El boicot al aceite de palma podría aumentar la deforestación mundial

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Jake Bicknell, University of Kent; Eleanor Slade, University of Oxford, and Matthew Struebig, University of Kent

La presencia del aceite de palma es masiva en productos como los cosméticos o los alimentos. De hecho, la mitad de la población mundial lo utiliza para cocinar. La conciencia acerca de las consecuencias negativas que genera el cultivo de este aceite (principalmente la pérdida de flora y fauna salvaje debido a una brutal deforestación a raíz de su cultivo) está creciendo entre la opinión pública, que pide a los comerciantes que reduzcan las ventas de productos que contienen este ingrediente e incluso llama al boicot.

El debate se ha caldeado aún más a raíz de la emisión de un anuncio televisivo de la cadena de supermercados británica Iceland. El spot, que relaciona la producción de aceite de palma con la deforestación y la muerte de los orangutanes, fue prohibido en Reino Unido por infringir las leyes políticas de publicidad, ya que la animación estaba producida por Greenpeace.

En los cuatro días posteriores a su lanzamiento, el anuncio tuvo 13 millones de visualizaciones, y la petición para revocar su prohibición ha superado el millón de
firmas. Pero, a pesar de que la campaña ha resultado todo un éxito para la concienciación general acerca de la sostenibilidad de algunos alimentos, el boicot absoluto a los productos que contienen aceite de palma podría generar más problemas para la vida de la flora y fauna de los bosques.

Las pruebas

Un informe reciente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza concluyó que un boicot al aceite de palma no contrarrestaría la pérdida de vida silvestre ni el perjuicio a los bosques, sino que acabaría afectando a otras especies.

Dicho de manera simple, si se boicotease al aceite de palma, este debería ser reemplazado por otro aceite de tipo vegetal para satisfacer la demanda mundial, lo que podría empeorar la situación.

Esto se debe a que, comparado con otras fuentes comunes de extracción de aceite vegetal (como la colza o la soja), los cultivos de aceite de palma producen de cuatro a diez veces más cantidad de aceite por unidad de terreno, además de requerir muchos menos pesticidas y fertilizantes para su crecimiento. De hecho, el aceite de palma constituye el 35% de todos los aceites de origen vegetal aunque solo ocupa el 10% de la tierra asignada a cultivos oleaginosos.

Plantación de aceite de palma junto a un bosque en Malasia.
Sol Milne, Author provided

Si otro tipo de cultivos, como el de soja, tuvieran que cubrir el boicot al aceite de palma, no solo desplazaría la producción hacia la Amazonia (una de las principales regiones productoras de soja en el mundo), sino que requeriría una mayor extensión de terreno, lo que generaría una mayor deforestación. Sin ir más lejos, el cultivo de soja es culpable de más del doble de deforestación mundial que el aceite de palma. Si queremos situarnos en un contexto diferente de producción alimenticia, las industrias ganaderas y cárnicas quintuplican el nivel de deforestación del aceite de palma.

Aceite de palma sostenible

La certificación es un sello de calidad por el cual los consumidores pagan más por adquirir productos respetuosos con el medio ambiente. Es una manera de salvaguardar el futuro de los bosques y de las especies que viven en ellos. La certificación del aceite de palma es promovida por la Roundtable on Sustainable Palm Oil (Mesa por la Sostenibilidad del Aceite de Palma, RSPO por sus siglas en inglés), organización encargada de virar el mercado del aceite de palma hacia una responsabilidad que contribuya a detener o reducir la deforestación.

Mientras la RSPO se reúne para renovar su compromiso con el medio ambiente, el sector se enfrenta a un reto mayúsculo: menos del 20% del aceite de palma que se produce en todo el mundo tiene la certificación de sostenible.

Mientras continúe el debate acerca del boicot, los productores y los comerciantes no encontrarán incentivos para obtener la certificación ni para promover la elaboración de productos responsables con el entorno. En consecuencia, únicamente alrededor de la mitad del aceite de palma sostenible tiene el certificado, ya que gran parte del sector no está dispuesto a pagar un coste adicional para obtener el sello de producto sostenible.

Plantaciones de aceite de palma en la isla de Borneo.
Rainforest Action Network/Flickr., CC BY-NC

A pesar de ello, numerosos minoristas y corporaciones líderes (entre las que se encuentran Nestlé, Unilever y Palmolive), así como supermercados (los británicos Morrison’s, Waitrose y Sainsbury’s, por ejemplo), ya están utilizando aceite de palma certificado en la elaboración de sus productos, pero prefieren no promocionarlo demasiado, ya que los consumidores continúan mirando con recelo este producto.

Plantaciones respetuosas con la fauna y la flora

Con el objetivo de ayudar a la industria del aceite de palma a proteger la vida silvestre, los científicos están trabajando codo con codo con organismos de certificación y productores para mejorar la manera en que las plantaciones afectan a la biodiversidad. Una de las soluciones puede ser cultivar el producto en zonas en las que no haya vegetación, pero estas acciones pueden ir más allá. Por ejemplo, se pueden proteger los bosques por los que discurren ríos, de tal manera que sean considerados bosques de gran calidad que proporcionen libertad de movimiento a todas las especies que los habitan, incluso albergando plantaciones de aceite de palma.

Si la certificación alcanzase un mayor grado de popularidad, mejoraría las perspectivas de vida de los animales silvestres, entre los que se encuentran los orangutanes. Por ello, las grandes organizaciones conservacionistas
del planeta, incluyendo organizaciones de defensa de los orangutanes y Greenpeace, prefieren mostrar su apoyo al aceite de palma certificado en lugar de promover el boicot. Con la información de la que disponen ahora, los consumidores comprometidos con el medio ambiente pueden saber dónde comprar productos que contienen aceite de palma producido de manera responsable.

Esperemos que el interés suscitado por el anuncio de Iceland traiga cambios positivos para la fauna y la flora de los bosques. Pero el boicot no es la solución. Lo mejor que pueden hacer los comerciantes es pedir a sus proveedores que se esfuercen por llenar las estanterías de los supermercados de productos respetuosos con el medio ambiente.The Conversation

Jake Bicknell, Postdoctoral Research Associate, University of Kent; Eleanor Slade, Research Fellow, University of Oxford, and Matthew Struebig, Senior Lecturer in Biological Conservation, University of Kent

This article is republished from The Conversation under a Creative Commons license. Read the original article.

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