Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

Que la democracia está en crisis es evidente por la muy frecuente referencia, en los medios de comunicación, nacionales e internacionales, con artículos y entrevistas de expertos, cuyos contenidos son, a mi juicio, contradictorios y sesgados. Entre las contradictorias, me parece, sobresale la crítica frecuente a sistemas populistas, de izquierda o derecha. Una crítica equivocada e improductiva. El populismo no es el responsable de nuestros males. Lo es el mal gobierno y una democracia a medias que arrastra notables carencias y, sobre todo, grandes focos de pobreza y desigualdad.

Entre los sesgos, el más frecuente es el que se centra en las libertades civiles. Son los sectores educados y económicamente privilegiados los que sienten más el deterioro de esas libertades, entre las que sobresale la libertad de expresión personal o por los medios de comunicación. Estos son los sectores educados y que han logrado niveles satisfactorios en lo económico los principales críticos de las libertades civiles. Por supuesto, son importantes, pero la democracia liberal es un concepto más amplio, que incluye, sobre todo, el bienestar integral de la población, sin exclusiones. Y en nuestro país, igual que en la mayor parte de la región ese bienestar no llega.

Dice el Dr. Eduardo Lizano, citando a Mukend y Rodrik, que la democracia es “…un sistema político, social y económico basado en un conjunto de derechos y garantías (la sociedad costarricense, por ejemplo), del cual deben disfrutar todos los miembros de un determinado conglomerado humano…sin discriminar ni excluir a ninguno de sus miembros. Estos autores distinguen tres grupos de derechos y garantías: los políticos, los cívico-sociales y los económicos”. Y agrega el Dr. Lizano: “Los tres grupos son condición necesaria de la democracia liberal. Están estrechamente entrelazados. Si alguno de los tres hace falta o queda muy rezagado con especto a los otros dos, no podría hablarse, en realidad, de democracia liberal” (énfasis agregado).

Escribo estas notas porque me parece que hay un patrón de enfoque bastante pronunciado: primero la crítica a los populismos está fuera de base. Hay que centrar la crítica en las fallas propias de nuestra democracia en las tres dimensiones que anota el Dr. Lizano. El populismo no es el origen de los problemas de la democracia, sino del mal gobierno; y, segundo, en cierta forma el énfasis en las libertades civiles que, por sí mismas, representan algo contrario a la democracia misma: los privilegios de grupos educados que, generalmente, son parte de los estratos económicos superiores, de por sí un producto de la exclusión.

La cuestión de fondo es como podemos fortalecer una democracia que funcione para todos. La solución todos la conocemos, pero deberíamos de persistir en señalar los grandes problemas nacionales y sus soluciones. Con una meta muy contundente: que nos lleve a una situación de unidad nacional relativa a los programas que debemos ejecutar para recuperar esa democracia que se nos ha ido cayendo en pedacitos con el pasar del tiempo. Y me atrevo a brindar algunos ejemplos de disfuncionalidad de nuestra democracia. Creo que hay excelentes estudios bastante precisos sobre nuestra problemática política, económica y social. El propio Dr. Eduardo Lizano nos ha enseñado una posible ruta de corto, mediano y largo plazo para subir al peldaño donde se encuentran los países de ingreso alto. Veamos, a título de ejemplo, algunos de nuestros grandes obstáculos que nos podría llevar a una democracia robusta, cuya meta es el bienestar total de la población.

