El “adificio” legislativo

¿Acaso no tenemos arquitectos con talento, creatividad, imaginación y sobre todo buen gusto? ¿Cómo es posible que los amantes del buen gusto y la estética no hayan dicho nada para parar este adefesio arquitectónico?

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Amura Hidalgo Lara, Comunicador.

 “Sarcófago”, así calificó el ex diputado Otto Guevara el diseño del edificio que tiene 80 metros de altura, como un “sarcófago”, con problemas de iluminación y ventilación.

Al contratista del diseño el Directorio Legislativo 2014-2015 le fijó un límite de costo del proyecto total (oficinas y 2 estacionamientos) de $60 millones, pero es posible que supere en mucho ese límite.

Entre las características de este nuevo edificio destaca que tiene cuatro sótanos y 17 pisos sobre calle, para un total de 21 niveles.

Comentarista de El País se queja del costo y dice que por “ese edificio tendremos que pagar los costarricenses por el parlamento más disfuncional y horripilante del mundo, gracias a estos obtusos diputados, probablemente con impuestos mucho más altos  ¿o no?

Lo que está claro es que sin duda el cajón de cemento más alto del país, incrustado en el centro de nuestra capital ya va pintando horrible, sin ventanas ni líneas arquitectónicas que reflejen creatividad y menos relación con nuestras raíces.

Basta transitar por cuesta de Moras para oír los comentarios de los transeúntes, atontados por semejante adefesio, el más caro del Estado y en tiempo de crisis fiscal.

No es con banderas azules, propaganda y autobombo que van a cambiar la opinión de las personas, que además de pagar la obra tendrán que aguantársela como el monumento más costoso al mal gusto.

Ya verán cuando les llegué la cuenta por consumo de electricidad para iluminación como para aire acondicionado. ¿No es que somos un país ambientalista y en camino al ahorro energético?

Y el gran problema es que estas obras quedan para siempre, como también quedará en Museo de Jade del INS, otra caja de cemento que pintará como el hermano menor de la Asamblea.

¿Qué pasa en Costa Rica? ¿Acaso no tenemos arquitectos con talento, creatividad, imaginación y sobre todo buen gusto? ¿Cómo es posible que los amantes del buen gusto y la estética no hayan dicho nada para parar este adefesio arquitectónico que hará larga historia.

Las decisiones de los diputados siempre son inesperadas pero esta vez pasaron de lo inesperado a lo irracional, negociando en quién sabe qué condiciones la construcción de lo que muy bien Otto Guevara ya bautizó: “el sarcófago”.

 

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