El triunfo electoral de Fabricio Alvarado es algo que nunca debió tomarnos por sorpresa, porque si no era hoy, iba a ser mañana o pasado mañana. Lo que no contábamos es que su tema fuerte de campaña iba a estar sobre la mesa tan rápido.

TSE, Resultados provisionales – 4 de febrero de 2018

Desde hace muchos años, la participación de pastores y seguidores de iglesias evangélicas o neopentecostales en la vida política viene creciendo. Y están activos en diferentes niveles, juntando el discurso de desesperanza social de sus feligreses (una mayoría pobre, con baja escolaridad y pocas opciones de empleo) y el enojo tradicional a los partidos políticos (que no tienen respuestas y líneas de acción para esa población). De esta manera, logran llegarle a sus feligreses, con el discurso de un Reino de Dios que se puede construir aquí y ahora, con un discurso moralizador y lleno de redención terrenal.

Aunque nadie sabe a ciencia cierta la cantidad de iglesias neopentecostales, algunos cálculos dicen que solo en América Latina hay unas 190 mil iglesias, que organizan a más de cien millones de creyentes. Es decir una quinta parte de la población. Cifras que indican un desplazamiento de la Iglesia Católica, quitándole el monopolio de la fe. Un informe de la encuestadora ProDatos del 2015 de Guatemala reveló que protestantes y católicos estaban “virtualmente” empatados con una diferencia del 3%, y la tendencia era la disminución de católicos. En Venezuela hay 15.025 organizaciones evangélicas, contra 482 organizaciones católicas. Curiosamente el concordato de 1964 estableció que el gobierno venezolano debía subvencionar a las Instituciones Católicas, subsidios que se han ido rebajando con el tiempo, y en algunos casos trasladado a organizaciones evangélicas, como parte del programa gubernamental de ayuda social.

Los neopentecostales no tienen lo que podríamos llamar una ideología en el sentido tradicional de la palabra, pero si tienen líneas claras de acción.

Sus líneas de acción u objetivos es tener una postura ultra-conservadora en relación con la familia, lo que ellos llaman “valores cristianos” y restricción de las libertades sociales. Su valores son casi iguales a los de “Familia, Tradición y Propiedad” de los años 60, ligados a las dictaduras del Cono Sur. Son defensores del liberalismo económico y de la sociedad de consumo, porque en el fondo, su religión es un producto de consumo. Además muchas de las iglesias pentecostales se rigen bajo un esquema de franquicias. Es decir, para poder usar el nombre de “Iglesia Rios de Agua Viva” o “Iglesia Pentecostal” deben pagar derechos por el uso de la nomenclatura y seguir ciertos reglamentos.

Ese discurso de liberalismo económico hace que la “ética pentecostal” esté ligada a la prosperidad terrenal, como bendición de Dios. Si un individuo atrae prosperidad económica es señal inequívoca de la elección divina, y se involucra más en la iglesia, y por lo tanto, aporta más dinero a su causa.

Los pastores tienen una capacidad oratoria impresionante, casi opioide, que los hace capaces de manejar multitudes. Esto hace que los fieles tengan una fuerte afiliación a su iglesia base, en lugar de estar ligados a estructuras lejanas como el Vaticano o el Papa, al que desprestigian llamándolo con toda clase de epítetos despreciativos.

Tienen una enorme capacidad económica, gracias al aporte de los feligreses, aunado a un poderoso despliegue mediático en emisoras de radio y canales de televisión, que les permiten difundir su mensaje hasta el último rincón y más allá de las fronteras. Por ejemplo la cadena Enlace está conectada a nueve satélites, con 5000 puntos de transmisión en 120 países, y cobertura a través de internet.

El movimiento neopentecostal, ha sido un grupo religioso que desde mediados del siglo pasado, ha estado muy interesado en participar en política, organizando partidos políticos afiliados a la doctrina, logrando sentar ministros, senadores y diputados en diversos países de América Latina. En Brasil la fuerte iglesia evangélica —con 25 millones de fieles—, ha apoyado a Lula da Silva y a Dilma Rouseff, obteniendo escaños en el Parlamento, en el cual tienen como presidente del Congreso a un evangélico.

También han hecho alianzas con partidos políticos para sacar agendas nacionales. Cabe destacar, por ejemplo, el triunfo del NO al plebiscito por la Paz en Colombia. Álvaro Uribe puso sobre la mesa cosas como “preservar el concepto de familia”, la discusión sobre comportamiento y actitudes sexuales en las escuelas y también sobre la “perspectiva de género”, subiendose a las tarimas de los pastores protestantes, y con esos tres pulsos convenció al poder religioso de los evangélicos que volcaron la balanza por el no.

Para no ir muy largo, nuestra Asamblea Legislativa tuvo el primer presidente evangélico de la historia: el diputado Gonzalo Ramírez del partido Renovación Costarricense, alcanzando el puesto con el apoyo de la bancada liberacionista. Pero no fue una casualidad. Desde 1998 el apoyo a diputados evangélicos en Costa Rica se triplicó, gracias a la Alianza Evangélica, con una fuerte presencia en San José, Alajuela y Limón, de donde salieron precisamente los diputados actuales. Y tampoco fue casual que el liberacionismo apoyara la presidencia del evangélico. Liberación negoció el voto de Justo Orozco a cambio de ponerlo en la comisión legislativa de Derechos Humanos en el 2012. En 2007 Oscar Arias le donó ¢90 millones a la Fundación Asistencia Misionera Cristiana del diputado de Restauración Nacional Guyón Massey, en medio de fuertes cuestionamientos. Y tampoco olvidar la jugada del partido Alianza por San José, donde Johnny Araya y Paula Vargas (pastora y esposa de Gonzalo Ramírez) que arrasaron las elecciones de alcalde por San José.

Viendo el fenómeno latinoamericano, teniendo en cuenta el pasado en Costa Rica, y considerando que la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cayó en un momento de elección presidencial, no debería extrañarnos que Fabricio Alvarado esté metido en la segunda ronda, con un apoyo febril y que podría redoblarse en las próximas semanas.