Eduardo Carrillo: Urge un plan integral, pero de qué alcance

En esencia, el problema es si tenemos la disposición para diseñar un nuevo Estado, cuyo norte sea la equidad y cuyo principal recurso sea la eficiencia, haciendo lo que debe y puede hacer bien, dejando para el resto de la economía las tareas que hoy hace mal.

0

Eduardo Carrillo Vargas, (Ph.D. Administración).

Me gustan los artículos y notas de don Guillermo Zúñiga que leo con frecuencia. Uno de ellos lo titula “Urge un plan integral”, en apariencia limitado al sector económico, aunque lo amplía más en la parte final cuando se refiere a “el excedente para financiar el estado de bienestar”. Me preocupa que el crecimiento previsto en un 3,2% cayó al 2.2% y que las previsiones para el año entrante sean solo de 2,6%. El mensaje es claro: la situación empeora, pero en lo personal siento que todos esos indicadores explican poco los grandes problemas nacionales, o que, incluso, sus causas subyacentes sean más institucionales que económicas.

Costa Rica necesita revisar las bases estructurales de su democracia, cuyo instrumento principal es el Estado. La coyuntura actual no es, en complejidad, inferior que la que enfrentaron nuestros revolucionarios de la década de 1940. O, incluso, que, en muchos sentidos, esté asociada con la aplicación de las ideologías que le dieron sustento a la Segunda República. Me parece que el crecimiento económico sufre porque tenemos un Estado oneroso, cuyo presupuesto actual supera los 23 billones, integrado por más de 330 entidades públicas y un pequeño ejército de más de 300 mil funcionarios públicos, imposible de administrar. Como en la década de 1940, el país depende de una visión integral de cambio y de mucho carácter para ejecutarlo.

El despilfarro es descomunal, pero los factores subyacentes son aún más complejos y de implicaciones más dolorosas. La Segunda República se construyó con el impulso que le dio la revolución del 48, pero hoy no tenemos un “motor” que “empuje” con la fuerza que los cambios requieren. Todo lo contrario, la debilidad institucional confabula en favor del estatus quo.

En este entorno, dominado para una variedad de crisis, todos nos hacemos preguntas y especulamos sobre sus consecuencias, pero evitamos las respuestas que retan la racionalidad y tranquilidad misma de un país que claramente perdió su rumbo y cuyos indicadores, que he venido compartiendo en forma reiterada, plantean una fuerte desconfianza en la democracia. Por supuesto, todos o la inmensa mayoría de la población prefiere soluciones en el marco de la democracia, pero las circunstancias de río revuelto hacen que algunos grupúsculos radicales se atrevan a plantear soluciones alejadas de la realidad del costarricense. De hecho, el país ha venido viviendo la dictadura de las minorías, que, envalentonadas por la debilidad política, se involucran en acciones que riñen con las tradiciones nacionales y que empeoran la situación y castigan con mayor severidad a los sectores que dependen más de los servicios públicos. Así, también se abren portillos para la imprevisión, el populismo, el autoritarismo o incluso la dictadura.

Permítaseme un poco de redundancia. A todo lo dicho se agrega, en términos reales, la ausencia de gobierno. El Estado conformado por más de 330 entidades públicas y un ejército de más de 300 mil funcionarios dispuestos a defender una variedad de privilegios, es ingobernable. Y esta es la semilla de las variadas crisis, incluso el empobrecimiento y el crecimiento de la desigualdad.

No soy economista y no pretendo referirme a la reforma en esa perspectiva. Sin embargo, veo dos caminos difíciles de transitar, pero esenciales si queremos cambiar. El primero es rediseñar el Estado, previa la adopción de un criterio que nos permita responder a ciertos imperativos sociales, a la vez que evitamos empresas públicas que sabemos son ruinosas en manos del Estado. El segundo es un crecimiento excepcional, mucho más acelerado que los que espera el Banco Central. Sin embargo, la dimensión y naturaleza de las crisis que arrastramos se puede concretar mejor con algunas respuestas que generalmente preferimos ocultar:

