Walter Coto Molina.

Gracias a Dios llegamos vivos al acercarse el último día del año. Porque ha habido tantos muertos y  tantas v víctimas en este planeta inundado de ambiciones, de poder,  de egoísmos y locuras, que asomarse a la  navidad y fin de año, y mirar con sigilo para todo lado, es ya una bendición que no tiene precio.

El año 2023 nos trajo  más congojas que sosiego,  más tristezas que alegrías, más penas que esperanzas, más muerte que vida, en fin más preocupaciones que optimismo.

El mundo en general  está en serios problemas. Decidimos jugar  a la ruleta con el destino de la humanidad, y en Costa Rica con el de nuestra sociedad.   Los problemas no se enfrentan ni se resuelven, sino que más bien se mantienen, se profundizan y  se acrecientan exponencialmente.

En nuestro país terminamos el año emocionalmente fatigados, y en términos de realidad sobre nuestra espaldas,  los  informes del Estado de la Nación que nos muestran un deterioro  país,  cada vez mayor  en la legitimidad del sistema democrático, en la gestión de lo público, en los equilibrios micro sociales y económicos, en la seguridad, en la educación, en la infraestructura, en la inversión social

El problema no es que tengamos problemas, pues todos los países los tienen, unos más que otros. El problema es que no enfrentamos la raíz de los problemas, sino que usamos los problemas que tenemos para crearnos más problemas. Hemos caído en esa trampa.  Estamos demostrando una enorme capacidad para desarreglar todo y no arreglar nada.

Así entonces, el 2024 no luce prometedor. Habrá elecciones municipales pero el grueso del país seguirá su curso. Es probable que los enfrentamientos seguirán tragándose el país, y profundizando el caos que se nos ha venido encima.

A mi juicio  solo un acto de rectificación heroica del curso que llevamos,  nos puede colocar en posibilidad de tener una salida decorosa.

Cuatro condiciones parecen importantes:

Primera:   Abandonar los enfrentamientos absolutamente estériles de la política nacional, y especialmente reiterados desde la Presidencia de la República. Una casa llena de pleitos internos no va para ningún lado.

Segundo: Procurar que los dirigentes políticos que surjan para las elecciones del futuro,  sean costarricenses que tengan una enorme capacidad de escucha, de diálogo, de entendimiento, de humildad.  Seguro me darán cajita blanca, porque las encuestas tienen un porcentaje alto de opinión de  compatriotas que quisieran un dirigente cuasi totalitario.

No importa, discrepo que esa sea la solución que le conviene al país. Discrepo porque al contrario, estimo que las soluciones que históricamente le han asignado valor al futuro del país, han sido aquellas donde nuestros líderes han  demostrado capacidad de negociación, y han buscado unir a la sociedad costarricense. Líderes pausados, emocionalmente inteligentes, sencillos, sin ínfulas ni soberbias, llenos de  humildad, con una lenguaje respetuoso, con capacidad de trabajar en equipo, y con la virtud de construir mediante el diálogo productivo una propuesta país de salida a la crisis,  son los  dirigentes  que a gritos está necesitando Costa Rica.

Tercero: Pero también para salir del problema no hay la menor duda que se requiere un gran acuerdo nacional, que se debe construir con la participación no solo de los actores partidistas y políticos, sino de las sociedad como un todo. La fórmula no es mesiánica. Pero yo no veo de qué manera,  que no sea por medio de un entendimiento nacional   inteligente,  el país pueda superar las dificultades que tiene.

Cómo construir eso? Es la tarea mayúscula que tenemos por delante, pero sí es posible hacerlo, si somos capaces de unirnos dejando los equipajes guardados en el ropero. No tenemos que ser mejores para unirnos, sino que debemos unirnos para ser mejores,  como ciudadanos y como sociedad.

Cuarto: Por último otra vez clamo en el desierto. Costa Rica requiere severas reformas estructurales para ser gobernable. Si el país no es capaz de refundarse, es decir de organizarse de modo diferente,  no va a salir adelante. Los dirigentes políticos y mandatarios de turno no quieren formular una propuesta visionaria, le huyen a construir una nueva legalidad para una nueva realidad. Así el destino es evidente. Nos iremos todos al carajo. No bastan buenos choferes. Es imprescindible un vehículo que camine.

Que estos días sirvan para  reflexionar. Dejemos de echarnos las culpas, salgamos del fango de la peleadera, abandonemos las quejas sin propuestas y  superemos la necedad de dividir la familia costarricense.  Que el 2024  represente un cambio de actitud de todos. Costa Rica no merece que la enterremos.

 

Por Walter Coto

Es Abogado, catedrático, ha sido Secretario General del PLN así como Diputado, Presidente de la Asamblea Legislativa y aspirante a la Presidencia de la República.