El problema es de tiempo

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Lilliana Sánchez BPolitóloga,(MSc.)

El país no tiene tiempo para devolver el pasado ni para no resolver el presente. Los costarricenses hemos empezado a sentir la crisis económica. El déficit fiscal de un 7.5% del PIB y la no resolución urgente de éste nos encamina irremediablemente a más pobreza.

Más pobreza para los que menos tienen porque con la situación actual en el tipo de cambio se está protegiendo a exportadores, comerciantes y personas que ganan en dólares mientras que los ciudadanos en general empezaran a sufrir una de las mayores crisis económicas de los últimos 30 años.

Es indiscutible que el pronunciamiento de la Sala Constitucional será fundamental para cambiar esta situación. Sin embargo, la negociación para lograr los 38 votos en la Asamblea Legislativa, si la Sala aprueba la reforma fiscal, estará pendiente.

¿Será que como país tendremos que  negociar con el Fondo Monetario Internacional un ajuste estructural de nuestra economía? ¿Y cuáles serán las consecuencias de este camino?

Los costarricenses tenemos que tener claro que la reforma fiscal presentada no es la mejor, pero por el momento es la única salida. El país requiere una estabilidad económica a largo plazo que conlleve a una reforma integral del Estado, además de volver al crecimiento económico de más del 7% del PIB. Se debe de estimular al sector privado productivo y al sector exportador.

El país no tiene muchas alternativas. Requiere salir de la crisis de Diciembre, renegociar la deuda y volver a caer en una crisis o negociar con los organismos internacionales una salida urgente. Todas estas alternativas requieren una transparente negociación técnica y política. Y considero que esta última alternativa es la más adecuada.

El problema es de tiempo y el tiempo no se detiene. Y tampoco hay tiempo para recuperar el Estado Social de Derecho si queremos seguir siendo una democracia robusta.

 

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