Eduardo Carrillo Vargas,(Ph.D. Administración).

La realidad y un poco de ética parece haber permeado las instituciones económicas de los países desarrollados, entre ellos los EE UU, donde la FED (Banco Central) parece entender que su función, muy importante cuando la economía está en crisis, es robustecerla, no enfriarla, como lo interpreta el Banco Central de Costa Rica. La FED, en un comunicado de esta semana, destaca la generación empleo como propósito ético de las democracias y motor importante de la economía. Ha sido la meta del presidente Biden, que se viene cumpliendo con creces. La inflación va en receso, tal vez a un ritmo más lento de lo que las autoridades desean. Biden, con ajustes por nuevas realidades, repite lo que su antecesor F. Roosevelt hizo con éxito, para beneficio de la población americana y también la europea: su principal objetivo es crear empleo. Y lo ha logrado al punto que el país se encuentra en ocupación plena y con la economía más sólida del planeta.

Algo ha calado el enfoque norteamericano en nuestro Banco Central (BCCR), que también asoma pequeños destellos de equidad al referirse a los mercados laborales. En años muy recientes su aporte al desempleo ha sido sólido, con pérdida de decenas de miles de empleos. Es, además, el reflejo de un banco central al servicio de la economía neoliberal, la cual fue estructuralmente adoptada por el país bajo la presión de dos décadas de reinado de Reagan, en EE. UU. y de Thatcher, en Inglaterra. Costa Rica tuvo sus abanderados: el PLN y el PUSC, la academia, la prensa oligárquica, la universidad e instituciones como el INCAE.

El presidente del congreso, gran servidor público, fue parte de la misma corriente, con su partido y participación en dos gobiernos. Pero, nos ha recordado en su discurso del 1 de mayo, que el país arrastra la mayor una deuda posible, al mantener desde la década de 1970, niveles de pobreza que superan, a veces en mucho, el 20% de la población. Lo que no nos dice don Rodrigo Arias es que esos indicadores -más la desigualdad y el deterioro de la clase media- reflejan el rotundo fracaso del neoliberalismo. Los resultados han sido los mismos en varios países de la región, con algunos ejemplos extremos, como el caso chileno.

Si lográramos abandonar las posturas ideológicas y nos centráramos en las respuestas a los grandes problemas nacionales, es posible lograr algún acuerdo nacional. Pero hay también grandes obstáculos, por ejemplo, el complejísimo diseño institucional, la incompetencia de los poderes públicos y su incapacidad para aceptar interdependencias necesarias para que todo el país avance hacia metas nacionales que requieren sus aportes. Recursos tenemos: somos uno de los estados más caros del planeta (equivalente al 75% del PIB), además fuerte el despilfarro y corrupción. Juntos podríamos hacer algo. Separados, nos neutralizan las diferencias como, en efecto, está ocurriendo en las relaciones interinstitucionales.

Tenemos problemas. El primero parece cada vez más evidente: las absurdas políticas del Banco Central. Más allá de las teorías económicas, no tiene sentido -sobre todo ético- enfriar una economía en crisis y pasarles el costo a los sectores más vulnerables. Y, en esto, estamos pegados desde los años 70. El fracaso es evidente y lo destacó con claridad Rodrigo Arias en su discurso del 1 de mayo. El segundo problema está en la estructura institucional del Estado, redundante, costosa, obstructiva y, confrontativa. Si el FED ha cambiado, es posible que lo hagan nuestros economistas. Pero, más difícil, es hacer que nuestras instituciones y los políticos y politiqueros, enfrentados entre sí, puedan funcionar articuladamente, condición necesaria para atacar cuatro problemas asociados: empleo, pobreza, desigualdad y deterioro de la clase media. Hasta el momento, la clase política no da señales para ello y las instituciones siguen conductas autodestructivas y paralizantes de una endeble democracia. No tienen la fortaleza -ni tal vez las competencias- para grandes decisiones. Sin embargo, el statu quo no es opción. Si el “sistema” no funciona, una nueva vía podría surgir del referendo, si lo asumimos con mucha seriedad y responsabilidad.

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Por Eduardo Carrillo

Ha colaborado con varios gobiernos, desempeñándose principalmente en el área de la salud pública. Laboró con organismos internacionales y es consultor. Analista y comentarista. (Ph.D. Administración).