¿Somos un país, o un archipiélago de islas que rehúyen el esfuerzo conjunto que sus metas comunes reclaman? ¿Por qué mantener estructura municipal con 82 cantones que arrastran los mismos problemas del Gobierno Central? ¿Por qué no, digamos, una docena de regiones con capacidad real de hacer gobierno local y llevarlo más cerca de la población? ¿Por qué mantener con vida al CNP, cuyos objetivos ya no tienen validez? ¿Por qué gastar una millonada en un nuevo edificio para ese cadáver institucional? ¿Quién echaría de menos la desaparición del IFAM? ¿Por qué mantener el ejército de funcionarios, cuando ya empezamos a reconocer niveles de sobredotación incluso superiores al 50%? ¿Cómo es que, desde hace décadas, el Estado supera el rubro de pluses sobre el de salarios? ¿Por qué seguir pagando la electricidad más cara del mundo, con algunas pocas excepciones? ¿Por qué mantener una banca pública cuyos costos de intermediación doblan los normales y por tanto ha perdido sus objetivos primarios: democratizar el crédito e impulsar la economía? ¿Por qué pagar por la refinación de gasolina, que no se hace? ¿Por qué retardar o renunciar a obras por concesión, como el nuevo aeropuerto, que no requiere grandes desembolsos? Este tipo de preguntas, aplicadas a todo el Estado revelaría el gasto inútil de miles de millones de dólares, que explican nuestro despilfarro y nuestra pobreza. Precisamente esta mañana un programa radial se refería a una variedad de proyectos cuyos costos en algunos casos resultaron más del doble originalmente presupuestado. Por eso tenemos uno de los Estado más caros del planeta.

Por supuesto, parte del problema es qué hacer con toda la gente que el Estado paga y no necesita. Y es aquí donde el tema económico se vuelve insuficiente. Necesitamos un crecimiento no inferior al 7%, que nos permitiría trasladar, en cantidades sustanciales, recurso humano inútil y costoso, del sector público al privado.

Desde el campo político ha surgido, hace ya varios años, un planteamiento que parece tener gran sentido político, económico y social. Es un hecho probado con amplios estudios verificables, que el país tienen reservas acumuladas que hoy superan los $30 mil millones, fundamentalmente reservas laborales (incluidas las pensiones y fondos solidarios) y los excedentes de las empresas públicas. Si esos dineros fueran integrados en un fondo rotatorio para obra pública y se invirtiera en nuestra precaria infraestructura una cifra anual entre $2000 y $3000 millones anuales por un período de 10 años (que podría ser mayor), es posible que el país no solo logre encarar los problemas actuales sino alcanzar el desarrollo pleno. Una decisión de esta magnitud si aliviaría el costo humano de las reformas que requiere el Estado costarricense. Muchos de los costos de inversión se pagarían con tarifas de uso, otros con deuda pública, mientras los propietarios del capital lo aseguran con intereses de mercado. Los excedentes de las empresas públicas podrían ser no reembolsables, devueltos a sus verdaderos accionistas (toda la población).

En esencia, el problema es si tenemos la disposición para diseñar un nuevo Estado, cuyo norte sea la equidad y cuyo principal recurso sea la eficiencia, haciendo lo que debe y puede hacer bien, dejando para el resto de la economía las tareas que hoy hace mal. La crisis fiscal es una ficción. Tenemos recursos en exceso, pero los empleamos mal, lo cual explica los niveles de desigualdad y pobreza crecientes. Y, sí, cambiar requiere una visión integral y mucho carácter. Es posible que la población tenga esto más claro que la clase política. Así parecen confirmarlo los indicadores que demuestran un bajo nivel de confianza en nuestra institucionalidad. Puedo repetirlos: TSE 46%; gobierno 25%; congreso 20%; poder judicial 43%; partidos políticos 20% (Latinobarómetro 2017). Todos sabemos que hay un estado general de enojo y que el pueblo clama por el cambio ¿Despertará la clase política?

 

Si le interesa recibir información diariamente:

Del mismo autor le podría interesar:

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...