El valor de la palabra

Los ancianos de la Amazonia (Versión simplificada para el Grupo de Espino Blanco)

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Guillermo Barquero Chacón, Politólogo.

Colombia pasaba sus momentos difíciles y la paz no se veía en el horizonte por ningún lado. Las FARC y el ELN se mantenían fuertes en la montaña de esa inmensa geografía. El ejército y los grupos paramilitares tampoco daban tregua y en ese lapso de décadas, morían muchos inocentes y miles se desplazaban a lugares más seguros. Hubo numerosos procesos y conferencias, nacionales e internacionales. En una de esas recibí invitación de la UNESCO para asistir a una conferencia convocada por el Presidente Andrés Pastrana a realizarse en Santa Fe de Bogotá. No es mi intención ahora entrar en razones de por que solía recibir este tipo de invitaciones, porque en realidad eran muy diversas. Aclaro además que había estado varias veces en Colombia y nunca me sentí realmente inseguro. Lo cierto es que llegué y con importante seguridad fuimos alojados en un hotel donde el ejército colombiano tenía fuerte presencia.

Al día siguiente asistí a Nariño, Casa Presidencial y sitio de la cita internacional. Escuché varias disertaciones incluida la del Comisionado de Paz que trabajaba, si mi memoria no me falla como puente entre el Gobierno y la guerrilla. Llamó mi atención que entre aquella multitud de participantes había varios indígenas con sus vestimentas y plumaje sobre sus cabezas. Sé que ellos habían estado en algún taller del evento, pero mi impresión era que su extravagante presencia no hacía atractiva su participación ante aquel puñado de tecnócratas y burócratas a quienes mi experiencia decía que entusiasmaba mucho la pompa y el roce con las autoridades, mucho más que el noble objetivo del evento.

Mi intuición me decía que debía conversar con ellos sobre el tema y por eso busqué al líder de la Fundación que les había traído. Fue fácil porque en la carpeta estaba no sólo el programa sino la lista de invitados. Hablé con Camilo y le manifesté mi interés por hablar con los cuatro ancianos, a lo que él me respondió que no dependía de él pero conversaría con ellos para plantearles mi solicitud. Camilo me llamó a la habitación y me dijo literalmente “Dicen ellos que sí Usted quiere conversar con ellos, entonces que ellos quieren conversar con Usted”.

La verdad es que su respuesta me impresionó. Camilo pasó por mi a eso de las siete de la noche y sin saber adonde iba, abordé su automóvil con rumbo desconocido por las frías y oscuras calles de la ciudad. En el protocolo estaba, reportar o no alejarse del hotel. Ignoré ambas cosas, admitiendo que eso es muy de mi estilo personal.

Llegamos luego casi de cincuenta minutos a una pequeña y oscura entrada de una especie de viejo garaje, escasamente iluminado. Sentado allí en círculo los cuatro con unos tres miembros de la Fundación esperaban en silencio.

Camilo me hizo varias indicaciones muy concretas:

1) Que al sentarme debía probar con la yema de mi dedo índice una especie de poción que estaría a mi derecha. Debía llevarme el dedo y tocar con la lengua la poción o crema que se encontraba en un pequeño recipiente.

2) Que debía estar seguro de lo que deseaba plantear y hacerlo de forma muy respetuosa porque la ocasión era muy importante para ellos.

3) Que no me preocupara por el tiempo y me asegurara de que todas mis inquietudes habían sido abordadas.

Al llevarme el dedo a la lengua luego de haber tocado aquella pasta amarilla del pequeño recipiente un par de veces, me percaté que mis sentidos todos estaban en una especie de excepcional alerta y una agradable sensación de paz interior. Al momento me encontraba haciendo la primera de varias preguntas que toparon con respuestas únicas y ciertamente distintas. Por qué es tan difícil alcanzar la paz. Uno de ellos, luego de una breve pausa respondió, que la paz viene en la palabra y esta a su vez de la madre tierra en los alimentos que ella nos da. Es nuestra Madre Tierra (La pacha mama) la que nos trae la palabra, la cual debe por norma, pasar por el corazón antes de tocar la lengua.

Lo que sucede hoy en día es que la palabra va directo a la lengua sin pasar por el corazón y esa simple razón es la que hace imposible que haya paz, porque las personas no sienten lo que dicen ni en realidad les importa. Mientras esta actitud prevalezca no habrá nunca paz ni aquí ni allá. Cómo se puede perdonar fue mi otra pregunta sí ellos mismos a través de los siglos habían sufrido flagelos y desprecio en manos de otras culturas. Otro de ellos manifestó entonces, que es imperativo perdonar porque entonces tampoco habrá paz en el corazón sino resentimiento. Es algo que ellos ya tienen superado, para de esta forma romper el círculo vicioso que provoca el odio y el resentimiento.

Cuál es su concepto de Dios a cual Dios o religión responden?. Es una pregunta que no es importante para nosotros dijo el tercero, porque cada quien tiene su religión o su idea de Dios. Ese no es un tema que ocupe nuestras preocupaciones. A lo largo de los siglos unos tratan de imponer a otros su idea de Dios o sus creencias y para cada grupo esa idea de Dios es posiblemente tan diferente como la parte de la caracola que se toca cuando no tienes vista, así cada quien juzga lo que siente o percibe. Sin embargo lo importante es nuestra Madre y esa es sólo
una: La Madre Tierra y a ella sí nos debemos y debemos cuidar de ella, precisamente por ser nuestra madre. Cuál es su mayor temor o miedo?. No estar en capacidad replicó el último, de transmitir a nuestros hijos; a los que vienen, nuestros valores y creencias y les estamos perdiendo, porque prefieren las cosas materiales de la sociedad, algunos incluso se alejan de nuestra propia lengua.

Si ellos se marchan quedaremos solos. Pueden explicarme en que consiste la maloca, concepto que recientemente escuche sobre ustedes? Si, dijo el primero, consiste en la forma en que resolvemos nuestras cosas en la comunidad, igual que lo hacemos aquí cuando hablamos con usted.

Es un lugar en la aldea donde nos sentamos en círculo, recordando los astros, y hablamos de las cosas que nos preocupan, es nuestra forma también de comunicarnos con los espíritus de nuestros antepasados para que nos guíen en las dificultades. No hay mujeres en ese ritual? En realidad las mujeres, dijo el segundo, no necesitan del mambeo, es decir de compartir la palabra, los hombres si necesitan hablar y discutir mucho.

Así la conversación se extendió por mucho tiempo más. Al final me pidieron ponerme de pie y cerrar los ojos. Uno de ellos tomó mi rostro entre sus manos y tuve la sensación de que tenía mi cabeza cubierta con papel de celofán porque ese era el ruido que escuchaba al pasar sus manos, también lo hizo sobre mi nuca y espalda. El silencio era absoluto. Al abrir los ojos sentí un alivio, como podría decir que nunca había experimentado. Cada uno me agradeció y me pidieron que saludara a sus hermanos en Costa Rica. Estaban felices y llenos de regocijo e igual yo. Mi sensación de bienestar era indescriptible.

Aprendí que la palabra es una sola y que cada quien la transmite y que esta gira en círculo, pasando de corazón en corazón, y de boca en boca, que nunca reposa pero siempre debe ser clara y honesta, que debe ser usada para construir y no para destruir. Me pidieron recordar la importancia de proteger a la Madre Tierra, de amar la naturaleza.

Cuando regresé con Camilo al hotel, este igualmente me agradeció y me dijo que la ceremonia había cumplido su cometido a cabalidad. Desde entonces por alguna razón ya no me he sentiría el mismo.

 

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