Ehurodice de Jesús Rivera Oyarce,

Cuando tenemos que aventurarnos a las palabras y las definiciones de nuestros referentes como poetas que somos, invariablemente retornamos al hogar, al lugar donde se reside, en el amplio sentido, se reposa, se vive y se ama. Es allí donde nuestros ojos se posan y se retorna a las letras de las grandes. Entre ellas quien otra sino Gabriela Mistral. Yo como hablante y no desde la erudición, no soy una académica, ni pretendo serlo.  Sino desde lo compartido (el amor y la sed de escribir) me dirijo a ustedes desde las letras y desde sus letras. Tratando de compartir una mirada distinta de la poeta.

Yo hija de la dictadura, criada en el silencio y en el miedo, conocí a la poeta a través de la imposición no antojadiza del Gobierno golpista a quienes por obviedad absoluta buscaban borrar la imagen del Vate Neruda, visto como enemigo total tanto por su vestidura política, como su discurso incendiario y su dudosa muerte septembriana, tan repentina después del golpe.

Y de repente unos muy buenos asesores comunicacionales, dieron con ella (me imagino la tormenta de ideas, los focus group, los testeos, etc) una imagen icónica  que estuviera a la altura o más de Neruda ocurriéndoseles mostrar/disfrazar/vestir a nuestra Gabriela, desde la sacralidad: de la Madre- Maestra, sesgando y talando su poesía a solo “Ternura” y a Las rondas a lo sumo, que era lo que nos enseñaron en las escuelas públicas, recitando hasta el hartazgo piececitos de niños y dame la mano(ojo no reniego de estos poemas, son maravillosos) mostrándonos solo estos y las rondas, tapizando el país con estatuas y bustos de ella, bautizando  escuelas, calles y villorrios,  a lo largo de nuestro Chile con su nombre poetario o de nacida y para colmo de los colmos, como mercancía que va de mano en mano en los billetes de cinco mil. Me imagino que un magister en marketing los aplaudiría de pie y les pondría la más alta nota por una de las mejores campañas publicitarias jamás hecha en pos de invisibilizar “cosas” a ese grupito de mentes “maravillosamente pensantes”.

El daño fue causado y durante casi veinte años no derribamos o nos nos dejaron derribar esta mirada de nuestra poeta. Pero poco a poco la mitología creada engañosamente ha ido cayendo y vamos descubriendo o redescubriendo a Gabriela, más humana que nunca, más cerca de la tierra que del cielo y que duda cabe si ella era apegada a su suelo aun desde el exilio,  desde su extranjerización, desde el  puertas afuera de su patria, setenta veces siete  los velos van cayendo en un danza vertiginosa y nos van mostrando una Gabriela rebelde, contestataria desde siempre, transgresora, de esencia feminista y revolucionaria, incapaz de quedarse callada y pagando por ello el precio, una mujer que amo y fue amada en la forma que ella lo quiso, que adopto hijo sin estar casada, que defendió a las minorías, entre ellas al campesinado, al indígena y las mujeres proletarias, que abogaba por una educación igualitaria, ecologista e inclusiva, que se autodenominaba “india” con orgullo de esa y todas las sangres americanas, que tuvo y tiene quizás el más alto valor que un ser humano pueda tener y que es ser consecuente consigo misma y con su historia, de una línea infranqueable y sincera   y que vacío su corazón y su alma en versos incendiarios, ya sea de amor o de muerte, de locas mujeres a recados o viajando su voz en Poema de Chile, vaciando su copla en Lagar, llorando sus  penares en  Desolación.

Que resta sino entonces que dar gracias a esta Gabriela, Gabriela 2.0, Gabriela Bacana, que rapea en las voces de nuestros jóvenes elquinos, que conmueve a tantos músicos locales , nacionales y extranjeros a componer melodía a sus versos, que nos invita a reflexionar sobre la más humana de las pasiones y nuestro derecho a vivirla como sintamos y como queramos, que nos crea conciencia del valor de nuestra madre tierra, que se nos muestra ya no divinizada sino cada vez más cercana, más nuestra, como una amiga que nos toma de la mano y nos invita a conversarnos un café o un mate, mientras volutas de nuestros cigarros se entrelazan contándonos historias.

Y esa es a su vez la tarea que nos deja y que humildemente les propongo, invítenla a su casa, compartan con ella, con su vida y con sus letras de las que cada día van apareciendo y de las ya ha dejado impresas y vayan redescubriéndola como lo he hecho yo y que aún sigo en esa hermosa tarea.