  • Sistema electoral. Diría que es una pieza de lujo, visto en términos de su limpieza, pero un fracaso en sus objetivos: opciones programáticas extraviadas o inexistentes entre 25 partidos de la última campaña; incumplimiento frecuente del mandato electoral (las estructuras políticas no hacen lo que prometen); y un negocio especulativo con los aportes financieros del TSE a los partidos, que en todo caso es complejo en su aplicación. El primer poder de la república (congreso) se ha vuelto un proceso hereditario de familias o cuates de partido. Hay poca participación popular y la calidad legislativa es pobre. Su representación soberana es frágil. El congreso excede sus atribuciones y entra en choque con el ejecutivo.
  • Poder Ejecutivo: jurídicamente somos un Estado Unitario, pero sin autoridad para movilizar el recurso público hacia el cumplimiento del objetivo principal de la democracia: el bienestar colectivo sin exclusiones. Un judicialismo extremo y un aparato institucional paquidermo y engorroso le impide actuar. Una mala interpretación de los principios de autonomía, independencias y adscripciones confrontan su autoridad y son fuente de dispersión de recursos.
  • Poder judicial: Acabó con el principio de justicia pronta y cumplida. La Nación de hoy, 11/12/2022, tiene dos ejemplos: 14 años de tormento por falsa acusación; y, el caso del expresidente Dr. Miguel Angel Rodríguez, 1998-2002, declarado prescrito 20 años después, mientras la Fiscalía insiste en mantener el juicio por peculado contra el exmandatario. La judicialización extrema puede ser el más grande obstáculo para ejercer el gobierno.
  • Institucionalidad: más de 300 entidades públicas, duplicitarias, ineficientes y contradictorias, conforman el Estado costarricense. Inmanejables para cualquier gobernante.
  • Recursos: no es una limitante importante. Hace unos 4 años el Estado nos costaba el equivalente al 75% del PIB. Las cifras comparativas dan cuenta de esto: la media de Brasil, Argentina y Uruguay era entonces el 38% del PIB y la media de los Estados del Bienestar (Noruega, Suecia y Finlandia) el 52%. La crisis fiscal es un cuento chino. En realidad, hay un problema de manejo presupuestal y criterios de distribución del gasto. Y mucho despilfarro. OCDE parece concordar cuando nos dice que la planilla laboral, como proporción del gasto público es la más alta del mundo, comparada con la media de cualquier región del planeta.
  • Dualidad Político/técnica: los políticos han fracasado en administrar el Estado desde hace varias décadas. Los indicadores nacionales confirman que el político tico generalmente adolece de las competencias para administrar organizaciones complejas como el Estado mismo y sus instituciones: CCSS, INS, MOPT, MEP, etc. Y, los que tienen competencias privilegian el interés político sobre el nacional. Entre otras consecuencias, el país no cuenta con Políticas de Estado (PE), que deberían definir nuestro curso hacia la buena democracia (necesitan un equipo técnico institucional, apolítico y permanente para diseño de sólidas PE y vigilar su cumplimiento, eliminando las asesorías, fuente de corrupción personal y política).
  • Ejecución: los ministros deben sacar sus manos de la ejecución. Esta es una tarea de gerentes altamente competentes, estables en función de desempeño. Son los encargados de ejecutar las PE y otras políticas de órganos inferiores y entregar los productos y servicios de la democracia a la población. Se seleccionan por algún mecanismo especial que garantice las competencias necesarias. Se evalúa su labor por resultados esperados que le impone la superioridad política (fuente de estabilidad o pérdida del cargo sin responsabilidad patronal).
  • Arquitectura institucional inadecuada: la centralización mesetera es fuente de inequidad en perjuicio de las ciudades periféricas y el campo. El régimen municipal, 84 y contando, es una costosa dispersión de recursos y politización del Estado. El país necesita una docena de regiones con funciones reales de gobierno, recursos y mayor autoridad. La centralización de recursos en la meseta central es un atractivo para la corrupción.
  • El período de gobierno es muy corto para una tarea sustantiva. Debemos evolucionar a períodos de 6 años de gobierno o permitir la reeleccion continua por una única vez.
  • Nueva Constitución. La actual se volvió obsoleta frente a las nuevas realidades del entorno.
  • Somos un país indisciplinado, tal vez por educación o por falta de unidad de propósitos. Cualquiera sea el caso, la democracia necesita la colaboración de las grandes mayorías.
  • Educación: es una de nuestras grandes crisis. Debería ser un sistema y ajustarlo a las exigencias del mundo moderno. Un sistema mejor articulado en todos sus niveles posiblemente podría dar más frutos que la organización actual.

Estos son algunos ejemplos de los problemas que encara el país. Por supuesto hay mucho más para abarcar, pero tenemos el beneficio de estudios serios que nos marcan el camino hacia una democracia robusta. Se destacan las recomendaciones de los “notables”, los informes frecuentes del Estudio Estado de la Nación y, más reciente, el documento de don Eduardo Lizano, titulado Después de la Pandemia: una visión de largo plazo. Don Eduardo le ha dado un generoso regalo a la Nación y un mapa de ruta al desarrollo, pero hay que derribar obstáculos que nosotros mismos hemos creado.

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Por Eduardo Carrillo

Ha colaborado con varios gobiernos, desempeñándose principalmente en el área de la salud pública. Laboró con organismos internacionales y es consultor. Analista y comentarista. (Ph.D. Administración).