El silencio pitagórico

Quien mayor daño le hace a un gobernante no es aquel que le señala sus errores con una sabiduría y necedad socrática, sino el que trata de envolverlo con una placenta que se alimenta por un cordón umbilical con apologías y panegíricos

0

Rodrigo Madrigal Montealegre, Politólogo.

Uno de los grandes poetas griegos – creo que era Anacreonte – fue invitado a la corte de uno de los tiranos de Siracusa para que diera su juicio sobre la poesía que componía el soberano. Pero como su veredicto fue totalmente adverso, este ordenó que se lo llevaran preso. Días después, el rey le preparó un banquete, le leyó otros poemas y le pidió, otra vez, su opinión. El poeta se levantó y dirigiéndose a la guardia pretoriana, contestó resignado: «Ponedme de nuevo las cadenas».

El grado de cultura y democracia que alcanzó Grecia se debió a espíritus de este temple que, con un gran sentido crítico y una indomable pasión de libertad y dignidad, no se arrodillaban siquiera ante sus dioses.

Gobernar es, sin duda, una tarea ingrata, sobre todo cuando se asume con nobleza, responsabilidad y espíritu de sacrificio. Pero quien la acepta está expuesto a juicios adversos, muchas veces injustos y crueles, que son tragos amargos que hay que apurar. Pero es precisamente esa exposición pública, el criterio de todos los ciudadanos, lo que permite enriquecer y enaltecer una obra de gobierno, sobre todo cuando se trata de una crítica constructiva.

Creo que esto tiene mayor validez cuando se trata de fomentar un estilo de democracia más participativa, en la que la opinión de cada ciudadano es una contribución valiosa a la dura tarea de gobernar y es lógico que entre más público sea ese aporte, más se enriquece con la participación que permite el debate.

Por eso, quien mayor daño le hace a un gobernante no es aquel que le señala sus errores con una sabiduría y necedad socrática, sino el que trata de envolverlo con una placenta que se alimenta por un cordón umbilical con apologías y panegíricos.

Pitágoras fundó una academia y una de las reglas era aceptar su pensamiento como un axioma y el juicio que todo lo decidía quedaba resumido en la frase «autos efa»: él lo dijo. El maestro y el mundo habrían llegado a ser más sabios, si quienes lo rodeaban no se hubieran impuesto el «silencio pitagórico», dócil y contemporizador y tan contrario al progreso y la dignidad.

El autor es académico, Politólogo, y Ex Viceministro de Cultura.
Publicado en Reflexiones Políticas

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...