fue presidente de Costa Rica, pero debió serlo. En todo caso, mucho le debemos los costarricenses a estos extraordinarios personajes. Y, para cerrar, también lamento que la buena política nacional haya perdido mayores aportes de Kevin Casas. Gracias a Don Oscar por sus notas, siempre oportunas porque nos recuerda dónde estamos y cuánto hemos avanza o retrocedido. Gracias también a la Redacción de La Revista por su publicación.

No tenemos a esas figuras excepcionales, pero la pregunta es si tenemos la ambición y la sabiduría para cambiar de rumbo, cuando el país anda tan extraviado. ¿Podremos enfrentar los retos que nos imponen las circunstancias, cuando los problemas sociales se agudizan y una buena parte de la población dice que no importa el sistema, la democracia, sino lo resultados?

Sobre el tema de la planificación, quiero aprovechar la oportunidad para enfatizar dos o tres aspectos sobre los cuales he escrito en ocasiones anteriores. Trataré de resumir:

Primero: carecemos de Políticas de Estado (PE) porque la clase política que ha venido dominando en años recientes no tiene las competencias necesarias para ello. Por eso he propuesto la creación de un grupo técnico que sirva de músculo para el político. Se encargaría de diseñar las PE siguiendo la decisión política nacional, elemento articulador de las políticas sectoriales. El grupo es, desde luego, estable y apolítico, seleccionado por algún proceso que garantice sus competencias y el entendimiento claro de su función apolítica, auxiliar del Jerarca que comanda la política (no confundir con los asesores que nombran los políticos, generalmente para pagar compromisos de campaña adquiridos). Sin PE volamos como hoja al viento. No como ave: con rumbo.

Segundo: las políticas deben tener una estructura definida. De hecho, debería tener cuatro componentes centrales que permee toda la administración pública: el enunciado de las grandes metas, consecuentes con la política nacional; las principales acciones que abarca; los recursos; y, resultados esperados. El grupo antes mencionado, usando tecnologías disponibles, pueden darle seguimiento a la ejecución de las políticas, sin interferir con los niveles operativos, aunque sí informando al Jerarca (presidente y ministros) de posibles desviaciones, obstáculos y correctivos.

Tercero: La articulación Metas—) Acciones—-) Recursos—-) Resultados Esperados —-) debe ser el eje de la administración pública. Pero hay que agregarle un quinto componente: la rendición de cuentas, como un elemento funcional y permanente en todo proceso de gestión, no solo al final de un período anual, cuando ya es muy tarde para hacer correctivos. El equipo técnico ya mencionado tendría la función de garantizar la presencia de los 4 elementos mencionados y activar los mecanismos de control cuando se presenten desviaciones en cualquiera de ellos. Sin embargo, debe conservar su carácter de asesor apolítico y mantener a los jerarcas informados sobre sobre los correctivos necesarios para asegurar los resultados esperados. Debe notarse aquí la relación entre el modelo de gestión pública, producto de la estructura de las PE, específicamente sobre los resultados esperados y el sistema de evaluación del desempeño recién adoptado. Ambos tienen que ser compatibles, es decir, en general, sin buenos resultados esperados no puede haber buena evaluación del desempeño. El segundo es función de los primeros.

Cuarto: Volver la vista atrás en nuestra historia. Los grandes cambios que se han producido han sido al margen de la democracia. En nuestro pasado era frecuente prescindir del congreso porque interfería con la labor ejecutiva. Lo hicieron gobernantes como Braulio Carrillo, Juanito Mora, Jesús Jiménez, Tomás Guardia, Calderón Guardia y José Figueres, entre otros, cuyos aportes hoy valoramos. En la actualidad muchos países, algunos de corte autoritario, han logrado enormes progresos económicos y sociales y han generado el apoyo de las grandes mayorías. La razón es obvia: la política pública y su ejecución es competencia de todo el gobierno, pero de manera particular del Poder Ejecutivo, en nuestro caso, prácticamente anulado por un judicialismo extremo, indisciplina política y civil, desarticulado aparato estatal enorme y a la vez frágil, confusos regímenes de autonomía con frecuencia contrarios a nuestra condición constitucional de Estado Unitario, entre otros obstáculos. Tal vez no tengamos personalidades políticas de la estatura de Dengo, Facio y Volio antes mencionados, pero si queremos gobiernos que procedan en forma acorde con nuestro complejo y a la vez peligroso futuro, necesitamos urgentemente encontrar la forma de tener un ejecutivo institucionalmente fuerte y un congreso que, como ocurrió con excesiva frecuencia en el pasado, no tengamos que dejarlo de lado para poder avanzar. Hoy las instituciones del Estado están funcionando contra “el objetivo cardinal de la política: el mejoramiento de la calidad de vida de los hombres y mujeres de una nación”. Es también objetivo cardinal de una sólida democracia, que debemos construir.

Finalmente quiero agregar unas notas sobre los recursos, tema sobre el cual hay una especie de engaño colectivo. El hecho concreto es que tenemos todos los recursos necesarios para elevar el nivel de vida del costarricense, pero aquí también es necesario hacer reformas sustanciales. Hay evidencia objetivo de lo que afirmo. Piénsese en estas verdades:

  • Según la CGR nuestro presupuesto, desde antes de la pandemia, alcanza el equivalente a un 75% del PIB, muy por encima de la mayoría de los países.
  • La planilla pública, como proporción del gasto público total, es la más alta del planeta si se compara con la media de cualquier región del mundo (OCDE).
  • El gasto en educación como proporción del PIB es el segundo más alto del planeta, solo superado por Noruega (OCDE).
  • Se nos miente cuando nos hablan del déficit fiscal, algunas veces como el problema No. 1 de país. El problema no es el déficit, sino el método de distribución de recursos y un presupuesto rígido. Este error nos llevó a obtener un préstamo cercano a los $2000 millones. De nuevo, la contraloría nos dice que una cifra muy parecida es lo que se podría ahorrar de los recursos del presupuesto público se centralizaran en el Banco Central, sin ningún perjuicio para las entidades respectivas. Hay un proyecto en el Congreso que por razones incomprensibles no progresa.

Don José Manuel Dengo era un gran pensador y mejor realizador. También lo fue Don Rodrigo Facio y Don Julián Volio. Lo fueron los expresidentes antes mencionados en estas notas. Y, no olvidemos el acto heroico de Don Oscar Arias que enfrentó a las más poderosas jerarquías mundiales y llevó la paz a toda la región ¿Serán rasgos criollos que, con modestia, podemos imitar? ¿Aparecerán para el momento crítico que encara la nación? ¿Seremos consecuentes con las mayorías que viven en pobreza y desigualdad? O, ¿Le cerraremos el camino a una democracia plena, en equidad, y, como decía mi madre, que la virgen santísima nos proteja?

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