Eduardo Carrillo Vargas: Elecciones Municipales y el Voto Protesta -“Notas de Tato”

Nuestra versión de democracia está agotada, necesita -no reformas parciales- sino total renovación


Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

¿Qué es el voto de protesta? Es la expresión de enojo y desencanto de amplios sectores de la población con los partidos tradicionales y los modelos de desarrollo que han venido aplicando. Es el disgusto con una democracia que mantiene o aumenta históricamente la pobreza, la desigualdad y el empobrecimiento de la clase media; y, con la clase política, incapaz de ofrecer una visión articulada hacia el logro del principal objetivo de la democracia: el bienestar colectivo, sin exclusiones.

Resultado de las elecciones municipales: 1) claro rechazo al proceso electoral: solo el 32% del padrón emitió el voto; 2) dispersión política y partidos taxi reducen la democratización electoral; 3) ningún alcalde obtuvo más del 15% de los votos emitido. Ejemplos: Alajuela: alcalde gana con el 6,1% del 28% de los votos emitidos, San José con el 24,4% del 23%, Cartago con el 43% del 14%; 4) el PLN no está solo en su fracaso. Perdió el país todo y, en mucho, el proceso electoral mismo, víctima del fraccionamiento político y del voto de protesta.

¿Desinformación, la gran excusa? “Nunca antes de previo a una elección, como ha ocurrido en las últimas semanas, habíamos sido objeto de una ofensiva digital de desinformación tan agresiva, llena de calumnias y discursos de odio, dirigidos contra las magistradas y magistrados de este tribunal”, en palabras de la Sra. presidente del TSE. Será que, además, es un golpe popular contra los medios tradicionales de información, en los cuales se mezclan y compiten intereses sociales legítimos e intereses especiales, igualmente legítimos, pero, en un contexto corporativo, dominado por el afán de lucro y alejado -a veces contrapuesto- al principio de equidad propio de la democracia.

El discurso de la democratización municipal es engañoso: 1) no hay gobierno local, solo funciones menores; 2) tampoco descentralización; 3) 84 municipios es mucha dispersión para un país tan pequeño; 4) las elecciones de medio período politizan la gestión del gobierno nacional y aumentan la ingobernabilidad; 5) fragmentación política: los partidos taxi y las compras de partido ocultan la visión programática, esencial para el estimular al votante. No se vale culpar al populismo ajeno, excusa para la inacción.

Va de nuevo: el voto de protesta es una manifestación de rechazo a una democracia anquilosada. Hay indicadores que reflejan un rechazo sostenido contra la clase política, contra los gobiernos y contra las principales instituciones democráticas. Pero los hemos ignorado. Nuestra versión de democracia está agotada, necesita -no reformas parciales- sino total renovación. El voto ciudadano es parte de una realidad mayor, que clama por un cambio profundo y urgente. Si la clase política no reacciona, es necesario buscar otras formas de participación y presión civil, para evitar mayor confrontación y violencia.

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