El Premio Nacional de Danza Mireya Barboza en la categoría de Dirección o Coreografía quedó en manos de Gloriana Retana

El Premio Nacional en esta categoría se entregó de manera compartida a Retana, por su obra 'Ayer', y a Marko Fonseca Guido, por NO/Nato

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La necesidad de bailar y de crear en medio de la pandemia llevó a Gloriana Retana Morales a participar en el Festival de Coreógrafos Graciela Moreno, en su edición 2020, con su obra Ayer. Gracias a este trabajo fue galardonada con el Premio Nacional de Danza Mireya Barboza en la categoría de Dirección o Coreografía.

Según comentó, ella ha abordado de manera recurrente el tema del tiempo. Ese que genera ausencias en la vida: de personas, detalles, espacios, duelos, incluso aquellos recuerdos que se van olvidandoAyer hace referencia a esas experiencias del pasado.

Para Retana, quien es integrante de Danza Universitaria, el premio fue una sorpresa, algo inesperado, pero que recibe con mucho agradecimiento.

“Jamás me imaginé el premio, para nada, realmente fue una sorpresa. Cuando leí el acta del jurado entendí que también era mucho premiando mi trayectoria. Se hace referencia a la obra y a su construcción, pero también mucho a un trabajo de toda una vida. Me sentí agradecida de que también sea un reconocimiento a mi esfuerzo, a todas las coreografías construidas a lo largo de tantos años. Eso se sintió bonito”.

La coreografía la fue desarrollando en su mente y le dijo a su compañero de Danza Universitaria, Eduardo Guerra, si se atrevía a montar el espectáculo de manera virtual, con reuniones y todo el planeamiento por medio de la plataforma Zoom. Fue hasta después, cuando ya estaba cerca el festival, que por unos pocos días se encontraron y plasmaron en el escenario lo que habían hecho a distancia.

Fue una experiencia extraña, pero muy emotiva, encontrarme con Eduardo después de tantos meses sin vernos, conectarnos tan fácilmente en el teatro. Esos días, que fueron muy pocos, fueron muy intensos, ya que al fin podíamos compartir lo que habíamos hecho por computadora y hacerlo ahí en el teatro”.

 La oportunidad de crear y de bailar, aun en tiempos de pandemia, fue lo que la llevó a presentar …

La oportunidad de crear y de bailar, aun en tiempos de pandemia, fue lo que la llevó a presentar su obra en el Festival de Coreógrafos Graciela Moreno 2020. Foto: cortesía de Catalina Fernández.

Entre los principales retos que implicó desarrollar esta coreografía, Retana señaló la comunicación con su compañero de baile. Ella tenía pensada la propuesta y se la fue transmitiendo poco a poco con instrucciones, explicándole los conceptos que quería representar, buscando formas para entenderse con solo verse y conversar mediante la pantalla de la computadora.

Otro de los retos fue la parte física, ya que —al estar tanto tiempo moviéndose en espacios pequeños— volver a bailar en un teatro significó mantener la fuerza y la intensidad de la coreografía en un lugar más amplio.

Además, recalcó que en general al sector cultural le ha sido muy difícil el contexto actual. No obstante, el arte sigue vivo y hay que continuar luchando por los espacios que ya existen y por abrir otros más, pues —a pesar de todas las adversidades— son una oportunidad para crear, bailar y mantener viva esa pasión.

Según el acta del jurado, conformado por Rebeca Woodbridge Ortuño, Adrián Castro Baeza y Daniel Enrique Hernández Brenes, “Retana destaca por ser una profesional que labora dentro de la institucionalidad, pero que además se ha mantenido activa como creadora y artista independiente. Ha sido una bailarina, docente e investigadora sólida, prolífica, contundente, y como tal, ha aportado al desarrollo de la danza en el país”.

En relación con la obra, los jurados consideraron que “Ayer puede leerse como una consideración sopesada e íntima de la vivencia de este momento que nos ha sido común a todos y todas, que evoca una desolación particular y un empantanamiento existencial, abordado desde el lenguaje que la creadora ha ido madurando a lo largo de una vida dedicada a su proceso investigativo, así como desde la inteligencia interpretativa de dos cuerpos que han sabido afianzarse en sus posibilidades y potenciar sus cualidades, en una obra parca y breve, donde la certera combinación de la luz, los colores y los movimientos construye la existencia en penumbra de una individuación desolada”.

 

Andrea Marín


Publicado originalmente en UCR

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