Eduardo Carrillo: Sin relación de confianza entre el Presidente y la ciudadanía

Cuando ya suenan los tambores de guerra política partidaria, es aún más complejo esperar una propuesta coherente al BID. En ese renglón, vivimos un entorno de desentendimientos y confusión

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Eduardo Carrillo Vargas, (Ph.D. Administración).

Un estilo de toma de decisiones cuando menos confuso interfiere con el proceso de comunicación política y civil que debería tener lugar en estos momentos difíciles para el país Varias personalidades han criticado a los diputados de sus respectivos partidos por no haber aprobado el préstamo del BID por $250 millones que, según el Ministro de Hacienda generaría ahorros sustanciales al cambiar deuda cara por deuda barata. La crítica parece injustificada.

Los diputados se han ido para sus casas a disfrutar de unos días de vacaciones con sus familias. En general el trabajo del congreso ha sido satisfactorio y entre sus éxitos resalta la aprobación del proyecto fiscal del 2018, el cual ha sido detenido en varias administraciones anteriores. Sin embargo, el país necesita más y, sobre todo, necesita más calidad en la toma colectiva de decisiones. Tal es el caso del proyecto de empleo público, un verdadero adefesio si no se corrigen una buena cantidad de modificaciones que empeoran la situación. La ruta que lleva ese proyecto hasta ahora tiene la capacidad para exacerbar los problemas que pretende corregir.

Pero el mayor problema del país sigue siendo la incapacidad del Gobierno para siquiera sugerir algunas líneas hacia una reforma estatal, más o menos de fondo. El tamaño del Estado es absurdo, como lo es su costo que, en prepandemia, equivalía al 75% del PIB. Lo cual sugiere que el problema fiscal es un absurdo y en todo caso producto de una situación institucional y de los procesos por los cuales se reparten los recursos entre las instituciones del Estado. Aunque de vez en cuanto el presidente Alvarado nos dice que las reformas vienen, los tiempos políticos prácticamente se han agotado. Ya el país se encuentra en campaña presidencial.

Volviendo al préstamo BID por $250 millones, el problema es que los diputados no tienen información sobre su utilización. Por supuesto el país gana, si cambia deuda cara por deuda barata, pero no hay garantía de que la Administración Alvarado cumpla. El riesgo es que, simplemente, los recursos sean utilizados para mayores incrementos del gasto y un crecimiento más acelerado de la deuda externa.

El presidente Alvarado oculta información y los ministros de la presidencia, 4 en casi tres años de gobierno, no aparecen en el congreso. La nueva Ministra de la Presidencia, no parece tener las competencias requeridas para lograr un entendimiento con los miembros del congreso, cuyas jefaturas de fracción se han manifestado en contra de su designación. Las negociaciones con el BID empezarán en la segunda semana de enero y ya parece tarde para que el Presidente y el congreso lleguen a un entendimiento de mínimos, seguro requerido por BID, pues el congreso eventualmente tendrá que aprobarlo. Entre las dudas que marcan la desconfianza del congreso, sobresale si la meta de reducir el déficit en un 3% del PIB es suficiente para el BID. Tampoco hay claridad sobre los usos de los $1750 millones que prestaría el BID.

Me excluyo de los críticos de la negativa del congreso en aprobar el préstamo por $250 millones por el BID. Hay dos problemas fundamentales que generan la desconfianza del congreso sobre el ejecutivo. Uno es la falta de liderazgo del presidente y su mal manejo de todo el proceso de información, incluyendo la pérdida de 3 semanas en la consulta inútil de las mesas sectoriales. Otra, la comprensión del presidente de la situación de crisis. Si tuviera claridad en temas de economía no habría surgido la absurda propuesta del 80/20, cargada de impuestos inviables porque el país simplemente no tiene la capacidad para aportar esos tributos.

Más resonante, me parece a mí, que el presidente haya usado en el 2018 una retórica de racionalidad en el manejo de los recursos públicos y de la regla fiscal, cuando su propio presupuesto del 2019 creció en un 17%, según cifras oficiales de la Contraloría General de la República.

Finalmente, hay dudas de que una reducción de gastos en un 3% del PIB satisfaga al PIB, cuyo detalle tampoco conoce el congreso y la ciudadanía, sea suficiente para lograr el préstamo del BID. Todos estos elementos en conjunto son los que condicionan la respuesta del congreso, que no debemos ignorar, ha logrado acuerdos importantes en apoyo a la Administración Alvarado.

Cuando ya suenan los tambores de guerra política partidaria, es aún más complejo esperar una propuesta coherente al BID. En ese renglón, vivimos un entorno de desentendimientos y confusión.  Es una fase negativa del entorno político nacional, producto de la incapacidad de comunicación del Gobierno y de las dudas crecientes sobre su capacidad para llevar al país por la vía de la superación de problemas que ya veníamos arrastrando y que se han complicado con la pandemia. Nubes de incertidumbre condicionan la confianza del país en el presidente y su gobierno.


 

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