Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

Parálisis institucional: es evidente el conflicto interinstitucional que encara el país, como siempre, alimentado por los medios de comunicación. Y, también, por el estilo de comunicación del presidente Chaves. El resultado lo pagamos todos los costarricenses, a quienes nos exigen una fuerte contribución fiscal -entre las más altas de la región- al tiempo que se nos niegan servicios, brindados en condiciones de oportunidad, calidad y cantidad. Hoy, no solo arrastramos las crisis tradicionales, como infraestructura, salud, educación, sino que, por deterioro general, tenemos que agregar seguridad y acceso al agua potable.

¿Qué hace la clase política frente a la grave acumulación de crisis nacionales? Enfrentarse unos a otros y ocupar su tiempo en decisiones menores que no cambiarán la realidad nacional. Todo lo contrario, multiplican y agravan las crisis que afectan distintos sectores. En años muy recientes hemos visto el aporte indiferente de la banca central al desempleo, la pobreza y la desigualdad. Las relaciones interinstitucionales son conflictivas y en mucho se culpa de ello a la retórica explosiva del presidente Chaves. Pero, el conflicto principal con el congreso no es el mayor problema que enfrenta el país. Es su incapacidad legislativa para aportar a la solución de las crisis. Como dice su presidente, los diputados solo atienden proyectos “livianos” y, digo yo, ignoran las grandes crisis que enfrenta el país. Eso que no hacen, nos cuesta más de ₵48 mil millones anuales, sin agregar el presupuesto de la CGR, dependencia suya.

Tampoco funciona el Poder Judicial, incapaz de darnos justicia pronta y cumplida. Y, algo similar ocurre con las instituciones en algún régimen de autonomía, con presupuestos de lujo y pobres desempeños. La parálisis también afecta al poder ejecutivo, que muy poco tiene de “poder” porque yace maniatado desde la constituyente del 49, sin poder avanzar sus iniciativas, por restricciones producto de un judicialismo extremo y de diseño institucional redundante y hasta contradictorio, con un grave efecto en ingobernabilidad.

¿Qué hacer para superar este estado de parálisis institucional? ¿Cómo superar el entorno de confrontación y coincidir en decisiones que aporten a la solución de los grandes problemas nacionales? Y, ¿Cómo hacerlo con soluciones prácticas y coherentes, no como las de la banca central, que agrava las crisis?

Una salida a esta situación podría venir por la profundización de la crisis global de gobierno que encara el país. Caemos al precipicio y luego tendremos que ayudarnos unos a otros para salir del fondo. El problema de la seguridad ilustra lo que puede pasar con el inmovilismo: era un pequeño problema y ahora excede nuestras capacidades. Esta y otras crisis producen irritación social y su efecto acumulado nos puede llevar a mayores conflictos sociales y, tal vez, riesgo irreparable a nuestra frágil democracia.

En el corto plazo, la solución inmediata pasa por algo de difícil realización: superar el síndrome de la independencia de los poderes (y de las instituciones autónomas) que ha pasado a ser un mecanismo de defensa, frente a conflictos institucionales cada vez mayores, al punto de producir un Estado ingobernable, social, política y económicamente estancado. ¿Qué ha quedado oculto, enterrado? Entender que son parte de un esfuerzo común, en beneficio de toda la población, que demanda, igualmente, fuertes relaciones de interdependencia para que los procesos y recursos nacionales estén dirigidos a un fin común, el mismo de muestra debilitada democracia: el bienestar colectivo de todos los costarricenses, sin exclusión. En vez de conflictos, el pueblo quiere ver que las energías perdidas en ellos se inviertan en esfuerzos productivos que nos lleven por la senda del desarrollo. Senda que perdimos hace décadas.

Por Eduardo Carrillo

Ha colaborado con varios gobiernos, desempeñándose principalmente en el área de la salud pública. Laboró con organismos internacionales y es consultor. Analista y comentarista. (Ph.D. Administración).