Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

Contrario a lo que afirma don Rodrigo Arias Sánchez, el Estado de Derecho es un estorbo para cualquier proyecto de desarrollo. Lo es porque la legislación necesaria no se produce por simple ineficiencia legislativa y, porque el poder judicial es incapaz de darnos justicia pronta y cumplida. Esto lo sabe don Rodrigo y es congruente con sus declaraciones en el programa radial Nuestra Vos; tampoco es nada nuevo: como afirmé en nota previa, reconocidos gobernantes de nuestra historia brindaron sus grandes aportes al país prescindiendo del congreso: B. Carrillo, J. Mora, J. Jiménez, T. Guardia, J. Figueres. Y varios de ellos (Carrillo, Mora y Guardia) se mantuvieron en el poder por un período cercano a los 10 años. 4 años de gobierno es insuficiente para transitar por el empedrado camino de nuestra del judicialismo.

La lección es clara: no se pueden hacer reformas de gran calado por las vías normales de la democracia. La institucionalidad redundante se come los recursos, por ejemplo, unas 17 costosas entidades que consumen los fondos sociales destinados a combatir la pobreza. Gran cantidad de entes adscritos, que repiten gastos administrativos de la institución madre y, peor, debilitan el principio de rectoría sectorial y la gobernabilidad. Todo parece funcionar para mantener el statu quo, en beneficio de unos pocos y en perjuicio de muchos.

Véase la situación del Congreso, con un costo presupuestario anual mayor de ₵48 mil millones (más de ₵70 mil millones si incluimos a la Contraloría, órgano suyo). ¿qué ha producido esa inversión que sale del bolsillo de todos?: nada sustancial para la grave problemática nacional. Pero las desgracias no paran ahí: tenemos un poder judicial incapaz de darnos justicia pronta y cumplida, aunque por ello pagaremos este año poco menos de ₵500.000 millones.

Nuestra democracia está agotada, sin capacidad para generar el cambio necesario que nos lleve a su principal objetivo: el bienestar para todos. Seguimos bajo las secuelas de la grave crisis de la pandemia, pero la banca central se ocupa de enfriar una economía en crisis: tras de cuernos palos. El costo social de la eliminación de empleos es una enorme deuda social que don Rodrigo Arias destacó en su discurso del 1 de mayo. Su aspiración es que el legislativo legisle más o mejor. Pero eso demanda reformas internas del congreso que posiblemente no se producirán en los siguientes 2 años. Especialmente si le preocupa tanto la retórica ejecutiva (forma) y no sus aportes para resolver los graves problemas del país (fondo).

El referendo ofrece una salida. Una constituyente es necesaria desde hace décadas porque la Constitución de 1871 no da para más parchecitos, pero hoy no existe ni capacidad ni voluntad política para ello. Los notables, nombrados en la administración Chinchilla Miranda, hicieron un sólido aporte a la solución de grandes problemas, incluso con el diseño de algunos proyectos para facilitar su conversión en leyes. Pero, se le negó el apoyo político necesario y con ello se perdió una gran oportunidad de cambio.

Si las palabras de don Rodrigo Arias se cumplen, el congreso no dará su apoyo a un referendo. Curioso, porque es negar el valor de la participación directa del soberano en la construcción de una democracia justa. Tal vez cuestión de imagen porque se abriría la oportunidad de que el pueblo haga lo que el congreso (y otros entes) se niega hacer. Bajo las actuales condiciones de disfuncionalidad democrática, el referendo es nuestro único recurso de cambio disponible. Por supuesto, mientras el contenido nos permita afrontar problemas estructurales. Hay inconvenientes, pero seguro el referendo tendrá amplio respaldo popular porque abre una puerta de esperanza a cambios que hemos esperado por mucho tiempo. Si exitoso, podría ser también el camino para superar la desidia política y encarar nuevas reformas.

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Por Eduardo Carrillo

Ha colaborado con varios gobiernos, desempeñándose principalmente en el área de la salud pública. Laboró con organismos internacionales y es consultor. Analista y comentarista. (Ph.D. Administración).