El último Gran Duque Médici

​En la triste galería de gobernantes incompetentes, no hay duda de que Juan Gastón ocuparía uno de los lugares más destacados

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Federico Mata HerreraAbogado y Genealogista. 

Pocas familias en Europa llegaron a reunir tanto el poder económico como el político como los florentinos Médici, asociados a los episodios más gloriosos del Renacimiento. En 2014 un estudio hecho por la revista Forbes estimó que en su momento de mayor esplendor su riqueza total equivalía a 129 millardos de dólares de la actualidad, siendo más poderosos económicamente que la monarquía inglesa, considerados la familia real más rica de la época. Y a diferencia de las otras dos grandes dinastías banqueras europeas que han sido más ricas aún, los Fugger y los Rothschild, los Médici ostentaron también el poder político, en el siglo XV se convirtieron en gobernantes de la próspera ciudad de Florencia creciendo hasta constituir un estado soberano denominado Gran Ducado de Toscana, lo que les permitió emparentar con las principales casas gobernantes de la época, destacando Catalina esposa de Enrique II de Francia y María mujer de Enrique IV de Francia, el primer rey de la rama Borbón de la casa real francesa. A lo anterior se le debe sumar su preponderancia en el Vaticano entre los siglos XV y XVII, en donde la familia tuvo tres papas y diecinueve cardenales.

Según el prestigioso genealogista alemán Imhoff, el primer miembro conocido de los Médici fue Medico de Potro, quien vivió en el centro de Italia a finales del siglo XI, cuya descendencia inmediata perteneció a la burguesía terrateniente de Florencia y lograron cierta fortuna comerciando lana. El noveno nieto de Medico de nombre Juan, fundó el Banco Medici en 1397, el primer banco moderno, cuya estrecha relación con el papado les facilitó extenderse a toda Europa. La riqueza acumulada por la familia le permitió a su hijo Cosme “el viejo” convertirse en el gobernante de Florencia en 1429 y a pesar de la agitación de la época transmitirle este mandato a sus descendientes hasta que a su tercer nieto también de nombre Cosme, el Papa Pío V le concedió el título de Gran Duque de Toscana en 1569. Sin embargo, el nuevo estado no perduró mucho en manos de la familia pues se extinguió a la sexta generación con la muerte sin descendencia del Gran Duque Juan Gastón en 1737.

En la triste galería de gobernantes incompetentes, no hay duda de que Juan Gastón ocuparía uno de los lugares más destacados. Al momento de su nacimiento no se estimaba que llegase a gobernar pues era el menor de tres hermanos. Cuando contaba con apenas tres años de edad su madre Margarita Luisa de Borbón-Orléans abandonó el hogar harta de las peleas con su suegra Victoria della Rovere y de la indiferencia de su marido Cosme III, con quien propiamente nunca tuvo vida conyugal. Así que de niño Juan Gastón no estuvo rodeado de muchos afectos y para peores su familia le concertó un matrimonio de conveniencia con la princesa Ana María de Sajonia-Lauenburg, conocida por su gran obesidad, gustos vulgares y pésimo carácter. Apenas pudo Juan Gastón salió huyendo de su consorte cuando no tenían ni un año de casados y se dedicó a una vida de juergas junto a su amante Giuliano Dami, lo cual explica por qué no hubo más herederos.

Juan Gastón recibiendo en su cama al marqués Cossimo Riccardi, Giulia Spada y otros
Pintor desconocido, 1736

​A semejanza de sus parientes Juan Gastón recibió una educación esmerada, con una gran formación humanista que le deparó un interés por las ciencias, la colección de antigüedades y un notorio patrocinio hacia las artes. En 1713 se convirtió en heredero al morir su hermano mayor y a los 53 años de edad asumió el gobierno del Gran Ducado. Sus parientes inmediatos tampoco fueron muy dignos, su padre Cosme III era un fanático religioso que llegó al extremo de querer regular la vida sexual de sus súbditos y su hermano Fernando era un gran libertino, cuya promiscuidad lo hacía convivir tanto con hombres como mujeres de cualquier condición, lo que le valió contraer una sífilis que primero lo dejó loco y luego le causó la muerte. Al ser tan evidente la incapacidad de Juan Gastón para dejar descendencia, en un intento desesperado Cosme III le pidió a su hermano Francisco que abandonara su hábito cardenalicio, éste cuando recibió la dispensa papal tenía 49 años, pero su vida de excesos que le había legado varias enfermedades venéreas le impidió procrear.

A pesar de que al parecer Juan Gastón de manera sincera quería mejorar las condiciones de vida de sus gobernados y esto le valió el afecto de sus súbditos, durante su reinado pasó prácticamente recluido dedicándose a toda clase de prácticas pervertidas. Se le conocía su predilección por los jovencitos, a quienes sus contemporáneos comenzaron a denominar ruspanti en alusión al ruspi, la moneda de bajo valor con la que les pagaba por sus servicios. En algún momento se calcula que tenía 370 mozos a su servicio, que debían acudir al dormitorio del Gran Duque cuando él los requiriese.

​En 1730 Juan Gastón se torció un tobillo y lo médicos le pidieron que hiciera reposo, se lo tomó tan en serio que prácticamente no volvió a levantarse de su cama en los restantes siete años de su vida. El soberano voluntariamente recluido en el fastuoso palacio Pitti dejó de afeitarse, cortarse las uñas y bañarse, siendo su única actividad el divertirse con sus ruspanti, quienes eran entrenados para insultar y robar al Gran Duque algo que el singular personaje apreciaba sobremanera. Almorzaba a las cinco de la tarde, cenaba a las dos de la madrugada y ni siquiera abandonaba el lecho cuando vomitaba o hacía sus necesidades, a pesar de ello tenía prohibido que le limpiaran la cama. Para disimular el desagradable olor que había en el dormitorio, los sirvientes infructuosamente colocaban rosas recién cortadas por toda la habitación.

​Ante los fundados rumores de que Juan Gastón había perdido el juicio, para aplacarlos el Gran Duque decidió compartir con sus súbditos durante la festividad de San Juan Bautista, el patrono de Florencia. Para vencer su terror ante la aparición en público Juan Gastón bebió de más y pasó todo el tiempo asomándose a la ventana de la carroza que lo conducía para poder vomitar, utilizando su peluca para limpiarse. Al final del evento cayó inconsciente de la borrachera. A pesar de ello se dice que fue aclamado por el pueblo.

​A la muerte de Juan Gastón en 1737 se extinguió la línea principal de los Médici y las potencias europeas prestamente acordaron repartirse el rico estado, adjudicándole el título de Gran Duque a Francisco de Lorena, el esposo de la emperatriz María Teresa de Habsburgo, una rama de cuyos descendientes gobernó el estado hasta que se extinguió en 1860 con la unificación italiana. El actual pretendiente al título de Gran Duque de Toscana es el archiduque Segismundo de Habsburgo, de 52 años de edad, informático de profesión. Aunque en la actualidad existen dos ramas supervivientes de la familia, los Médici Tornaquinci marqueses de la Castellina y los Médici Ottaviano, éstos no pueden pretender suceder al Gran Ducado, pues su separación genealógica se dio en el siglo XIV cuando aún no se había creado el título.


Federico Mata Herrera
El autor es miembro de la Academia Costarricense de Ciencias Genealógicas

 

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