Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

Las corrientes político-económicas se pueden agrupar por dos extremos. Una que promueve una creciente participación del estado y, otra, que la limita al mínimo y depende más de las fuerzas de mercado. En Notas previas me he referido a las diferencias entre la organización social (estatal) y la económica (de mercado), entre otras, que tienen funciones y motivaciones distintas: la primera se rige por el principio de solidaridad (universalidad); y, la segunda, por el lucro, en fuerte asociación con la eficiencia y selección de mercados sectorizados en población y territorio.

Las dos posturas corresponden a las ideologías liberal (más mercado) y socialista (más estado), condicionantes de nuestro desarrollo reciente. El socialismo tuvo sustancial presencia en la década de 1940, cuando se introdujeron reformas sociales de gran calibre y más tarde con la socialdemocracia en 1953. A partir de la década de los años 70 el liberalismo ha tenido ha dominado. Como hemos señalado en notas anteriores, los indicadores de todos estos años, en desempleo, pobreza, desigualdad y precarización de la clase media, denotan un fracaso del liberalismo. En el plano regional, se destacan también los 17 años de liberalismo en Chile, que dejaron al pueblo empobrecido y la economía en franco de deterioro.

¿Significa esto un llamado al retorno del Estatismo? La evidencia en la región de América Latina y el Caribe (ALC) parece reflejar lo contrario. En efecto, el estatismo ha empobrecido a los países que transitan por esa ruta: Cuba, Venezuela, Argentina y Nicaragua. Costa Rica parece acompañarlos, con resultados similares, aunque menos intensos. Sin embargo, tardaremos algún tiempo para entender que ambos, el estatismo y el liberalismo, tienen riesgos, que hay que controlar y, beneficios, que hay que aprovechar, todo en función del bienestar colectivo.

¿Es posible lograr un equilibrio entre ambas corrientes? Hacerlo requiere superar ideologías y privilegiar problemas y soluciones nacionales. Podríamos necesitar más estado y más mercado. Y parece que una iniciativa nacional toma esa ruta. El ICE fue una sabia iniciativa para proveer electricidad verde a toda la población, servicio que, por razones de lucro estaba limitado a los centros urbanos de la meseta central. Con el tiempo, la institución ha perdido eficiencia, trasladando sus altos costos a la población.

Ahora el ICE apoya la apertura del mercando eléctrico y la posible creación de un nuevo ente que se llamaría ECOSEN, Ente Coordinador del Sistema Eléctrico Nacional. Sin esta medida, el Estado no tendría capacidad para enfrentar inversiones $multimillonarias que el país necesitará en la próxima década y más allá. Es posible, además, que una apertura al sector privado podría hacer que sus prácticas más eficientes induzcan comportamientos similares en el sector público, para beneficio de todos los costarricenses. También asegurará que no sufriremos, en electricidad, los castigos que el AyA, entidad ineficiente en extremo, impone hoy amplios sectores de la población.

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Por Eduardo Carrillo

Ha colaborado con varios gobiernos, desempeñándose principalmente en el área de la salud pública. Laboró con organismos internacionales y es consultor. Analista y comentarista. (Ph.D. Administración).