El derecho al voto debe ser respetado en Brasil

La campaña electoral para elegir presidente y el Congreso a nivel federal, y gobernadores y legisladores a nivel de los estados en Brasil comienza oficialmente el 16 de agosto. Es probable que estos comicios sean una prueba de enorme importancia para la democracia y el Estado de derecho en el país y en América Latina en general.

El presidente Jair Bolsonaro, que se postula a la reelección, ha recurrido a una combinación de insultos y amenazas para intimidar a la prensa independiente y al Tribunal Supremo. Ha intentado socavar el apoyo al sistema electoral aseverando, sin ofrecer ninguna prueba, que no es confiable.

En junio, Bolsonaro manifestó que “al parecer” en las elecciones triunfarían quienes “tengan amigos en el Tribunal Superior Electoral”. En julio, convocó a decenas de embajadores al palacio presidencial para que lo escucharan cuestionar el sistema electoral. hackers “podrían sacarle el voto a un candidato y dárselo a otro”.

No ha habido casos demostrados de fraude en Brasil desde que el país adoptó el sistema de voto electrónico a nivel nacional en el año 2000, según dijo un representante del Tribunal Superior Electoral a Human Rights Watch. En base a ese sistema, Bolsonaro ha sido elegido cinco veces al Congreso y más tarde a la presidencia.

Más de un millón de brasileños, incluidos grandes empresarios, exmagistrados del Tribunal Supremo, políticos y artistas, han firmado una carta en defensa de las instituciones democráticas y el Estado de derecho.

El 11 de agosto, una multitud se reunió para escuchar la carta en la facultad de derecho de la Universidad de São Paulo. La iniciativa se inspiró en la “Carta a los brasileños”, un manifiesto por los derechos humanos y contra el régimen militar que fue leído por un profesor de derecho en esa misma facultad en 1977. La dictadura feroz que por entonces regía en Brasil y que cometió violaciones sistemáticas de derechos humanos terminaría ocho años después. Bolsonaro, que es excapitán del Ejército, defiende con vehemencia el régimen militar de ese período.

Es crucial que las autoridades garanticen el derecho al voto de las brasileñas y brasileños. Esto implica proteger a votantes y candidatos frente a la violencia y cerciorarse de que puedan acudir de manera segura a los centros de votación. Todos los candidatos deben rechazar alegaciones infundadas de fraude y respetar la voluntad de los electores, con independencia de quién gane. Los gobiernos extranjeros deberían apoyar elecciones libres y justas.

Los candidatos deben condenar la violencia política e instar a sus partidarios a que respeten el derecho de los brasileños a elegir de manera pacífica a sus representantes y a postularse a cargos públicos sin temor.

Durante la campaña, los candidatos deberían informar a los votantes cómo proponen abordar cuestiones centrales de derechos humanos en el país, que van desde garantizar la seguridad pública y terminar con la violencia policial hasta temas como la violencia de género y las consecuencias para los derechos humanos de la destrucción ambiental y la corrupción.

No es posible encontrar soluciones genuinas y duraderas a estos problemas sin un sistema de gobierno que respete los derechos humanos y las elecciones libres.

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