Efecto ‘trinquete’ en las tarifas eléctricas

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

El ICE nos ha dado una muy mala noticia: muy temprano en el año ya tuvo que arrancar las plantas térmicas para generar energía eléctrica. En buena medida por el irregular período de lluvias en 2018. Pero, también, porque las plantas hidroeléctricas se emplearon más allá de su nivel razonable para generar excedentes para vender a Centroamérica y Panamá, lo que hizo bajar los niveles de las represas de modo más acelerado que lo normal.

Vender electricidad al Istmo es un buen negocio si se maneja con inteligencia. Lo lógico es que se prevea cuáles serán las necesidades del consumo interno, se programe la producción adecuadamente y no se genere electricidad hasta el punto de poner en riesgo el abastecimiento local. Se hace, por el entusiasmo de vender más y generar más utilidades.

Pero lo más triste es que debemos recordar que las ventas de energía a América Central no benefician, en nada, a los usuarios costarricenses. Esas mayores utilidades no llegan al 99.999% de los costarricenses. Todo lo que se gana en esas ventas se usa para subsidiar a los grandes consumidores de energía, alrededor de 20 grandes empresas.

Siempre he sido enemigo de los subsidios, especialmente si son para fomentar las exportaciones, pues esto significa, ni más ni menos, que estamos bajando artificialmente los costos de producción a las empresas beneficiadas, costo que debe ser asumido por quienes pagan esos subsidios, o sea, los consumidores internos. En dos platos, es regalar a los consumidores externos parte de nuestra riqueza.

En este caso, de las ventas de energía a Centroamérica cuando tenemos excedentes, lo lógico sería que esas ganancias fueran a un fondo para pagar el mayor costo de la energía térmica cuando haya necesidad de usar combustibles fósiles.

Pues resulta que no. Cuando se hacen las ventas al exterior, no bajan las tarifas locales por esos ingresos adicionales. Se prefiere perjudicar a los consumidores locales. Pero eso sí, he ahí lo paradójico e injusto: cuando generamos energía térmica sí aumentamos las tarifas a los usuarios comunes y silvestres. Un verdadero efecto trinquete.

¿Cuándo será que quienes saben de estos asuntos, especialmente nuestros gobernantes, autoridades del ICE y los economistas de todos los partidos o independientes dejan de callar y de asumir la cómoda posición de indiferencia? Así es como desincentivamos la actividad económica interna, creamos desempleo y fomentamos la pobreza.

 

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