Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

La democracia está en crisis y el caso argentino y costarricense enfrentan grandes retos para lograr su principal objetivo: el bienestar social sin exclusiones ¿A cuál democracia nos referimos? Porque hay grandes diferencias en su aplicación entre los países de la región, o incluso a nivel mundial. Para los efectos de estas reflexiones, tomamos como parámetros la posición que asume Don Eduardo Lizano en una publicación reciente (*): un sistema político, social, económico basado en un conjunto de derechos y garantías, del cual deben disfrutar todos los miembros de un determinado conglomerado humano. Esos derechos y garantías son esencialmente tres: los políticos (democracia representativa), los cívico-sociales (bienestar social) y los económicos (crecimiento económico, progreso material).Si alguno de los tres hace falta o queda muy rezagado con respecto a los otros dos, no podrá hablarse de democracia liberal”. Bajo estos parámetros Costa Rica y Argentina no califican como democracias.

En breve resumen de situaciones complejas, quiero destacar los siguientes aspectos:

Sobre Argentina:

Primero: la democracia se puede ver de distintas maneras. Simplificamos estas reflexiones destacando que su objetivo final es el bienestar colectivo, sin discriminación. La pobreza en Argentina ronda el 40%, casi la mitad de la población. Este simple hecho, la descalifica como democracia.

Segundo: Argentina acaba de elegir su nuevo presidente Sr. Javier Milei, quien anuncia un cambio estructural profundo. Incluye la dolarización de la economía, eliminación del Banco Central y venta de activos públicos. Milei lo dice con claridad: es un cambio a la derecha extrema y una dependencia total de las fuerzas del mercado.

Sobre Costa Rica:

El costo del aparato público en Costa Rica supera el equivalente al 75% del PIB, sin que los problemas que encara el país alcancen solución. La pobreza nos aleja del objetivo de la democracia, de acuerdo con el parámetro antes mencionado. Hoy supera el 20%, afectando hoy a unos 400 mil habitantes. Ese doloroso problema lo venimos arrastrando por más de 30 años. La desigualdad es una de las más altas de la región, pero también del mundo.

¿Es posible el cambio que ambos países necesitan?

Ambos países, Costa Rica y Argentina, necesitan reformas estructurales profundas, acordes con sus respectivas problemáticas. Sin embargo, hay riesgos.

La reforma que propone Milei, puede ser un paso adelante para caer al precipicio. Las razones principales son:

  • El modelo libertario que Milei aplicaría ya fue probado en Chile y se hizo bajo condiciones ideales: autoridad ejecutiva total, derivada de la dictadura; un equipo de jóvenes profesionales muy bien preparados por uno de los padres de la filosofía liberal y premio Nobel Milton Friedman; y 17 años de la dictadura haría posible aplicar el modelo, valorar resultas, hacer ajustes, etc.
  • El sistema liberal fracasó: al concluir la dictadura en 1987, la pobreza fue del 45%, con un 17% en pobreza extrema. El ingreso medio de la fuerza laboral era entonces más bajo que el de 1973.

La Reforma necesaria:

Para Milei, la gran debilidad está en la frágil representación en el congreso, lo que neutraliza su fortaleza política. Y los riesgos que enfrenta aplicando soluciones que fracasaron en Chile, a pesar de las condiciones favorables ya señaladas.

Costa Rica también tiene sus preocupaciones. Sus grandes éxitos se dieron al margen de la democracia. Ejemplos: Carrillo, Mora, Guardia y Figueres. Todos ellos cerraron el congreso para llevar a cabo los cambios que el momento requería. Los hizo también Don Jesús Jiménez y, en los 40, la reforma del Dr. Calderón produjo una grave crisis política que llevó a la revolución del 48 y a la dictadura de Figures, por 18 meses.

Hoy el país está atrapado en la inmovilidad. El congreso está en conflicto con el presidente Chaves y la prensa que lo alimenta con diarios ataques al ejecutivo. Tampoco tiene el presidente una estrategia para el cambio que necesita el país.

Tenemos algunas ventajas sobre Argentina: el problema no es tan agudo; el país no esté tan polarizado en ideologías; tenemos buen recurso humano para el cambio; y, hay muchos y muy buenos estudios sobre nuestra problemática y las soluciones. Pero hay un problema político similar al que enfrentará Milei: componentes institucionales del Estado que no “se hablan entre sí”. Todos buscan la independencia y privilegios especiales, que debilitan la unidad del Estado (en contradicción con el artículo 191 de la Constitución).

Tal vez en nuestro caso puede haber esperanza: un movimiento y un acuerdo civil, apolítico, focalizado en problemas que obligue a la clase política a asumir el cambio. La vía tica podría inspirarse en la experiencia de Rodrigo Facio: superar el conflicto ideológico, focalizando problemas y soluciones. Hoy tenemos los recursos digitales que podrían facilitar un proceso de información/discusión para lograr ese acuerdo. La inmovilidad no es una opción. Los indicadores revelan una pérdida general de confianza en los pilares de la democracia. Puede conducir a futuros conflictos sociales.

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Por Eduardo Carrillo

Ha colaborado con varios gobiernos, desempeñándose principalmente en el área de la salud pública. Laboró con organismos internacionales y es consultor. Analista y comentarista. (Ph.D. Administración).