Luis París.
El presidente electo Carlos Alvarado ha logrado formar un gabinete con excelentes individualidades. La calidad profesional y humana de cada una de las personas que ocuparán las carteras ministeriales son indiscutibles: vasta formación académica, idoneidad ética y moral, y también buena experiencia en la mayoría de los casos. En términos generales nos parece una muy buena selección, pero habrá que esperar un tiempo para ver cuál será su desempeño como equipo.
Y es que a partir del 8 de mayo todos ellos deberán mostrar la capacidad de poner sus atributos y habilidades personales, sus conocimientos y esfuerzos al servicio de un equipo de trabajo bajo el liderazgo del presidente Alvarado y la coordinación de su ministro de la Presidencia, Rodolfo Piza, porque aunque en algunas áreas de la administración pública una buena gestión individual es suficiente, en otras es necesario el trabajo coordinado y armonioso entre varias entidades públicas.

Al fin de cuentas la gestión gubernamental, el accionar de un gobierno, se valora y se califica por el trabajo en equipo, por los logros generados en conjunto por sus jerarcas.
Si bien la diversidad de los orígenes partidarios de sus integrantes se ha considerado como un acierto, como una virtud, también puede ser un gran inconveniente, un hándicap por cuanto sus orientaciones ideológicas y sus planteamientos programáticos pueden ser antagónicos, principalmente en tema tan sensible como el del manejo de la política económica, lo que puede generar roces y conflictos en el equipo.
Es en este campo específico, precisamente, en el que podría haber discrepancias entre la propuesta de solución al déficit fiscal de los designados y la visión que al respecto pueda tener la fracción parlamentaria y la cúpula del PAC.
Se debe entender que la participación de algunas figuras provenientes de partidos diferentes al PAC es a título personal y no en representación de esas agrupaciones, por lo que no compromete el apoyo de las fracciones legislativas de éstas, aspecto que es importante tener en cuenta porque es en el parlamento en donde se deciden asuntos vitales para el país.
Algunos políticos y analistas hablan de un “gobierno multipartidista”, o un “gobierno de unidad nacional”, consideración o apreciación que nos parece errónea, o al menos exagerada, por cuanto en la realidad no existe un plan o un proyecto de gobierno común apoyado por todas las fuerzas políticas con representación en el congreso, lo que existe son simples acuerdos o alianzas parciales sobre temas específicos con algunas de ellas.
Pretender que un gobierno se constituya con la participación unánime de todas las fuerzas políticas es, no solo una utopía, sino un sinsentido, ya que la diversidad de ideas y visiones es consustancial a la democracia.
Por otra parte, creo que aunque las cualidades personales del excandidato presidencial del PUSC son indiscutibles, su designación como ministro de la Presidencia no es la más adecuada. Su eventual aspiración a una nueva candidatura será una razón suficiente para que otras figuras o fuerzas políticas le quieran poner piedras en el camino, tanto a lo interno del propio gobierno, en el trabajo de coordinación que le corresponde, cuanto en el seno del parlamento, como interlocutor del poder ejecutivo. Sin duda alguna a Piza se le verá como un candidato en campaña electoral permanente y como tal será tratado por las fuerzas políticas que le adversan.
También llama la atención que contrario a la costumbre, se haya dejado sin funciones y responsabilidades de primera línea al vicepresidente Marvin Rodríguez y que a Ottón Solís, una vez más, se le haya dejado detrás del mecate, aunque con un buen premio de consolación.
De nuevo el PAC crea grandes expectativas, ojalá en esta ocasión las pueda cumplir.

